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Por una Eco-Obstetricia.

ecologia-prenatalHasta el presente, en nuestra sociedad, el parto ha suscitado dos preguntas: ¿cómo se lo puede controlar? Y ¿cómo se la puede ayudar a parir a la mujer?

La primera es fundamental para los médicos, es la que hizo que las mujeres se tendieran de espaldas; la que ha concentrado los nacimientos en hospitales inmensos y que ha convertido el equipo electrónico de control fetal en un símbolo de la obstetricia moderna. Y también la que impide que los médicos se den cuenta de que cuando se observa o se controla un acontecimiento de la vida sexual, en realidad, se lo está inhibiendo.

La otra pregunta conduce a enseñar a las mujeres a dar a luz. Franz Lamaze dijo que la mujer debe aprender a dar a luz de la misma manera en que aprende a leer, a escribir o a nadar. En Estados Unidos, Robert Bradley consideraba que se puede enseñar, al parido y a la mujer, el rol que deben ejercer durante el parto; también creía que quizás el marido podía desempeñar el papel de entrenador. El problema de este enfoque es que la comprensión del nacimiento como un proceso involuntario se vuelve remota en la sociedad moderna. Sencillamente, no se puede ayudar a un proceso involuntario; al contrario, sólo se lo puede perturbar.

¿Pero qué puede perturbar el proceso involuntario del nacimiento? Esta respuesta se encuentra en la observación de mamíferos no humanos, para quienes dar a luz es una experiencia solitaria.

En experimentos realizados con manas titís, sometidas a parir a la vista de otros y con luz encendida, se pudo establecer el momento exacto a partir del cual las hembras mostraban ansiedad, como así también que la curiosidad del grupo y su intensa necesidad de actuar perturbaban el nacimiento y el primer contacto entre la madre y el recién nacido. Para otras hembras gestantes, en el momento del parto, lo principal no es evitar a los predadores, sino protegerse de los miembros de su propia especia. Cuando el parto es inminente, se aíslan, por ejemplo: la oveja preñada, que vive en rebaño, se aleja de éste; la rata, que tiene costumbres nocturnas, da a luz durante el día, y la yegua que, sale a pastar de día, da luz por la noche.

Cuando se analizan los efectos de un baño caliente como protección contra una excesiva estimulación sensorial y contra todo lo que pueda desencadenar una respuesta de «combate o huida» por parte de la madre, surge una cuestión fundamental que debemos plantearnos y que en la Facultad de Medicina nos enseñaron a evitar: ¿qué es lo que puede perturbar el proceso involuntario del nacimiento?

Tenemos formas sutiles y poderosas para destruir la sensación de intimidad y con ellas perturbar el proceso, pero que no necesariamente son patrimonio exclusivo de los partos en un hospital: establecer contacto visual con la parturienta (como pidiéndole «quédate conmigo» justo cuando parece a punto de «irse a otro planeta») o realizarle un examen en un momento inadecuado o introducir una cámara en la habitación donde se encuentra son sólo algunos ejemplos de estas formas.

La observación de la conducta de otros mamíferos y de los efectos positivos de la intimidad durante el parto sugiere que la inmersión en una piscina y la eliminación de estímulos propios del contexto hospitalario pueden proporcionar el aislamiento que la madre necesita. Por lo tanto, una ducha en un baño pequeño y reservado puede resultar, a veces, más eficaz que un baño en una sala grande y llena de gente.

En nuestra sociedad, las embarazadas y las madres lactantes, que necesitan un gran apoyo social, son aisladas; en cambio, las parturientas, que necesitan intimidad, son observadas por varias personas y, en ocasiones, por alguna máquina. Curiosamente, en las culturas donde la madre en ciernes puede aislarse para dar a luz, el parto suele ser más rápido y fácil.

Esta nueva obstetricia está inscripta en una nueva cultura, una contracultura a la que algunos les gusta llamar «sociedad post-histórica» y a otros «sociedad ecológica». Esta nueva obstetricia está inscripta en una sociedad donde el ser humano y los grupos humanos, en la medida que siguen su evolución, su progresión, su historia, pueden guardar un contacto con sus raíces, desde las más profundas y comunes a toda forma de vida, hasta las más superficiales, que pertenecen a la historia individual. Esta nueva obstetricia puede ser evocada, abordada, incluso podemos penetrar en ella y explorarla, pero no podemos analizarla ni estudiarla metódicamente porque excluye todo lo que se asemeje a un método.

Esta obstetricia puede ser entendida a partir de algunas experiencias concretas en las «maternidades de convivencia» que, en algunos puntos del mundo occidental ya comienzan a diferenciarse del resto.

Por un lado, las maternidades clásicas están cada vez más dominadas por las órdenes del Estado Mayor Médico, que impone determinadas actitudes ante cada situación que se presenta. En cambio, las maternidades de convivencia están regidas, esencialmente, por ideas que se elaboran, paciente o casi implícitamente, en el seno de los grupos y que son factores o testimonios de su homogeneidad.

¿Cómo ayudar a quienes no tienen la oportunidad de vivir aquí pero desean conocer y comprender las direcciones de las maternidades de convivencia? Entremos en donde trabajamos hace muchos años, para poder responderles.

Constatamos que el parto y la lactancia son situaciones que pertenecen a la vida emocional, afectiva y sexual de las personas, lo que demuestra cuán importantes son el ambiente humano, material y mobiliario durante el parto. Se debe comprender que una atmósfera facilitadora de ello constituye el factor de seguridad principal durante el parto y que, dentro de muy poco, la invasión de la máquina, la institución y de la medicina resultará más nefasta que útil.

En establecimientos importantes y fuertemente institucionalizados, la evolución inexorable hacia horarios de trabajo repartidos en franjas de breve duración contribuye profundamente a alterar la calidad del ambiente humano. La transmisión de información lleva rápidamente a la invasión de los roles profesionales, factor esencial de deshumanización de los hospitales que elimina la relación afectiva. La expresión «estar de guardia» es, en sí misma, una salida del estado de serenidad.

(…) Es por eso que escogemos guiar la exploración de nuestra maternidad a partir de detalles materiales que aparecen en una primera visita general, como la existencia de una sala de partos diferente a la habitual, con una pequeña piscina. La maternidad actual no coincide con la de nuestros sueños. Es el resultado de una simple adaptación de los lugares representativos de la arquitectura dominante. La maternidad de nuestros sueños no estaría situada en el primer piso de un edificio de hormigón armado ni integrada en un hospital general sino ligada a él por medio de un túnel o yuxtapuesta; tendría un solo piso; sería redonda y la mayoría de los ángulos serían eliminados. Los colores serían variados, raramente neutros, repetidamente anaranjados. Largos pasillos incitarían el paseo. Sería también el centro de una red de vigilancia de nacimientos en casa y su arquitectura tomaría en cuenta este hecho.

¿Cómo hacer para que el servicio de obstetricia y la maternidad no sean visitados solamente para los controles médicos que ligan el embarazo con la enfermedad?, sobre todo teniendo en cuenta que son lugares donde habitualmente van los enfermos. Podrían introducirse actividades no habituales que opongan el embarazo a la idea de enfermedad, por ejemplo, reuniones alrededor de un piano para cantar. Cuanto más sea vivido el embarazo como una enfermedad, será tanto más una causa de ella.

(…) Las vibraciones recibidas por el bebé en el útero son bien diferentes según se trata de la voz hablada o cantada. Es evidente que la voz cantada sobrepasa largamente las franjas de frecuencia de la voz hablada. Sin embargo constatamos que en nuestra cultura las embarazadas cantan poco, en cambio escuchan televisión, radio y discos.

(…) En los grupos cantantes, aprendimos hasta qué punto cantar y, sobre todo cantar en coro, era un gran placer, un modo de escuchar el cuerpo, la relación entre la voz y las emociones. Expresar las emociones y escuchar el cuerpo son una sola cosa. Es justamente a través del cerebro instintivo, del cerebro emocional, que tomamos conocimiento del estado de nuestro cuerpo. He aquí el profundo significado del fenómeno Leboyer que implicó, antes que nada, una rehabilitación del cerebro emocional en un mundo de tecnofrenias, es decir, un mundo que valoriza el cerebro lógico y racional.

(…) La asociación del canto a todas las formas posibles de impresión sensorial es una manera de permitir que surjan emociones. Las letras de las canciones evocan colores y Aucher mostró la relación entre estos y los sonidos. Lo que en los tiempos de Rimbaud podía parecer una fantasía poética es tomado por la ciencia moderna, quien le atribuye al sistema nervioso la tarea de decodificar la información en un código nervioso que se transmite, para transformar la energía recibida en energía eléctrica y para transformarla en energía química durante la sinapsis. También es posible introducir evocaciones olfativas y gustativas durante los ejercicios de vocalización.

Como ya lo habían hecho los adeptos a las bioterapias, Marie-Louise descubrió el significado de las tensiones musculares en el sistema respiratorio, y reconoció que si se pudiera encontrar equilibro en la voz, también se podría alivianar las tensiones musculares de los maxilares y de los músculos púbicos (por la frecuente correlación entre las tensiones de los músculos faciales y del perineo). Aucher también sabía que los ritmos están profundamente enraizados en la biología. Para toda música llamada «interior», el ritmo cardíaco es una referencia básica. El jazz y todos los ritmos sincopados son, para ella, un retorno a la vida instintiva inconsciente, al ritmo materno de base, a la época en que el corazón de la madre y el del hijo cabalgaban de la misma forma. Fue cantando con embarazadas que constatamos todas estas cuestiones. Sin duda no es por nada que el hombre tecnológico, el hombre de la civilización del automóvil, sólo conoce la regresión tranquilizadora del rock hard.

(…) De una reflexión sobre las funciones del oído, que percibe los sonidos, pasamos a otra sobre el estímulo del oído interno, que es sensible al movimiento y nos informa sobre la posición de nuestro cuerpo. ¿El hecho de balancear a un recién nacido o a un niño, no es la respuesta más simple a la necesidad de estímulo del oído interno, del «sistema de entrada»?

En una maternidad donde se discute sobre las canciones, que se interroga sobre la importancia de las percepciones, las posturas y los movimientos, era previsible que las camas de los recién nacidos hubieran sido cambiadas por verdaderas cunas. Un padre que trabaja la madera concibió el tipo de cuna con el que soñábamos.

Naturalmente, las implicancias de los grupos cantantes fueron innumerables. El canto y el piano simbolizan, ante todo, otra manera de vivir y contribuyen al establecimiento de otras relaciones humanas. Cuando los usuarios y los profesionales cantan juntos desaparecen las divisiones. En esta sala de encuentros, se eclipsó la palabra preparación. Las embarazas se encontraban con parejas que habían tenido sus bebés unas horas antes, estableciéndose un equilibrio entre las palabras de amor, alegría, placer y esperanza de los padres reciente con las de angustia y miedo de las embarazadas. Nos encontrábamos en este lugar de nacimiento para descubrir juntos otras maneras de vivir. En este lugar y en circunstancias eminentemente propicias, es posible satisfacer la necesidad de crear comunidades o al menos de comunicar, necesidad tan olvidada en los centros urbanos de la sociedad tecnológica.

Las consecuencias desastrosas de la generalización del parto en ambientes hospitalarios son tales que evidenciamos los efectos negativos tanto sobre la dinámica del parto, como en la existencia de múltiples sustitutos de la madre en las horas que siguen al nacimiento, y en el medio ambiente, donde abundan microbios alergenos tan distintos de la vida habitual. No queda duda alguna de que la existencia de una sala de encuentros es un elemento positivo suficiente para contrarrestar algunos de estos efectos negativos. Si un día abandonáramos el medio hospitalario para participar en una red de vigilancia de partos en casa, será preciso reinventar este tipo de salas de encuentro.


Ecología Prenatal
Por Michel Odent

Fuente: http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=9&idnota=6645

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