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Desmantelando la teoría del virus.

Autor: Dr. Stefan Lanka

Revista WISSENSCHAFFTPLUS – Das Magazin 6/2015

¿Por qué debemos dudar de la existencia de los virus? ¿Qué son los virus y qué no son? ¿Cómo se demuestra científicamente la existencia de los virus?

Resumen

Los científicos deben cuestionar todo y especialmente lo que más les gusta, es decir, sus propios descubrimientos e ideas. Esta regla básica de la investigación científica ayuda a evitar desarrollos erróneos y revela los que ya existen. Además, todos debemos poder cuestionar el status quo, de lo contrario viviríamos en una dictadura. Además, la ciencia no puede limitarse a un número selecto de instituciones y expertos. La ciencia puede y debe ser dirigida por cualquiera que tenga los conocimientos necesarios y los métodos apropiados. La ciencia puede ser considerada como tal sólo si sus afirmaciones son verificables, reproducibles y si permiten hacer predicciones. La ciencia también necesita control externo, porque, como veremos, una parte de las ciencias médicas ha perdido el contacto con la realidad durante bastante tiempo. Cualquiera que tenga conocimientos de biología y de la génesis de la vida, del desarrollo y de las funciones de los tejidos, del cuerpo y del cerebro, cuestionará automáticamente las suposiciones sobre los virus. En la realidad del cuerpo y de sus mecanismos no hay lugar para hipotéticos procesos malignos. Todos los procesos biológicos, incluidos los que pueden terminar en sufrimiento, dolor y muerte, están originalmente destinados a ser útiles. Es posible y necesario adoptar un enfoque diferente del fenómeno de los virus: cualquier lego en la materia que tenga algún conocimiento previo y lea documentos científicos sobre virus patógenos puede darse cuenta de que esos virus no existen y que lo que se está describiendo son sólo componentes y características típicas de las células. Se proporcionará este conocimiento a continuación.

Los orígenes de la idea

La noción actual del virus se basa en las antiguas ideas de que todas las enfermedades eran causadas por venenos (“toxinas”) y que las personas recuperarían su salud produciendo “antitoxinas” como “antídoto”. De hecho, algunas enfermedades son causadas por venenos. La idea posterior, de que el cuerpo puede restablecer su salud produciendo o recibiendo “antídotos”, nació cuando se observó que las personas sobrevivían a mayores cantidades de veneno (como el alcohol) cuando su cuerpo se entrenaba consumiendo cantidades cada vez mayores de ese veneno. Sin embargo, en realidad no hay antídotos, sino que el cuerpo produce enzimas que neutralizan y eliminan los venenos (alcohol).

En 1858, Rudof Virchow, el fundador de la medicina moderna, plagió los hallazgos de otros científicos, suprimió sus descubrimientos esenciales y así nació una visión falsa sobre la causa de las enfermedades que se impuso como dogma, que de hecho sigue vigente hasta la fecha. Según este dogma, todas las enfermedades supuestamente se originan en el interior de las células.(1) La patología celular de Virchow reintrodujo en la medicina la antigua la refutada doctrina humoral y afirmó que las enfermedades se desarrollan a partir de venenos patógenos (en latín: virus).

La búsqueda de estos venenos patógenos sigue siendo hasta la fecha infructuosa, sin embargo, cuando se descubrieron las bacterias, se asumió que estaban produciendo venenos patógenos. Esta suposición, llamada “la teoría de los gérmenes”, fue aceptada inmediatamente y sigue siendo muy exitosa hasta el presente. Esta teoría tiene tanto éxito que la mayoría de la gente todavía no es consciente del hecho de que las llamadas toxinas bacterianas son en realidad enzimas normales, que o bien no pueden aparecer en un ser humano, o, si lo hacen, nunca aparecen en tal cantidad como para hacerlas peligrosas.

Entonces se descubrió que, cuando empiezan a morir lentamente, las bacterias crean diminutas formas de supervivencia, aparentemente sin vida, las llamadas esporas. Se sospechó entonces que estas esporas eran tóxicas y que eran los llamados venenos patógenos. Pero entonces fue refutado, ya que las esporas se desarrollan rápidamente en bacterias cuando sus recursos vitales están siendo restaurados. Cuando los científicos del laboratorio observaron que las bacterias débiles y altamente endogámicas perecían muy rápidamente al convertirse en estructuras mucho más pequeñas que las esporas, se creyó en un principio que las bacterias estaban siendo eliminadas por los supuestos venenos patógenos, llamados virus, y que por lo tanto los virus se estaban replicando.

Debido a la creencia de que estas estructuras -en el momento de su descubrimiento aún invisibles- estaban matando a las bacterias, fueron llamadas fagos/bacteriófagos, “comedores de bacterias”. Sólo más tarde se determinó que sólo las bacterias altamente endogámicas y, por lo tanto, casi inviables, pueden convertirse en fagos, o en bacterias que se destruyen tan rápidamente que no tienen tiempo de formar esporas.

La introducción de la microscopía electrónica permitió descubrir estas estructuras resultantes de la transformación de las bacterias cuando morían repentinamente o cuando el metabolismo de las altamente endogámicas se veía abrumado por procesos desencadenados por la adición de los denominados “fagos”. También se descubrió que hay cientos de tipos de “fagos” de diferente aspecto. El descubrimiento de los fagos, los llamados “virus” bacterianos, reforzó la suposición errónea y la creencia de que había virus humanos y animales que tenían el mismo aspecto y la misma estructura. Esto no es y no puede ser el caso, por razones diferentes.

Después de la introducción de técnicas de examen químico en la biología, se descubrió que hay miles de tipos de fagos y que los fagos de un tipo siempre tienen la misma estructura. Consisten en una molécula particular, hecha de ácido nucleico, que está cubierta por una capa de proteínas de un número y composición determinados. Sólo más tarde se descubrió que sólo las bacterias que habían sido altamente endogámicas en el tubo de ensayo podían convertirse en fagos por sí mismas, por contacto con los fagos, pero esto nunca se aplicó a las bacterias naturales o a las bacterias que acababan de ser aisladas de su entorno natural. En este proceso, se descubrió que estos “virus bacterianos” en realidad sirven para proporcionar a otras bacterias moléculas y proteínas importantes, y que las propias bacterias emergen de tales estructuras.

Antes de que se pudiera establecer que los “virus bacterianos” no pueden matar a las bacterias naturales, sino que las ayudan a vivir y que las propias bacterias emergen de tales estructuras, estos “fagos” ya se utilizaban como modelos para los supuestos virus humanos y animales. Se suponía que los virus humanos y animales se parecían a los “fagos”, que supuestamente estaban matando células y por lo tanto causando enfermedades, mientras que al mismo tiempo producían nuevos venenos de enfermedades y de esta manera las transmitían. Hasta la fecha, muchas enfermedades nuevas o aparentemente nuevas se atribuyen a los virus si su origen es desconocido o no se reconoce. Esta visión encontró una aparente confirmación en el descubrimiento de los “virus bacterianos”.

Es importante señalar que las teorías de la lucha e infección fueron aceptadas y muy elogiadas por la mayoría de los especialistas sólo cuando los países o regiones en que vivían también sufrían guerras y adversidades. En tiempos de paz, otros conceptos dominaban el mundo de la ciencia.(2) Es muy importante advertir que la teoría de la infección -empezando por Alemania- se globalizó a través del tercer Reich, cuando los investigadores judíos, la mayoría de los cuales se habían opuesto y refutaban las teorías de la infección explotadas políticamente, fueron retirados de sus posiciones.(3)

Sobre la detección de fagos

La existencia de los fagos se puede probar rápidamente. Primer paso: su presencia se confirma a través de un efecto, a saber, la transformación de las bacterias en fagos, y también a través de una micrografía electrónica de esos fagos. Los experimentos de control muestran que los fagos no aparecen si las bacterias no cambian o si las bacterias comienzan a descomponerse de forma aleatoria debido a una aniquilación extrínseca repentina, sin formar fagos. Segundo paso: el líquido que contiene los fagos se concentra y se aplica sobre otro líquido, que tiene una alta concentración en el fondo del tubo de ensayo y una baja concentración en la parte superior del mismo. El tubo de ensayo con los fagos es entonces centrifugado y todas las partículas se reúnen según su masa y peso en el lugar de su propia densidad. La densidad es la relación entre el peso (masa) y la unidad de volumen, expresada en Kg/l o g/mg, respectivamente. Por eso este paso de concentración y purificación para partículas de la misma densidad se llama centrifugación de gradiente de densidad.

La capa donde se reúnen muchas partículas de la misma densidad se ve “nubosa”, lo que se denomina “banda”. Todo el proceso se documenta; luego las partículas concentradas, purificadas y sedimentadas en una “banda” son extraidas con una aguja de jeringa. La cantidad de partículas concentradas que se extraen se llama un aislado. Una rápida y sencilla micrografía electrónica confirmará la presencia de fagos en el aislado, lo que al mismo tiempo es una indicación de la pureza del aislado, si la micrografía no muestra más partículas que los fagos. El aspecto y el diámetro de los fagos también se establecerá con la ayuda de esta micrografía. El experimento de control realizado para este paso consiste en tratar y centrifugar el líquido de las bacterias que no formaron fagos, y donde no aparecerán fagos al final del procedimiento. Tras el paso de aislar con éxito los fagos, sigue la decisiva caracterización bioquímica de estos. La caracterización bioquímica de su composición es esencial para identificar el tipo específico de fago, ya que diferentes tipos de fago suelen tener una apariencia similar. El aislado obtenido mediante la centrifugación de gradiente de densidad se divide ahora en dos partes. Una parte se utiliza para determinar el tamaño, el tipo y la composición del ácido nucleico; en un procedimiento separado, la otra parte se utiliza para determinar la cantidad, el tamaño y la morfología de las proteínas de los fagos. Desde los años 70, estos exámenes han sido simples técnicas estándar aprendidas por los estudiantes de biología en sus primeros semestres.

La centrifugación en gradiente de densidad es la técnica estándar requerida científicamente para La demostración de la existencia de un virus. A pesar de que este método se describe en todos los manuales de microbiología como la "técnica de aislamiento de virus" nunca se aplica en experimentos destinados a demostrar la existencia de virus patógenos.

La centrifugación en gradiente de densidad es la técnica estándar requerida científicamente para La demostración de la existencia de un virus. A pesar de que este método se describe en todos los manuales de microbiología como la “técnica de aislamiento de virus” nunca se aplica en experimentos destinados a demostrar la existencia de virus patógenos. 1.El Tubo se centrífuga con un fluido de gradiente en capas con una suspensión de virus y partículas celulares. 2.El Tubo se centrífuga mostrando las “Bandas” de virus y partículas celulares. 3.Al extraer los virus de la banda correspondiente con una pipeta, estos quedan así aislados y purificados.

Estas pruebas representan la caracterización bioquímica de los fagos. En casi todos los casos, los resultados se han publicado en una sola publicación, ya que un fago tiene una estructura muy simple que es muy fácil de analizar. Los experimentos de control para estas pruebas utilizan líquido de bacterias que no forman fagos y por lo tanto no pueden presentar ninguna prueba bioquímica. La existencia de aproximadamente dos mil tipos diferentes de fagos fue demostrada científicamente de esta manera.

Sobre la supuesta prueba de los virus patógenos

Los “bacteriófagos” correctamente definidos como miniesporas incompletas y bloques de construcción de las bacterias, han sido aislados científicamente, mientras que los supuestos virus patógenos nunca han sido observados en humanos o animales o en sus fluidos corporales y nunca han sido aislados y posteriormente analizados bioquímicamente. Hasta la fecha, ninguno de los investigadores involucrados en este tipo de trabajo parece haberse dado cuenta de esto.

El uso del microscopio electrónico y de la bioquímica se fue normalizando muy lentamente después de 1945 y nadie se había dado cuenta de que nunca se había aislado un solo virus patógeno en humanos o animales; así pues, a partir de 1949 los investigadores empezaron a aplicar la misma idea utilizada para los fagos (bacterias), con el fin de replicar los “virus” humanos y animales. John Franklin Enders, nacido en 1897 en la familia de un rico financiero, participó en varias fraternidades después de haber terminado sus estudios, luego trabajó como agente inmobiliario y estudió idiomas durante cuatro años antes de dedicarse a la virología bacteriana, que le fascinaba.

Mas adelante transfirió las ideas y conceptos que aprendió en este área de investigación a los supuestos virus patógenos en los humanos. Con sus experimentos no científicos e interpretaciones que nunca había confirmado a través de controles negativos, Enders llevó toda la medicina infecciosa “viral” a un callejón sin salida. Es importante señalar en este punto que Enders, como muchos especialistas en enfermedades infecciosas, trabajaba para el ejército de los Estados Unidos, que siempre había sido y sigue siendo hasta la fecha, víctima del miedo al contagio. Fue principalmente el ejército de los Estados Unidos el que difundió su errónea creencia de que además de las armas químicas había también armas biológicas en forma de bacterias y virus. En 1949, Enders anunció que había logrado cultivar y replicar el supuesto virus de la poliomielitis in vitro en varios tejidos. Los expertos americanos le creyeron inmediatamente. Lo que Enders hizo fue añadir fluidos de pacientes con poliomielitis a los cultivos de tejidos que afirmaba haber esterilizado, luego alegó que las células estaban muriendo a causa del virus, que el virus se estaba replicando de esta manera y que se podía cosechar una vacuna del cultivo respectivo. En esa época, las epidemias de polio en verano (polio = parálisis flácida) eran muy frecuentes durante la estación y se creía que eran causadas por los virus de la polio.

Una vacuna debía ayudar a erradicar el supuesto virus. Después de la introducción de la vacuna contra la polio, se volvieron a diagnosticar los síntomas, entre otras cosas, como esclerosis múltiple, parálisis flácida aguda, meningitis aséptica, etc. y más tarde se afirmó que la polio había sido erradicada. Durante sus experimentos, Enders et al. esterilizaron los cultivos de tejidos para excluir la posibilidad de que las bacterias mataran las células. Lo que no tuvo en cuenta fue que la esterilización y el tratamiento del cultivo de células al prepararlo para la supuesta infección era exactamente lo que estaba matando las células. En cambio, interpretó los efectos citopáticos como la existencia y la acción de los virus de la poliomielitis, sin haber aislado nunca un solo virus y descrito su bioquímica. Nunca se realizaron los necesarios experimentos de control negativo, que habrían demostrado que la esterilización y el tratamiento de las células antes de la supuesta “infección” en el tubo de ensayo las estaba matando. Sin embargo, por esta “actuación” Enders recibió el premio Nobel en 1954.

1954 es también el año en que Enders aplicó e introdujo la misma técnica para, supuestamente, replicar el virus del sarampión. Como había recibido el premio Nobel por el supuesto virus de la polio ese mismo año, todos los investigadores creían que su técnica era científicamente válida. Así y hasta la fecha, todo el concepto del sarampión se ha basado en esta técnica. Por lo tanto, las vacunas contra el sarampión no contienen virus, sino partículas de tejido de riñón de mono muerto o células cancerosas humanas. Hasta la fecha, tampoco se han realizado experimentos de control negativo con respecto al llamado virus del sarampión, lo que habría demostrado que son los procedimientos de laboratorio los que producen los efectos citopáticos en las células. Además, todas las afirmaciones y experimentos hechos por Enders et al. y los posteriores investigadores llevan a la única conclusión objetiva de que en realidad estaban observando y analizando partículas celulares moribundas y la actividad de las mismas en el tubo de ensayo, interpretándolas erróneamente como partículas y características del supuesto virus del sarampión.

El virus del sarampión como ejemplo

(Lo que el autor describe a continuación se refiere al proceso judicial por el que se intentó demostrar la existencia del virus del sarampión. El reclamante, Dr.Bardens, presentó 6 artículos de los que se habla seguidamente. El tribunal alemán falló a favor de Lanka. El texto de la sentencia se encuentra disponible AQUI – N.del traductor-).

Las siguientes explicaciones se pueden aplicar a todos los llamados “virus patógenos” (humanos o animales). Los seis documentos proporcionados por el Dr. Bardens en el curso del “ensayo del sarampión” como prueba de su existencia describen de manera didácticamente ideal los diversos pasos de la cadena de interpretaciones erróneas hasta llegar a la creencia en la existencia del virus. El primer artículo fue publicado en 1954 por Enders et al.: “Propagación en cultivos de tejidos de agentes citopatógenos de pacientes con sarampión”(Proc Soc Exp Biol Med. 1954 Junio; 86 (2): 277-286). Esta publicación se puede encontrar en Internet, como todas las demás publicaciones presentadas en el ensayo sobre el sarampión.

En ese experimento, Enders et al. redujeron drásticamente la solución de nutrientes y añadieron antibióticos que destruyen las células al cultivo celular antes de introducir el supuesto fluido infectado. La subsiguiente muerte de las células fue malinterpretada como presencia y también como aislamiento del virus del sarampión. No se realizaron experimentos de control para excluir la posibilidad de que fuera la privación de nutrientes, así como los antibióticos, lo que provocó los efectos citopáticos. La ceguera de Enders y sus colegas puede explicarse por el hecho de que realmente quería ayudar a la gente, mientras que la histeria del virus se intensificaba después de la guerra y durante la guerra fría. También puede explicarse por el hecho de que Enders y muchos de sus colegas no tenían ni idea de medicina y estaban compitiendo con la Unión Soviética por el desarrollo de la primera vacuna contra el sarampión.

Esa presión por el éxito también puede explicar por qué Enders y sus colegas hicieron caso omiso de sus propias reservas y precauciones expresadas en 1954, cuando observaron que muchas células también morían después de ser tratadas normalmente (es decir, sin estar “infectadas”), lo que pensaban que había sido causado por virus y factores desconocidos. Todos estos hechos y advertencias fueron posteriormente ignorados.

El segundo trabajo presentado por el reclamante en los ensayos sobre el sarampión se publicó en 1959 (4) y, por las razones expuestas anteriormente, los autores llegaron a la conclusión de que la técnica introducida por Enders no era apropiada para el aislamiento de un virus. Esta refutación no sólo NO está siendo discutida por todos los demás investigadores, sino que está siendo ignorada. En el tercer artículo (5), los autores fotografiaron las típicas partículas celulares dentro de las células y las interpretaron erróneamente como el virus del sarampión. No aislaron ningún virus. Por razones inexplicables, no pudieron determinar y describir la estructura bioquímica de lo que presentaban como un virus en un experimento separado. En la breve descripción de los métodos utilizados se puede leer que los autores no aplicaron la técnica de aislamiento estándar para los virus, es decir, la centrifugación en gradiente de densidad. Simplemente centrifugaron fragmentos de células muertas en el fondo de un tubo de ensayo y luego, sin describir su estructura bioquímica, malinterpretaron los restos celulares como virus. Por la forma en que se realizaron los experimentos, sólo se puede concluir que las partículas celulares fueron mal interpretadas como virus. Encontramos la misma situación en la cuarta (6) y sexta (7) publicación presentada por el demandante como prueba de la existencia de un virus de sarampión.

La quinta publicación(8) es una reseña que describe el proceso de consenso sobre qué moléculas de ácido nucleico de las células muertas representarían el llamado genoma del virus del sarampión. El resultado es que docenas de equipos de investigadores trabajan con piezas cortas de moléculas específicas de la célula, después de lo cual -siguiendo un modelo dado- ponen todas las piezas juntas en el papel. Sin embargo, nunca se demostró científicamente que este rompecabezas de tantas piezas existiera en su totalidad y nunca se aisló de un virus, ya que nunca se ha visto un virus de sarampión, ni en humanos ni en un tubo de ensayo. Refiriéndose a esta publicación, el experto designado por el tribunal declaró que describía el patrón oro, es decir, todo el genoma del virus. Es evidente que el experto no leyó este documento, cuyos autores declararon que la composición molecular y las funciones exactas del genoma del virus del sarampión tendrán que ser objeto de nuevas investigaciones, por lo que tuvieron que recurrir a otros modelos de virus para llegar a un consenso sobre la estructura y las funciones del genoma del virus del sarampión.

Lo más fácil de notar para cualquier persona es que en todas estas publicaciones, así como en todas las demás publicaciones sobre el “virus del sarampión” y otros virus patógenos, nunca se realizaron experimentos de control. Ningún investigador utilizó la técnica de centrifugación de gradiente de densidad, sino que sólo centrifugaron los desechos celulares en el fondo de un tubo de ensayo. Esta técnica, utilizada para recoger todas las partículas de un fluido, se llama peletización. Desde una perspectiva lógica y científica, puede decirse que en todas las publicaciones sobre los llamados “virus patógenos” los investigadores demostraron sólo partículas y características de las células.

En nuestro próximo número de WissenschafftPlus, publicaremos la refutación científica de la afirmación de que el virus del sarampión existe, que se aplica a todos los llamados virus patógenos. También queremos señalar otro artículo, en el que describimos los llamados virus gigantes(9), es decir, un ácido nucleico envuelto que se puede encontrar en todas partes en el mar y en los organismos básicos. Como todos los fagos bacterianos, no sólo son inofensivos, sino que tienen funciones beneficiosas. También se pueden aislar utilizando la centrifugación de gradiente de densidad, que prueba su existencia (ver los gráficos anteriores).

También recomendamos el examen pertinente del Profesor Lüdtke de 1999 (10). Lüdtke observó que en los comienzos de la virología, la mayoría de los virólogos siempre llegaban a la conclusión de que las estructuras que habían confundido con virus resultaban ser componentes de las células y, por lo tanto, eran sólo el resultado del experimento y no la causa de los cambios observados. Tras el descubrimiento y la caracterización de los fagos y tras introducir el dogma de que el ácido nucleico era el genoma de todas las células y virus, nació el consenso según el cual esos virus deben existir también en los seres humanos y en los animales. En 1992, el dogma que afirmaba que el ácido nucleico es el genotipo de todas las células fue retirado en la comunidad científica. En 2008, también se retractó para una parte de la comunidad pública alemana(11). Sin embargo, el dogma de los virus patógenos sigue promoviéndose.

El Grupo Australiano de Perth (dirigido por Eleni Papadopulos-Eleopulos, Val Turner y John Papadimitriou) (12) demostró con argumentos científicos que no se ha demostrado la existencia del VIH. Fue Eleni Papadopulos-Eleopulos quien ya en 1992 me alentó y me ofreció el apoyo científico que me llevo a aceptar la realidad del VIH, a estudiar los hechos y a compartir el conocimiento de que no hay virus patógenos. Estoy muy agradecido a ella y a su equipo.

Referencias:

1 Siehe Ausführungen zu Virchows Leben und Wirkung in WissenschafftPlus Nr. 5/2015 und Nr. 6/2015.
2 Anticontagionism between 1821 and 1867.
Aufsatz von Erwin H. Ackerknecht in der Zeitschrift
Bulletin of the History of Medicine, Volume XXII,
The Johns Hopkins Press, 1948.
3 Das Robert Koch-Insitut im Nationalsozialismus.
Buch von Annette Hinz-Wessels, 192 Seiten, 2008.
Kulturverlag Kadmos Berlin.
4 Bech V, Magnus Pv. Studies on measles virus
in monkey kidney tissue cultures.
Acta Pathol Microbiol Scand. 1959; 42 (1): 75–85.
5 Nakai M, Imagawa DT. Electron microscopy of
measels virus replication. J. Virol. 1969 Feb; 3v (2):
187–97.
6 Lund GA, Tyrell, DL, Bradley RD, Scraba DG.
The molecular length of measles virus RNA and the
structural organization of measles nucleocapsids.
J. Gen. Virol. 1984 Sep;65 (Pt 9): 1535–42.
7 Daikoku E, Morita C, Kohno T, Sano K.
Analysis of Morphology and Infectivity of Measles
Virus Particles.
Bulletin of the Osaka Medical College. 2007;
53 (2): 107–14.
8 Horikami SM, Moyer SA.
Structure, Transcription, and Replication of Measles Virus. Curr Top Microbiol Immunol. 1995;
191: 35–50.
9 Siehe WissenschafftPlus Nr. 1/2014.
10 Zur Geschichte der frühen Virusforschung.
Übersichtsarbeit von Prof. Karlheinz Lüdtke.
Reprint 125 des MAX-PLANCK-INSTITUT FÜR WISSENSCHAFTSGESCHICHTE, 89 Seiten, 1999.
11 Erbgut in Auflösung. Die ZEIT vom 16.6.2008.
Siehe zu diesem Thema die Beiträge in WissenschafftPlus seit 2003.
12 http://www.theperthgroup.com

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Fuente: http://wissenschafftplus.de/uploads/article/Dismantling-the-Virus-Theory.pdf

Traducido por Jesus Romero para disiciencia.wordpress