La ciencia basura pone en evidencia los intereses de los Centros de Control de Enfermedades.


Hemos pasado de 1 de cada 10.000 niños con autismo a 1 de cada 88. Esto es peor que una epidemia, es un absoluto desastre.

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Comentario del editor de Health Impact News

Los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) emitieron un “nuevo” estudio de “Viernes Santo”, justo antes del fin de semana de fiesta de Pascua en el que supuestamente se muestra la no conexión entre las vacunas y el autismo. Uno se asombra sobre la oportuna publicación de este estudio, teniendo en cuenta el hecho de que los mismos CDC acaban de publicar las estadísticas de hace dos semanas que indican que la tasa de autismo entre los niños de las escuelas de los EE.UU. ha aumentado a 1 de cada 50.

Así que contacte con el Dr. Brian Hooker y le pedí su opinión sobre este “nuevo” estudio cuando los medios de comunicación informan que el debate sobre la vacuna y el autismo se ha terminado. Según el doctor Hooker, el estudio no es tan nuevo, ya que se basa en datos del 2010 y es básicamente un refrito de otro estudio “fraudulento” publicado entonces.

¿Por qué le pedimos al Dr. Hooker que hiciera un comentario? Probablemente hay muy pocas personas en el mundo que han pasado tanto tiempo mirando los estudios de los CDC relacionados con las vacunas y el autismo como el Dr. Hooker. Él es un científico doctorado que ha estado luchando contra los CDC desde el 2004 para tratar de conseguir que se cumpla el Acta de Libertad de In formación (Freedom of Information Act) para así poder ver la investigación de los CDC que supuestamente demuestra que no hay relación entre el mercurio contenido en las vacunas y el autismo. Los CDC aparentemente creen que están por encima de la ley con respecto a la Freedom of Information Act, y han estado luchado para retener la mayor parte de la información que el doctor Hooker ha solicitado. Sin embargo, como se verá a partir de la siguiente crítica del Dr. Hooker, incluso que los CDC hagan pública la información no ayudará mucho a entender el problema de las crecientes tasas de autismo, y mucho menos en resolverlo.

Aquí están los comentarios del doctor Hooker sobre el estudio de los CDC recientemente publicado en The Journal of Pediatrics.

Crítica del estudio de Destefano et al. J.Peds. 2013

Por Brian S. Hooker, Ph.D., P.E.

El reciente estudio de los CDC “El aumento de la exposición a las proteínas y polisacáridos estimuladores de anticuerpos en las vacunas no se asocia con el riesgo de autismo” por Destefano et al. 2013 se publicó en el Journal of Pediatrics la semana pasada. Este estudio pretende que “el aumento de la exposición durante los primeros 2 años de vida a las proteínas y polisacáridos estimuladores de anticuerpos contenidos en las vacunas no esta relacionada con el riesgo de desarrollar TEA (Trastorno del Espectro Autista).” De todos los documentos que he revisado durante mis 26 años de carrera como científico de investigación, este es quizás el estudio más deficiente y poco sincero que he encontrado. El estudio de Destefano et al. 2013 es a la ciencia lo que la película de Ishtar fue al cine.

No hay datos nuevos

La base para este estudio es esencialmente una repetición de los datos que se utilizaron para generar el fraudulento estudio de Price et al. 2010 en Pediatrics (Price et al. 2010 “Prenatal and Infant Exposure to Thimerosal From Vaccines and Immunoglobulins and Risk of Autism” Pediatrics 126:656) que se supone es la “palabra final” de los CDC indicando que el timerosal, el conservante que contiene mercurio en algunas vacunas, no tiene una relación causal con el autismo. No sólo este estudio fue fatalmente defectuoso debido a un error estadístico llamado “overmatching” (que voy a discutir más adelante), sino también porque los autores del estudio escondieron datos en relación con la única parte válida del estudio (es decir, la exposición prenatal al timerosal) que mostró que los niños expuestos a apenas 16 microgramos de mercurio en forma de timerosal en el útero tenían hasta 8 veces más probabilidades de recibir un diagnóstico de autismo regresivo (Price C, et al. Thimerosal and Autism. Technical report. Vol I. Bethesda, MD: Abt Associates Inc; 2009). En su lugar los autores del estudio reportaron falsamente que no había ningún riesgo de autismo asociado con la exposición prenatal al timerosal.

No hay controles de verdad en el estudio

En el estudio de Destefano publicado la semana pasada, con la ayuda del multimillonario empresario de las vacunas Dr. Paul Offit, los investigadores de los CDC meramente suman el número de antígenos de la vacuna de los niños caso (con autismo) y control (neurotípicos) en donde fueron expuestos a través del programa de vacunación infantil . La teoría que estaban tratando de refutar esencialmente era “los niños expuestos a un mayor número de antígenos tenían un mayor riesgo de autismo.” Teniendo en cuenta este accidentado estudio, es muy difícil saber por dónde empezar mi crítica. Sin embargo, es de destacar la siguiente declaración en la que los autores del estudio describen el grupo de control:

De los 752 controles restantes incluidos en el análisis, 186 tuvieron una puntuación SCQ (Cuestionario de Comunicación Social) <16, pero tuvieron indicios de retraso en el habla o en el lenguaje, problemas de aprendizaje, trastorno por déficit de atención con hiperactividad o trastorno por déficit de atención, o tics, o habían tenido una plan de educación individualizado.

Esto muestra claramente que los 186 controles antes mencionados (el 25% del grupo de control) no eran controles en absoluto, sino que habían tenido algún déficit del desarrollo subyacente (todos ellos características del autismo o del trastorno del espectro autista). A diferencia del diseño del estudio descrito (es decir, en donde los casos de autismo fueron emparejados con los controles neurotípicos), los casos de autismo fueron comparados con los “casos” de otras enfermedades del neurodesarrollo similares. Por lo tanto, no se puede esperar a ver ninguna diferencia entre los dos grupos.

La correlación antígeno no tiene sentido

A continuación, la base del estudio era confirmar o negar una correlación entre el “número de antígenos recibidos” y la incidencia de autismo. Se informó del mayor número posible de antígenos por la vacuna en la Tabla 1 del estudio. Sin embargo, el término “número de antígenos” es un completo agujero de lo que hay en realidad en estas vacunas, en sus concentraciones y en su fuerza relativa en términos de respuesta inflamatoria, y no es un indicador preciso de la forma en la que el cuerpo va a responder a los antígenos específicos .

Por ejemplo, los “antígenos” para las cinco vacunas de antígeno DTaP (por ej. Infanrix) incluyen el toxoide diftérico, toxoide tetánico, toxoide pertussis, hemaglutinina filamentosa y pertactina. El número “5” asignado en esta categoría es simplemente el número de diferentes antígenos y no tiene en cuenta la cantidad de cada antígeno o fuerza relativa.

Tampoco esta cuenta por el hecho de que Infanrix también contiene aluminio (un adyuvante diseñado para provocar una respuesta inmune no específica), formaldehído y polisorbato 80, lo que también podría provocar alguna forma de reacción inflamatoria.

Por lo tanto, la principal variable “independiente” del “número de antígenos” en el estudio de Destefano et al. 2013 es esencialmente y completamente un sin sentido.

La alta tasa de negación a participar crea un sesgo de selección

La alta tasa de rechazo a participar en este estudio también resulta problemático. De 668 casos y 2444 controles seleccionados originalmente para el estudio, sólo 321 casos (48,1%) y 774 controles (31,7%) optaron por participar en la investigación. En otras palabras, el 65% de los individuos contactados como posibles participantes se negaron de plano a participar en el estudio.

¿Quién podría culparlos? Los CDC han sido la mayor máquina de producción de ciencia basura sobre las vacunas y el autismo desde el 2002, y el público lo sabe. De hecho, esto podría producir un sesgo de selección en el que el 35% de las personas que no participan eran menos propensas a creer que las vacunas eran responsables de las secuelas del neurodesarrollo como el autismo.

El error estadístico Overmatching

Además, el análisis está plagado de un error estadístico llamado “overmatching.” Para un análisis completo del estudio previo de los CDC completado con el mismo conjunto de datos (Price et al. 2010 Pediatrics), en relación con la exposición al timerosal en lugar de la cantidad de antígenos de la vacuna, Por favor, consulte el Capítulo 6, “Vaccine Safety Study as an Interesting Case of ‘Over-Matching’” de M. Catalina DeSoto y Robert Hitlan. (http://www.intechopen.com/books/recent-advances-in-autism-spectrum-disorders-volume-i/vaccine-safety-study-as-an-interesting-case-of-over-matching-) del libro “Recent Advances in Autism Spectrum Disorders – Volume I”, editado por Michael Fitzgerald, ISBN 978-953-51-1021-7.

La observación hecha por el Dr. DeSoto y el Dr. Hitlan es que los casos y los controles en este estudio están demasiado estrechamente emparejados entre sí. Los casos fueron emparejados con los controles de la misma edad, sexo, dentro de la misma HMO y esencialmente en el mismo esquema de vacunación con los mismos fabricantes de vacunas. Esto puede verse en las figuras 1 y 2 del artículo de Destefano et al. 2013 que indicaba que casi no hay diferencias entre la exposición a los antígenos entre el caso (autismo) y el grupo control para cada grupo de exposición ensayado. Esto es válido para los niveles de antígeno acumulativos (Figura 1), así como para los niveles de exposición de antígeno en días individuales (Figura 2).

Este tipo de error, por supuesto, se opone a “la búsqueda de la diferencia” entre los casos y los controles porque todas las diferencias fueron emparejadas caso por caso.

Esto sería similar al análisis de radiación en los trabajadores que recibieron la misma dosis de radiación gamma en los casos y en los controles para determinar la relación entre la radiación gamma y la incidencia de cáncer. Por supuesto, ya que los casos y los controles recibieron la misma dosis, no sería visto ningún efecto. Sin embargo, este es un estudio injusto. Para ver el efecto real, tendrían que ser emparejados a controles con diferentes niveles de exposición a la radiación gamma y tal vez un grupo de “no exposición” incluido como base de comparación de las tasas de cáncer en los grupos más altos de exposición de los casos.

De esta manera los CDC han utilizado estos datos re-combinados para ocultar un verdadero efecto entre la exposición al antígeno de la vacuna y la incidencia de autismo.

No se han comparado los niños vacunados con los no vacunados

Esta cuestión remite al estudio que los CDC se niegan a realizar: Los resultados de salud entre las poblaciones vacunadas y no vacunadas. ¿Cuál es la excusa de los CDC?

La ética – es decir, no creemos que sea ético negar la vacunación a los niños… Tonterías – hay porciones de población en los Estados Unidos que deciden no vacunar a pesar de los CDC creen; Falta de “enmascaramiento” en el diseño del estudio … de nuevo, Tonterías – todos los estudios actuales de seguridad de las vacunas son de todos modos retrospectivos, sin ningún tipo de enmascaramiento de los sujetos.

Los CDC simplemente tienen miedo de lo que ya saben – las vacunas causan enfermedades crónicas y una población no vacunada sería mucho más saludable, y punto (como se evidencia en elestudio de Glanz et al 2013 en el Journal of the American Medical Association, que establecía que los niños no vacunados tenían una menor tasa de frecuencia en urgencias y en consultas externas).

(Nota del editor: Ver nuestro artículo sobre el estudio de JAMA)

No se ha estudiado las variaciones entre los niños con autismo de los neurotípicos

Por último, este tipo de estudio se aleja totalmente del hecho de que los niños con autismo son fisiológicamente diferentes a los niños neurotípicos. Numerosos estudios han demostrado diferencias genéticas (por ejemplo, James et al. 2006), morfológicas (por ejemplo, Herbert et al. 2005) y bioquímicas (por ejemplo, Waly et al. 2004) entre estas dos poblaciones. Para llevar a cabo un estudio de casos y controles, como es presentado en el artículo de Destefano et al. 2013, no se puede asumir una población genética, morfológica y fisiológicamente homogénea, simplemente no es el caso.

Nadie está diciendo que los niños con autismo o ASD tuvieron mayores dosis de antígenos de las vacunas, timerosal, MMR o lo que sea. Lo que sabemos, en cambio, es que cuando nuestros niños recibieron las mismas vacunas en el calendario recomendado del ACIP, reaccionaron de manera diferente. Los científicos del CDC son entrenados en el manejo de las enfermedades infecciosas con progresiones que se pueden predecir con una certeza razonable. Sin embargo, estas secuelas neurológicas de las vacunas son crónicas, condiciones multifactoriales que no se pueden poner en la misma caja pequeña del resfriado común, la influenza o la viruela.

Los CDC tienen conflicto de intereses en cuanto a las vacunas

También debe ser señalado que los CDC son responsables de la adquisición de la vacuna en los Estados Unidos. Por sus propias normas, creen que el cumplimiento de la vacuna debe estar en el 90% para llegar a la “inmunidad de grupo” y así prevenir los brotes de las enfermedades infecciosas.

Sin entrar en la defectuosa lógica que sostiene esta afirmación, entiendo que los CDC (y los DHHS en conjunto) no deberían llevar a cabo NINGÚN tipo de estudio sobre la seguridad de las vacunas, en función de su principal mandato que es el de maximizar la adquisición de las vacunas. Su papel está en el mayor conflicto de intereses.

Esta situación ha llevado a una larga lista de estudios fatalmente defectuosos sobre las vacunas y los trastornos neurológicos en los niños, y más a menudo en malas representaciones de la verdad. A partir de 1999, cuando los CDC enterraron las fuertes asociaciones entre la exposición al timerosal en los primeros años de vida (de 0 a 1 mes), donde los niños expuestos a los más altos niveles de timerosal tenían por lo menos 7,6 veces más probabilidades de recibir un diagnóstico de autismo que a través de este estudio, se ha desarrollado un cuerpo completo de “ciencia del tabaco”, diseñada para ocultar la verdad de lo que se ha encontrado a puerta cerrada.

Es hora de que los CDC sean limpios. Sus propios datos muestran que las vacunas causan trastornos del neurodesarrollo en los niños como el autismo.

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Fuente: healthimpactnews.com

Traducido por Disiciencia

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