¿Es seguro el Gen VI oculto en los transgénicos?


Oficina central de EFSA, Parma.

Después de haber permitido involuntariamente un gen viral en la cadena alimentaria, la respuesta de los reguladores hasta ahora ha sido la de realizar declaraciones destinadas a aliviar las preocupaciones del público. Estas afirmaciones, sin embargo, son insuficientes para satisfacer una potencial crisis alimentaria de importancia. No sólo no tienen en cuenta cuestiones importantes, sino que también son científicamente cuestionables, incluso dentro de su marco de referencia escogido.

Los reguladores de OMG en cuestión son la European Food Safety Authority (EFSA) y la Food Standards Australia New Zealand (FSANZ). Estos dos organismos han emitido declaraciones por separado (véanse los textos completos de EFSA y FSANZ) que defienden sus evaluaciones de riesgos y conclusiones en respuesta a nuestro último artículo “Reguladores Descubren un gen viral oculto en los cultivos transgénicos”.

Este artículo, publicado por Independent Science News (ISN) se refirió a una reciente publicación científica que mostraba que los reguladores de OGM han aprobado repetidamente cultivos transgénicos portadores de una secuencia viral no se hann dado cuenta también de una parte codificadora de un gen viral (Podevin y du Jardin 2012). El gen viral “oculto” en cuestión se llama Gen VI y reside dentro de una secuencia de ADN llamada promotor 35S del virus del mosaico de la coliflor (CaMV). El promotor CaMV 35S es importante porque es utilizado en casi todos los OMG comercializados. En el artículo de ISN proponemos además que el Gen VI del CaMV representa una potencial amenaza para la salud tanto de los cultivos como humana.

En este segundo artículo cuestionamos ahora las dos declaraciones ofrecidas al público y a los periodistas por la EFSA y FSANZ. La credibilidad y la eficacia de los reguladores recaen sobre sus acciones basadas en: 1) el conocimiento científico, 2) la integridad científica, y 3) el interés público. Evaluamos las declaraciones de la EFSA y FSANZ y encontramos que son un tanto engañosas desde el punto de vista científico y también insuficientes para atender las cuestiones de interés público planteadas por el descubrimiento del Gen VI. Esto es debido a su dependencia de las afirmaciones no verificables científicamente y sus falacias lógicas. También aquí, nosotros llamamos la atención sobre importantes cuestiones científicas planteadas por el reconocimiento del Gene VI en el promotor CaMV que los reguladores no han corregido.

Los reguladores han tergiversado el estado del conocimiento científico

Las siguientes seis citas han sido extraídas de las declaraciones de la EFSA y FSANZ

1) “La exposición humana al ADN del virus mosaico de la coliflor y todos sus productos proteicos a través del consumo de alimentos convencionales es común y no hay evidencia de efectos adversos para la salud.” (FSANZ)

Para que esta declaración se justifique con datos científicos tendrían que existir experimentos controlados de alimentación con CaMV ADN, o con sus proteínas virales, con sujetos experimentales (animales o humanos). Además, tendría que haber también datos epidemiológicos que relacionen el consumo de CaMV (que según las notas de FSANZ parece que esto es suficiente para que se realice) con el estado de la salud humana. A nuestro entender, los experimentos no se han realizado en ninguna de las áreas, y desafiamos a la FSANZ a que facilite la documentación que soporte esta declaración. Sin experimentos relevantes la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. Esto es especialmente inapropiado dadas las altas y, en algunos casos, crecientes tasas de enfermedades crónicas relacionadas a la dieta en los países que consumen la mayoría de los OMG.

La conclusión de la FSANZ contradice también la de Podevin y du Jardin, quienes descubrieron el problema. Estos autores no afirman expresamente que “no hay evidencia de efectos adversos para la salud.” Por el contrario, su análisis implica que el Gen VI puede ser a la vez un alergeno y una fuente de daño por ser un gen viral. Encontraron que el Gen VI “es un alergeno potencial” (este hallazgo, tal vez debido a que sus resultados fueron contradictorios, se encontraba en las conclusiones modificadas de “es más probable que sea un alergeno potencial”) y, además, señalaron que algunas versiones del Gen VI “podrían dar lugar a cambios fenotípicos no deseados “(Podevin y du Jardin 2012).

Si uno realiza una mirada más general, o se fija en los detalles, no hay ningún argumento científico para la fuerte tranquilidad que nos ofrece la FSANZ.

2) “Los genes de los virus en cuestión se han utilizado con seguridad en plantas transgénicas desde hace casi 30 años” (FSANZ)

La historia del uso seguro de plantas transgénicas es una cuestión de especulación. Los estudios directos de alimentación animal son contradictorios y los estudios epidemiológicos de las actuales poblaciones humanas son escasos. La literatura científica contiene múltiples informes de daño hacia los animales a partir de los cultivos transgénicos que podrían haber sido reconocidos, incluyendo un documento recientemente elaborado por el grupo de Seralini (2012). Estos informes se remontan a la publicación de 1999 de Lancet Ewen y Pusztai, en donde se atribuyen algunas de las anomalías intestinales que observaron en las ratas alimentadas a las patatas transgénicas por algo distinto de la proteína transgénica en sí. En el momento en que ellos especularon, con una desconfianza generalizada, esa parte del ADN construído (que incluía el promotor CaMV 35S) era potencialmente la causa (Ewen y Pusztai, 1999). Es posible que lo que Ewen y Pusztai observaron se explique por la presencia de fragmentos de Gen VI.

La fuerte y repetida impresión creada por los reguladores de los OGM es, en general, que ellos creen que los experimentos de informes de daños no merecen mención, ni tampoco requieren la repetición. Esto a pesar del hecho de que el reconocimiento de hipótesis alternativas y repetir la prueba experimental son los métodos aceptados para resolver las diferencias científicas y avanzar en la comprensión. En agudo contraste, la actitud de los reguladores parece ser que la presunción de seguridad es tan buena como la demostración de la misma.

3) “Los genes de los virus en cuestión han sido ampliamente caracterizados” (FSANZ)

La caracterización del CaMV y su genoma es un campo activo en ciencia cuya investigación está en curso. Como señalamos (en Reguladores Descubren), se identificó una nueva función para el Gen VI cuando la publicación de Podevin y du Jardin aún estaba en prensa (Love et al. 2012). Dar a entender que el conocimiento suficiente y definitivo ha eclosionado en un tema científico es contradecir una premisa básica de la investigación científica.

4) “No hay ninguna evidencia científica creíble que sugiere su uso (Gen VI) representa un riesgo para la salud o la seguridad humana.” (FSANZ)

Como hemos discutido (en Reguladores Descubren), una cuerpo científico que abarca veinte años describe al Gen VI como una toxina vegetal, ya que interfiere con las defensas de la planta huésped, alterando el mecanismo básico de la producción de proteínas (que es común en los seres humanos, animales, y plantas), y por último como un alterador del silenciamiento del ARN (un mecanismo biológico conservado y compartido también por plantas, animales, y seres humanos) (por ejemplo, Park et al 2001; Love et al 2012). Estos hechos están claramente establecidos en la literatura científica, incluso hasta el punto de que algunas de estas funciones específicas se atribuyen a distintas regiones del Gen VI. Así, en la literatura científica ellos no están en disputa. Los reguladores deberían dejar en claro cómo el conocimiento científico del Gen VI viral (o un fragmento del mismo) es coherente con su permisividad en dejarlo presente en los alimentos. [Para un análisis de fragmentos de genes y la importancia del Gen VI véase la nota (1)].

5) “El gen viral (Gen VI) pertenece a un virus de planta (virus mosaico de la coliflor) que no puede infectar a animales o a seres humanos” (AESA)

Esta es una afirmación engañosa. Estamos de acuerdo en que el CaMV no es un patógeno humano, sin embargo, la cuestión científica más relevante es si el CaMV puede reproducirse dentro de las células humanas individuales e interferir con su funcionamiento normal. Para nuestro conocimiento, no se han realizado experimentos científicos en infectar células animales o células humanas con CaMV. Sin tales experimentos específicos la declaración de la EFSA no se apoyan en nada y son científicamente inverificables. No nos sorprende, pues, que cuando se le preguntó a la EFSA si podía proporcionar datos de apoyo para esta declaración no lo hizo (2). Se sabe, sin embargo, que estas partes del CaMV son funcionales en mamíferos. El promotor CaMV 35S es activo en hámster y en líneas celulares humanas (Tepfer et al 2004; Myhre et al 2006). Así, sólo la evidencia científica pertinente pone en serias dudas la exactitud de la declaración de la EFSA.

6) ” por lo tanto (el Gen VI) no representa una amenaza para la salud humana o animal” (EFSA)

Esta declaración está formalmente vinculada por la EFSA a la anterior (punto 5). Incluso si la premisa (el CaMV no es en sí mismo perjudicial) está científicamente establecida, seguiría siendo falso equiparar los peligros de la vida, la infección viral y replicación con los peligros de un fragmento genético que se encuentra (y potencialmente expresado) en cada célula de una planta OGM destinada a la alimentación. Se incluye una lista parcial de las situaciones en las que potencialmente (o actualmente) hay distinciones:

a) Como se discutió (en Reguladores Descubren), dependiendo de las particularidades de su integración en el genoma del OMG comercial, el ADN del Gen VI puede producir ya sea un simple fragmento de proteína viral o una proteína quimérica (parcialmente viral). En cualquier caso, el resultado no será el equivalente en estructura, localización celular, o la cantidad, a cualquier proteína producida por el virus.

b) Los huéspedes naturales del CaMV son plantas de la familia Brassica (Schoelz 2008). El Gen VI del cultivo comercial OGM se encuentra principalmente en la soja, algodón, maíz y canola. Sólo este último es una Brassica. Por lo tanto, el el contexto genético y fisiológico del trans-Gen VI es típicamente distinto a una infección viral natural.

c) El Gen VI en la naturaleza se produce en el contexto de un proceso de infección viral activo. Si el Gen VI se expresa en una planta transgénica mayoritariementese produce en las células no infectadas en las que no están en contacto con otras proteínas del CaMV. Muchas diferencias potencialmente importantes surgen de este hecho. Las proteínas virales son comúnmente modificadas por la infección viral (Hellen 1989), son activas de forma diferente en presencia de las proteínas virales (Asai et al. 2006), o el transporte entre sí para diferentes compartimentos celulares (Sanderfoot y Lazarowitz 1995).

Un sencillo ejemplo hipotético ilustra las potenciales implicaciones. El Gen VI se sabe que perturba la producción de proteínas, pero para esto se requieren otros componentes virales para el transporte allá donde la producción de proteínas es producida, entonces podría ser inofensivo en el interior de una planta transgénica, pero todavía podría ser tóxico para los seres humanos cuando las células se rompen durante el consumo. Esta serie de eventos está lejos de ser inverosímil. Algunas de las toxinas de las plantas más comunes son los glucósidos cianogénicos, y trabajan precisamente de esta manera liberando cianuro cuando los tejidos son masticados (Poulton, 1990).

Así, uno puede proponer razonablemente, que en presencia del propio virus, el Gen VI intacto puede comportarse incluso radicalmente diferente en comparación con un fragmento de la proteína transgénica codificada en un promotor del CaMV. Por lo tanto, pueden presentar un riesgo sustancialmente diferente. Tanto la EFSA y como la FSANZ utilizan la seguridad implícita del CaMV (que como semencionó nunca se ha establecido) para inferir la seguridad inherente de los fragmentos del Gen VI, lo que es engañoso. Tales argumentos son distracciones irrelevantes de la mucho menos tranquilizadora información científica real que existe sobre el Gen VI y que fue discutida en detalle en nuestro artículo anterior.

En resumen, en sus declaraciones, la EFSA y FSANZ reunen argumentos que son irrelevantes (como que el CaMV es una parte normal de la dieta o que el CaMV es toxicológicamente equivalente al Gen VI), o bien se basan en afirmaciones sin fundamento. En consecuencia, a través de una serie de defectos lógicos y suposiciones, la EFSA y la FSANZ tergiversan tanto el estado como la certeza del conocimiento científico en relación al Gen VI. Es potencialmente aceptable para los reguladores condensar o simplificar la compleja información científica para educar o informar a un público lego. Lo que no es aceptable, sin embargo, es “informar” al público de forma errónea.

Lo verdaderamente importante para el problema de la seguridad es que la debilidad de los argumentos de los reguladores derivan de una causa fundamental. En contraste con las evidencias que demuestran el potencial de daño grave, no existen datos experimentales o epidemiológicos sólidos que apoyen la tesis de que el Gen VI, o fragmentos del mismo, son inofensivos.

Los reguladores no tienen en cuenta hallazgos clave

Una pregunta científica importante se quedó sin respuesta por las declaraciones de los reguladores oficiales. Una vez que el promotor CaMV 35S se identificó como codificacdor de un gen viral, los reguladores deberían haber investigado si los promotores relacionados y aprobados por ellos también codifican genes virales (3). Nuestro artículo anterior mostró que así es. El promotor 35S FMV de la virus del mosaico escrofularia se superpone a su Gen VI afin. Varias versiones del promotor 35S FMV se han incorporado en numerosos cultivos transgénicos producidos por Monsanto, incluido el maíz (MON89034), la soja (MON89778 y MON87705), la remolacha azucarera (H7-1), el algodón (MON88913), y la canola (GT73). El más largo de estos promotores FMV ha sido comercializado en la Unión Europea, Australia, Nueva Zelanda, así como en los EE.UU., y se describe en las aplicaciones como de 562 pares de bases de longitud, lo que está cerca de la mitad de la longitud del Gen VI entero. Sin embargo, el FMV Gen VI hasta ahora no ha sido reconocido por la EFSA, la FSANZ o Podevin y du Jardin.

Este descubrimiento adicional tiene muchas implicaciones de regulación y bioseguridad, pero la más relevante aquí es que las garantías ofrecidas hasta ahora por la EFSA y la FSANZ, además de ser científicamente inadecuadas, son fundamentalmente específicas del Gen VI del CaMV. No las están aplicando al FMV que se fue aislado de la escrofularia (Scrophularia californica), una especie silvestre nativa del sudoeste de los EE.UU. La escrofularia y el FMV no tienen ni una historia de amplio consumo, ni evidencia científica positiva de seguridad.

Por razones de seguridad pública nos preguntamos ¿por qué no han reconocido los reguladores que el FMV 35S representa el mismo (o mayor) riesgo de daño? Que pretenden hacer la FSANZ y la EFSA frente a los problemas de seguridad pública con el Gen VI FMV presente en el suministro de alimentos (4)?

Conclusiones

En la actualidad hay tres evaluaciones distintas de los riesgos derivados de la presencia de secuencias de genes VI en los OGM. Los reguladores FSANZ y la EFSA están ofreciendo garantías categóricas de que, con respecto a Gen VI del CaMV, “no hay evidencia de efectos adversos para la salud” (FSANZ), que “no hay razones científicas para revisar las aprobaciones” (FSANZ) y “no se identificaron preocupaciones relativas a la seguridad “(EFSA).

Por el contrario, Podevin y de Jardin escribieron que, dependiendo de la longitud del Gen VI insertado, este “podría dar lugar a cambios fenotípicos no deseados”, los “efectos no deseados” fueron “dudosos”, que los “efectos no deseados” tenían una probabilidad “baja “. Además, los datos muestran que (además de sus funciones virales) el producto proteico del Gen VI, de acuerdo con un algoritmo estándar “es un alergeno potencial”. Estas conclusiones, aunque imprecisas, son diferentes a riesgo cero y parecen incompatibles con las garantías categóricas de la EFSA y la FSANZ. Esta es una notable diferencia en lo que claramente parece contradecir la supuesta confianza de los reguladores sobre los estudios revisados ​​por pares de la literatura científica.

Nuestro propio análisis toma una tercera posición. Basada en una revisión de las funciones conocidas del Gen VI nosotros fuimos más allá de la indicaciónde que el Gen VI “podría no ser seguro para el consumo humano” y “puede perturbar el funcionamiento normal de los cultivos”. También señalamos, a diferencia de la EFSA, la FSANZ,y Podevin y du Jardin, que los promotores del FMV también se superponen al Gen VI FMV. Por lo tanto, recomendamos la retirada del Gen VI que contienen los cultivos transgénicos.

Esta recomendación, que reiteramos aquí, se basó en un razonamiento transparente y en la evidencia científica clara de (i) la toxicidad vegetal del Gen VI y el potencial tóxico humano, (ii) que el Gen VI es un gen sin caracterizar completamente derivado de un patógeno, (iii) que el trans-Gen VI puede causar la infección de nuevos patógenos en los cultivos y, (iv) que existe una clara posibilidad de que el Gen VI podría llegar a expresarse en los OMG comercializados. Creemos que, si estos hechos hubieran sido conocidos por los reguladores de antemano, tal gen nunca habría sido aprobado.

También tomamos nota de algunos datos adicionales en este caso:

(1) Con la aprobación de los transgenes que contienen secuencias virales, los reguladores han puesto al público en una posición de riesgo totalmente innecesaria (ya que promotores no virales estaban disponibles).

(2) El fracaso de los reguladores para identificar el Gen VI en las evaluaciones iniciales se produjo a pesar de un “examen detallado de la secuencia insertada” (EFSA), y a pesar de que el Gen VI fue descrito en la literatura científica ya en el año 1980.

(3) Como consecuencia, los reguladores se han visto obligados a entrar en una discusión retrospectiva de los peligros del Gen VI del CaMV (y que al parecer aún no lo han hecho para el Gen VI del FMV).

(4) Los reguladores no han aplicado los procedimientos de monitoreo de los OMG que habrían ofrecido una protección contra tales fallos regulatorios. El monitoreo habría permitido a los reguladores poner definitivamente los límites científicos en relación a la magnitud de los perjuicios del Gen VI en los cultivos comerciales y en la cadena alimentaria.

Estas cuatro razones por sí solas definen este episodio como un rotundo y sistémico fracaso en la evaluación de riesgos. Sin embargo, los errores acumulados son ahora sustancialmente incrementados por las evasivas, las tergiversaciones de los conocimientos científicos y las fallas lógicas contenidas en las ‘garantías’ de los reguladores.

En combinación con otras recientes revelaciones científicas y con las repetidas preguntas sobre los conflictos de intereses, la credibilidad de la EFSA está en un punto bajo. Tres acciones inmediatas comenzarían a restaurar la confianza en que la EFSA está actuando de acuerdo con la evidencia científica y el interés público. La primera sería la de prohibir el uso futuro de las secuencias virales en los OMG comerciales, y la segunda sería la de recordar los eventos transgénicos que contienen promotores 35S de CaMV y FMV y la tercera sería la de implementar un significativo monitoreo de los OGM. Estas acciones tienen el beneficio adicional de enviar la señal clara a los desarrolladores de OGM de que la seguridad debe edificarse sobre estos y que los reguladores no tolerarán peligros y riesgos innecesarios.

Notas al pie

1) La literatura científica describe numerosos genes funcionales y fragmentos de proteínas. Ellos incluyen muchas proteínas transgénicas. Por ejemplo, la mayoría de las toxinas insecticidas Bt (las proteínas Cry) en los OMG comerciales son fragmentos y no producen la proteína nativa de longitud completa. En el caso de la proteína Cry en el MON810 (un evento de maíz transgénico en uso comercial) las secuencias se han perdido en ambos extremos de la proteína nativa como resultado de un accidente durante la inserción del transgén (Freese y Schubert 2004).

La EFSA y la FSANZ también podrían haber hecho la observación de que las proteínas virales, presumiblemente debido a que a menudo son multifuncionales, pueden obtener funciones adicionales cuando se expresan como fragmentos (Nagano et al. 2001).

Y por último, el infame fracasos del maíz estadounidense de 1971 y 1972, que fue la más extendida falla genética en una planta de cultivo jamás registrada, el resultado de un reordenamiento genético espontáneo que ha creado un nuevo gen llamado T-urf13 (Ullstrup 1972). El T-urf13 produjo un fragmento de proteína comparable en tamaño a la secuencia del Gen VI más pequeño identificado por Podevin y du Jardin. Es una proteína de fusión creada a partir de al menos tres genes separados (Levings, 1990), y confiere susceptibilidad casi total al patógeno del maíz sureño (Bipolaris maydis; raza T). El resultado, desde que el T-urf13 fue de uso casi universal, fue la sustancial destrucción de la cosecha del maíz en los EE.UU. durante dos años consecutivos. El incidente T-urf13 es un modelo de gran relevancia para ver como el Gen VI se podría expresar como una proteína de fusión en un amplio evento de cultivo transgénico y causar un daño generalizado.

Los anteriores son sólo unos pocos de los muchos ejemplos.

2) Cuando se le preguntó por los datos de apoyo, la EFSA se negó a identificar experimentos específicos. Lo que sigue es de un intercambio de cartas entre la EFSA y Fran Murrell de MADGE, Australia (febrero 2013):

Estimada EFSA

En su “FAQ sobre el fragmento del gen viral insertado en la planta GM”
ustedes dicen:

“El gen viral (Gen VI) pertenece a un virus de planta (virus mosaico de la coliflor) que no puede infectar a los animales o a los seres humanos y por lo tanto no representa una amenaza para la salud humana o animal. Este virus infecta de forma natural muchas plantas con efectos sobre la salud no registrados. “

¿Puede por favor enviarme las referencias para apoyar:
a) la afirmación de que el virus CaMV no puede infectar a los humanos / animales.
b) la investigación sobre los efectos en la salud del CaMV?

Muchas gracias, Fran Murrell

Respuesta de la EFSA:

Estimado Sr. Murell,
Gracias por su correo electrónico y el interés por la European Food Safety Authority (EFSA).

a) Es generalmente aceptado por la comunidad científica de que los virus de plantas no pueden infectar a animales y viceversa. Hasta la fecha no se conoce ningún caso de un virus de planta que pueda infectar a los vertebrados o a seres humanos (1,2). Este es también el caso del CaMV, para el cual los anfitriones descritos son sólo plantas (3).

b) No hay efectos en la salud reportados sobre el CaMV, a pesar de que se estima que aproximadamente el 10% de las coliflores y repollos están infectadas con CaMV (4). Con respecto al gen VI de CaMV, en investigaciones recientes no se encontró ninguna similitud a las toxinas o alergenos conocidos (5).

Referencias

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4. Hull R, Covey SN, Dale P, (2000). Genetically modified plants and the 35S promoter: assessing the risks and enhancing the debate. Microbial Ecology in Health and Disease 12: 1-5
5. Podevin N, du Jardin P, (2012). Possible consequences of the overlap between the CaMV 35S promoter regions in plant transformation vectors used and the viral gene VI in transgenic plants. GM Crops and Food 3: 1-5

Conclusión: La EFSA, de nuevo, no proporcionó evidencia específica de los estudios sobre alimentación o estudios epidemiológicos de toxicidad del CaMV.

3) Hay una gran cantidad de evidencia de que los reguladores no tenían conocimiento previo del Gen VI. La FSANZ, por ejemplo, escribió en el 2005 en su “Informe de Evaluación Final” para aprobar el algodón MON88913 de Monsanto:

“Aunque el CaMV es un conocido patógeno vegetal, sólo un único fragmento del genoma del CaMV correspondiente a un promotor, ha sido transferido al algodón (Odell et al 1985). No hay otros fragmentos de ADN, incluidos los genes que codifican para la patogenicidad del virus, transferidos a la línea de algodón MON88913 “.

La FSANZ describe aquí como “sólo” un “promotor”. Como en otros documentos normativos, no hay reconocimiento o mención del Gen VI. Así, la publicación de Podevin y du Jardin es el primer documento público producido por los reguladores mencionando expresamente el Gen VI por su nombre.

4) ¿Por qué otros experimentos es poco probable que resuelvan con prontitud y adecuadamente los problemas de seguridad que rodean al Gen VI?: Dos cuestiones distintas parecen relevantes. La primera es que otros experimentos llevan su tiempo. Pasarán años antes de que se obtengan de ellos muchas respuestas, tiempo durante el cual el público podrá seguir estando expuesto a los riesgos derivados de la expresión de secuencias del Gen VI. Esa es la simple razón de por qué este tipo de experimentos se realizan normalmente antes de su comercialización. En este caso, si la existencia de un gen que es tóxico para las plantas, que aumenta la vulnerabilidad de patógenos, que descarrila la producción de proteínas e inhibe el silenciamiento del ARN, fuera conocida por los reguladores de antemano parece inconcebible que lo hubieran aprobado. Por lo tanto, una decisión de retirada resulta adecuada y puede hacerse con los actuales datos disponibles.

La segunda cuestión se refiere a las limitaciones prácticas de la ciencia misma. Las limitaciones de la ciencia rara vez se discuten, en parte porque a menudo sólo salen a la palestra en temas como este, cuando la evaluación de riesgos o el desarrollo de medicamentos requieren que la ciencia de laboratorio sea probada en el mundo real. La forma general de estas limitaciones es que los experimentos, ya sea para las funciones (o la toxicidad) del Gen VI por sí solo, o su expresión a partir de eventos transgénicos individuales, es poco probable que den resultados definitivos. Hay varias razones para esto.

i) Cualquier metodología experimental única , o incluso un conjunto de experimentos, que podrían proponerse, a partir de la transcriptómica a de la proteómica (para cuantificar la expresión del Gen VI); o experimentos de alimentación animal para determinar la toxicidad, o incluso incluyendo análisis de secuencias de ADN de eventos de inserción individuales ( buscar los marcos de lectura abiertos), necesariamente tienen numerosas y significativas limitaciones. Estas pronto se hacen evidentes en las discusiones de alto riesgo sobre cualquier tema científico. Así, por ejemplo, los experimentos de proteómica en teoría pueden detectar la presencia (o ausencia) de las proteínas, pero su sensibilidad está inevitablemente limitada.

En un experimento relevante para el presente caso la proteómica no pudo detectar a una enzima transgénica que confiere resistencia a los antibióticos a pesar de que se confirmó que ha estado presente y activa (Corpillo et al. 2004). Como en otro ejemplo, la secuencia de eventos transgénicos es ampliamente considerada (a diferencia de la proteómica) como definitiva, pero para determinar el significado de esa secuencia, por ejemplo, si un marco de lectura abierto es funcional o expresado, es un problema difícil ya que la secuencia requiere interpretación. Además, hay otros factores que lo complican, tales como el corte y empalme de los mRNAs, que hacen a la secuenciación de ADN un predictor imperfecto de la expresión génica (Rang et al. 2005). Así, la EFSA afirma haber realizado un “examen detallado de la secuencia insertada”, pero aún entonces no encontraron el Gen VI.

ii) Las conclusiones científicas se consideran normalmente en abstracto. Rara vez se reconoce que, especialmente en biología, los experimentos son específicos de un determinado tiempo y ubicación. Esta limitación gana en importancia en las evaluaciones de riesgo que requieren información específica y detallada sobre un complejo de situaciones en el mundo real.

Así, cada fragmento del Gen VI transgénico es una nueva secuencia en una localización genómica única en una variedad de cultivo específico que se cultiva en un campo variable y con unas condiciones de suelo. Esta serie de parámetros únicos significa que los datos recogidos en virtud de una o unas pocas series de condiciones pueden no ser válidas bajo otras. Por esta misma razón, los datos de cualquier evento de inserción del transgen VI sólo han limitado la relevancia de cualquier otro evento. La ciencia reguladora típicamente depende en ignorar este tipo de problemas, pero son muy reales.

iii) Una tercera complicación es que los experimentos incluso exitosos y rigurosos, realizados bajo las condiciones más relevantes, no producen necesariamente más certeza. A veces, como cuando ellos sostuvieron ampliamente sus asunciones, producen menos. Esto puede parecer contrario a la intuición porque la ciencia a menudo se conceptualiza como “progreso” hacia una verdad definitiva o única, pero en realidad este progreso es en gran medida una ilusión causada por un marco limitado de referencia.

Estos tres puntos no deben entenderse como oscurantismo. Creemos que los experimentos son la clave para la promoción de la comprensión, pero también reconocemos que su significado puede ser oscuro y que una verdadera evaluación de riesgo es necesariamente lenta. Un reduccionismo científico imagina que los problemas de seguridad pueden ser tratados con rapidez y de manera definitiva por algunos experimentos que no tienen en cuenta la naturaleza de la biología y la naturaleza del conocimiento científico. Podríamos haber aprendido a no tener expectativas poco razonables de la ciencia, sobre todo en biología. Si, cuarenta años después de su inicio, la guerra contra el cáncer aún no se ha ganado, es porque hay buenas razones para ello.

La consecuencia de todo esto es que una amplia perspectiva incluye respetar el hecho de que el mayor propósito para la evaluación de riesgos es proteger al público. Un precaución, por lo tanto, debe ser la prioridad. Los experimentos se pueden hacer más tarde, o en paralelo.

Referencias

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Jonathan Latham y Allison Wilson | independentsciencenews.org

Una traducción de Disiciencia

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