Aumenta el uso de pesticidas en los cultivos transgénicos.


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Scott McAllister recuerda muy bien el encuentro con el vendedor de Monsanto.

El granjero de tercera generación de Iowa preguntó al comercial del gigante agrícola acerca de su mercancía – una nueva semilla genéticamente modificada para resistir los herbicidas de Monsanto de la marca propia Roundup. “En el futuro, ¿vamos a experimentar la resistencia en las malezas con el uso continuado del Roundup?” recuerda preguntar.

Recuerda, también, que la respuesta fue: “Oh no, eso nunca va a suceder.”

La combinación de Monsanto de semillas genéticamente modificadas con el herbicida Roundup debía asegurar que los cultivos en todo Estados Unidos crecieran altos al contrario que las malas hierbas . Unos 15 años después, la mayoría del maíz, la soja y el algodón cultivados en los EE.UU. provienen de estas semillas Roundup Ready. Pero un número cada vez mayor de estos acres cultivados se están convirtiendo en anfitriones de las reacias “supermalezas resistentes” al Roundup. La aplicación repetida del herbicida ha eliminado literalmente las malezas débiles y ha dado a las raras malas hierbas resistentes la oportunidad de tomar el relevo. La situación, según un informe publicado el pasado viernes en la revista revisada por pares Environmental Sciences Europe, ha llevado a los agricultores a utilizar mayores cantidades de Roundup, con más frecuencia y en conjunto con un arsenal más amplio de otros productos químicos para la eliminación de malezas.

En general, el nuevo estudio estima que la ingeniería de cultivos inmunes para el mismo compuesto químico usado contra las malezas venenosas, y de los cultivos capaces de producir sus propios insecticidas, ha resultado en un adicional de 404 millones de libras de pesticidas tóxicos rociados en los campos de Estados Unidos entre 1996 – cuando los organismos genéticamente modificados (OGM) se introdujeron por primera vez como cultivos agrícolas – y 2011. Eso es un aumento del 7 por ciento.

Muchos pesticidas agrícolas, incluyendo el Roundup, no limitan el daño a los insectos o malezas diana. Las investigaciones han señalado los riesgos para la salud en los animales, insectos beneficiosos y las personas expuestas a los plaguicidas a través del aire, el agua y los alimentos. Muchos productos químicos, advierten los expertos, significa más peligros.

“Ha sido el lento descubrimiento de un choque de trenes”, dijo Charles Benbrook, autor del estudio y profesor en el Centro de Mantenimiento de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Washington.

Benbrook, que sirvió por muchos años como el principal científico para el Centro Orgánico, calculó un salto a 527 millones de libras de uso en herbicidas sólo parcialmente compensados por una disminución de 123 millones de libras en insecticidas durante un período de 16 años. Asimismo prevé que la situación va a empeorar y que la disminución de los insecticidas transgénicos es sólo temporal. Las plagas seguirán evolucionando su resistencia a las tecnologías más antiguas, dijo Benbrook, así como a las nuevas tecnologías desarrolladas para proteger los cultivos con mayor uso de plaguicidas antiguos, generalmente más tóxicos como el 2,4-D.

McAllister dijo que él ha sido testigo de primera mano de la carrera en curso de la biotecnología con la naturaleza.

“Antes de que la biotecnología saliera al mercado, teníamos un avión en el condado para hacer toda la aspersión aérea”, dijo McAllister. “Ahora en siete u ocho años, tenemos la misma superficie de cultivos. Sólo que están rociando más”. Agregó que él ha visto un aumento en el número de niños con autismo, alergias y cáncer en torno a su ciudad natal de Mount Pleasant, Iowa. La mayoría de las muestras que fueron tomadas del aire y de la lluvia de la recogida recientemente en Iowa, como parte de un estudio, contenían glifosato, el ingrediente activo del Roundup.

Mientras tanto, Monsanto y otras compañías biotecnológicas sostienen que los OGM han reducido el uso de pesticidas. Esta afirmación se remarca en una campaña financiada por los gigantes de la agricultura en contra de la Proposición 37, que requeriría el etiquetado de los alimentos genéticamente modificados.

Cuando se le preguntó sobre el nuevo informe, Tom Helscher, director de asuntos corporativos de Monsanto, dijo que la compañía está “al tanto del estudio y lo revisará a fondo”.

Graham Brookes de PG Economics, una consultora británica especializada en biotecnología, es crítico con el nuevo estudio. Sugirió que Benbrook ya había sido crítico con los OGM en el pasado, que usó métodos para llenar las lagunas de los datos incompletos del Departamento de Agricultura de los EE.UU. que sirvieron para exagerar el uso de pesticidas en los cultivos transgénicos y minimizar su uso en cultivos no OGM.

“Está en su derecho de hacer sus suposiciones. Pero yo diría que son parciales e inexactas”, dijo Brookes, cuyos propios estudios financiados por la industria dice que cuentan con datos más exhaustivos y que los estudios de mercado han concluido que los transgénicos reducen el uso de pesticidas. (A diferencia de la información de la USDA, la base de datos utilizada por Brookes no está disponible para el público.)

Benbrook dijo que cree que sus propias suposiciones ya eran “conservadoras”, en todo caso. Otros expertos entrevistados no estaban sorprendidos por los conflictivos resultados sugiriendo que ambos métodos tienen sus limitaciones.

Muchos de ellos también comparten la preocupación de Benbrook de que, sin importar el volumen de pesticidas desplegados hasta la fecha, los OMG podrían desencadenar una mayor dependencia de sustancias químicas en el futuro.

Alex Lu, de la Escuela de Harvard de Salud Pública, señaló que las semillas transgénicas resistentes a múltiples pesticidas, incluyendo el 2,4-D, puedan ser aprobadas en un esfuerzo por salvar a los agricultores de las supermalezas resistentes al Roundup.

“Esto tan sólo será un freno el en el inevitable camino”, dijo Lu. “Me temo que vamos a ver el mismo problema, tal vez aún más grave, en un futuro cercano”.

La misma advertencia ha sido emitida durante décadas. Al menos tan antigua como la “Primavera Silenciosa” de Rachel Carson, los científicos lo han llamado el “atolladero de los pesticidas”.

Las malezas resistentes al 2,4-D ya están apareciendo. Benbrook estima que si el maíz resistente al 2,4-D se libera, el uso del compuesto químico aumentará 30-veces para el 2019 de los 2000 totales.

Ken Ostlie, entomólogo de la Universidad de Minnesota, también considera que el modelo que se sigue con el maíz de Monsanto diseñado para defenderse de los más grandes enemigos de los cultivos, como el gusano de la raíz, produciendo sus propias toxinas Bt “tuvo un gran potencial. Inicialmente vimos una disminución notable en el uso de insecticidas”, dijo Ostlie.

Sin embargo, a los seis años de la llegada del maíz OGM, aparecieron las superbacterias que pueden soportar el Bt y se extendieron dramáticamente este verano, añadió Ostlie. Los agricultores están aplicando insecticidas como complemento a la característica falta del OGM, lo que algunos estudios sugieren que podría plantear sus propios problemas de salud pese a las afirmaciones de seguridad de la industria.

John Wargo, de la Universidad de Yale, dijo que las empresas agrícolas controlan los estudios que sirven de base para la concesión de licencias a las nuevas tecnologías. “Lo que eso significa es que la industria tiene la oportunidad de dar forma a la imagen de un producto químico”, dijo.

El poder de las empresas de biotecnología y de pesticidas – por lo general la misma empresa – va más allá, según McAllister, quien perdió 1 millón de dólares durante un litigio con Monsanto que duró años después de enfrentarse a la empresa y luego de ser acusado de haber robado sus semillas, lo que él niega.

“Monsanto tiene el control de lo que plantamos”, dijo. “Esto está fuera de control”

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Lynne Peeples | huffingtonpost.com

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