Condiciones laborales en la minería de uranio en Namibia. Entrevista a Hilma Shindondola Mote.


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Ecología Política (E.P.): ¿Quién es Hilma Shindondola-Mote?

Hilma Shindondola Mote (H.Sh.): Me llamo Hilma Shindondola-Mote, soy de Namibia y soy la directora de una organización llamada Instituto de Investigación y Recursos Laborales (LaRRI).1 LaRRI es una organización de investigación en temáticas laborales, económicas y de desarrollo, tanto en Namibia como en otros países africanos. Entre muchos otros ámbitos (como por ejemplo el impacto de las inversiones exteriores en África) tratamos las problemáticas relacionadas con la minería de uranio en Namibia, y en particular las condiciones laborales y las implicaciones sobre la salud de los trabajadores.

E.P.: ¿Qué factores conducen la inversión en minería de uranio en África?

H.Sh.: Hay varios aspectos, por un lado obviamente la creciente demanda aumenta la inversión en minería en todo el mundo. Pero hay una serie de factores que hacen que la inversión en África sea superior a la inversión en otros países dónde también hay uranio: en general el marco legal presenta deficiencias, la mano de obra es barata, los márgenes de beneficio son mayores, la sociedad civil es débil y existe una falta de información sobre el conjunto de las actividades asociadas a la cadena nuclear y la vinculación entre la actividad extractiva y el destino final del uranio.

E.P.: ¿Cómo describirías las condiciones laborales en la minería de uranio en Namibia?

H.Sh.: En general las compañías mineras en Namibia pagan mejor que en otros sectores, pero contratan a un número bastante limitado de trabajadores. Los Estados favorecen la instalación de las compañías mineras prometiendo grandes cantidades de puestos de trabajo, pero en la prácticael número de trabajadores es cada vez menor debido al incrementode la automatización de los procesos mineros.
Uno de los principales problemas que hemos detectado está relacionado con las condiciones laborales que se dieron al inicio de la explotación minera. La actividad minera se inició en Namibia en 1976, y hasta 1981 los trabajadores estuvieron realizando la extracción sin ningún tipo de ropa protectora. Como consecuencia estuvieron inhalando polvo radioactivo, en particular radón, y fueron expuestos a un nivel de radioactividad alto. A partir de los años ochenta empezaron a ofrecer a los trabajadores algunos vestidos protectores que resultaron también ser insuficientes. Principalmente lo que hicieron fue poner dosímetros a los trabajadores, pero algo que no hicieron —y continúan sin hacerlo— es explicar a los trabajadores las implicaciones que tiene para la salud trabajar en la minería de uranio. De hecho continúan negando en muchas ocasiones las implicaciones sobre la salud, argumentando que la exposición es de baja intensidad. A principios de los años ochenta hubo una gran presión por parte de los sindicatos que habían oído de la peligrosidad de esta actividad en otros países, pero las empresas negaron que hubiera riesgo para la salud de los trabajadores. Cuando los trabajadores insistieron sobre por qué comenzaban a notar efectos negativos sobre su salud la compañía comenzó a decirles que era por culpa de su estilo de vida, porque tenían sida, porque comían demasiada carne, etc. El principal problema al que nos enfrentamos es poder probar que un problema de salud está vinculado a las condiciones laborales. En una ocasión un trabajador con cáncer de garganta de una sucursal de Río Tinto (la empresa minera de uranio más antigua en Namibia) llevó su caso a la justicia británica, pero no tuvo éxito. En la actualidad está muerto y su mujer continúa tratando de impulsar el juicio.

1 Más información disponible en: http://www.larri.com.na/.

E.P.: ¿Qué tipo de barreras existen a la hora de demostrar esta vinculación?

H.Sh.: Uno de los principales problemas es que los historiales médicos de los trabajadores no se ponen a disposición de los propios trabajadores, y por tanto es muy difícil obtener la información sobre la salud. Las empresas disponen de la información pero no la facilitan. Es muy usual que las empresas atiendan a los trabajadores en su propio hospital, por lo que la información la tienen totalmente controlada. Incluso cuando los trabajadores tienen que ser atendidos en el exterior —a veces los llevan incluso a Sur África— se les envía a unos médicos que están de acuerdo con la propia empresa, por lo que no consiguen obtener la información sobre su propia salud. Los únicos trabajadores que acceden a la información son aquellos que han podido ser diagnosticados por médicos independientes. Tenemos por ejemplo el caso de un ex trabajador que fue a un doctor a Ciudad del Cabo y sin decirle que trabajaba en la minería de uranio le explicó sus síntomas. El doctor lo inspeccionó y vio que los pulmones presentaban alteraciones importantes. Tras una serie de pruebas le informó que tenía cáncer de pulmón y que estaba convencido que o bien trabajaba con asbestos o bien en minería de uranio. Es sólo un ejemplo pero estamos convencidos que hay suficientes evidencias para decir que a los trabajadores se les ha mentido sobre su salud, y que las empresas multinacionales de extracción de uranio continúan aprovechándose de la ignorancia de la población. Necesitamos presión internacional, a través de la solidaridad, para acabar con esta impunidad.

E.P.: ¿Qué rol juega el gobierno de Namibia en esta problemática?

H.Sh.: Como bien sabes Namibia es independiente únicamente desde hace veinte años. Existe una gran presión sobre el gobierno para que obtenga resultados. En África obtener resultados en muchas ocasiones se asocia a atraer inversión extranjera, como si fuera una panacea a todo tipo de problemas socioeconómicos. Lo cierto es que el gobierno de Sur África era accionista de la principal empresa minera de uranio de Nigeria (Rossing Uranium),2 que funciona desde hace 30 años, cuando el gobierno de Sur África controlaba el país. Una vez que el actual gobierno de Namibia tomó el poder ha continuado siendo accionista minoritario de la empresa —con un 3% aproximadamente de la misma.3 Por tanto incluso para el propio gobierno no es fácil reconocer esta problemática. Además no es fácil forzarles a actuar debido a la falta de datos científicos que muestren la problemática y la falta de información de la población.

2 Nota: Puede encontrarse más información contextual sobre los niveles de explotación en Namibia en http://www.world-nuclear.org/info/inf111.html.
3 Según Word Nuclear Rossing Uranium Ltd tiene en la actualidad la siguiente distribución de accionistas: 68% Rio Tinto, 15% Irán, 10% Industrial Development Corporation de Sur África y 3% el gobierno de Namibia.

E.P.: ¿Cuáles son las perspectivas?

H.Sh.: Namibia en la actualidad es el tercer o cuarto país en extracción minera de uranio del mundo, con la voluntad declarada de pasar a ser el máximo productor.
Tenemos operativas tres explotaciones mineras situadas en las zonas más prístinas del país, las que tienen más potencialidad turística, en el desierto de Namib. También tenemos dieciséis explotaciones más. Lo cierto es que estamos dañando un área de la cual podríamos obtener muchísimos recursos a largo plazo a través del turismo, una opción que nos parece mucho más sostenible en el tiempo. Todos sabemos que la minería de uranio trae beneficios a corto plazo, pero los aspectos negativos son mucho mayores y prolongados en el tiempo.

E.P.: ¿Se ha dado algún tipo de resistencia por parte de algún sector social a la minería de uranio?

H.Sh.: La verdad es que la oposición por parte de la sociedad civil ha sido limitada. Namibia es un país con poca población, 2.1 millones de personas, de las cuales muy pocas tienen un nivel educativo medio o alto, además tenemos un 51% de paro. La consecuencia es que si a alguien le dices que corre un riesgo en su puesto de trabajo, y que quizás se ponga enfermo en cinco años, no es un argumento suficientemente fuerte. La respuesta es, voy a aceptar el trabajo porque tengo hambre ahora y he de alimentar a mi familia. Eso explica la falta de oposición

E.P.: Muchas gracias por las respuestas y mucha suerte.

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Revista  Ecología Política | ISSN: 1130-6378

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