La Medicina “Basada en la Evidencia” tiene el mismo valor que lanzar una moneda al aire.


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¿Qué pasaría si el 90% de los estudios revisados por pares de la investigación clínica, el santo grial del sistema médico convencional, fuera exagerado, o peor, fuera completamente falso?

Se está produciendo un movimiento sísmico en el campo de la medicina basada en la evidencia que muy pocos conocen, pero que (y probablemente ya lo hace) afecta a todos, así como al estándar de atención médica de hoy en día que sigue en gran parte este modelo.

La sangre que da vida a la “medicina basada en la evidencia” – los resultados de la investigación clínica de las publicaciones revisadas por pares- que legitima toda la infraestructura y la superestructura sobre la cual se erige el conocimiento y la práctica médica convencional, se ha revelado como evidentemente falsa en su gran mayoría.

Caso en cuestión: en un ensayo del 2005, ” Por qué la mayoría de los Resultados de la investigación publicada son falsos “, el documento más descargado de todos los tiempos en PLoS, la Biblioteca Pública de Medicina revisada por pares ( peer-review), la revista de acceso abierto, donde John P. A Ioannidis explica con detalle cómo “Se puede demostrar que la mayoría de los pretendidos resultados de la investigación son falsos”. Y que “para muchos campos científicos actuales, los pretendidos resultados de la investigación pueden ser a menudo simples medidas cuidadosas con la tendencia dominante.”

The Atlantic publicó un artículo sobre el trabajo de Ioannidis, en el 2010, titulado ” Mentiras, malditas mentiras y ciencia médica,” que bien vale la pena leer, y que iluminó en que “Mucho de lo que los investigadores médicos concluyen en sus estudios es engañoso y exagerado, o lisa y llanamente equivocado ¿Por qué entonces los médicos – en una mayoría sorprendente – continúan basándose en una información errónea en su práctica cotidiana?”

[Ioannidis] profundiza en 49 conclusiones de la más respetada investigación en medicina durante los últimos 13 años, a juzgar por dos medidas estándar de la comunidad científica: los artículos aparecian en las revistas de investigación más citadas y los 49 artículos mismos eran los más ampliamente citados en las revistas.

… De los 49 artículos, 45 afirmaban haber descubierto intervenciones eficaces. Treinta y cuatro de estas reclamaciones habían sido re-examinadas, y 14 de éstas, o el 41%, habían sido  demostradas de manera convincente como erróneas o significativamente exageradas. Si entre un tercio y la mitad de las investigaciones más aclamadas de la medicina estaba resultando ser poco fiable, el alcance y el impacto del problema eran innegables. Este artículo fue publicado en el Journal of the American Medical Association.

La revista Time escribió acerca de los hallazgos de Ioannidis el mismo año con el artículo ” Demanda de un investigador: el 90% de la investigación médica es incorrecta “- cuyo título habla por sí solo.

Tenga en cuenta que el modelo de la “medicina basada en la evidencia” es el “estándar de oro” de la investigación médica convencional que mueve billones de dólares y que Ioannidis dice ahora que es en su mayoría falso. Este modelo, que aparentemente prospera a pesar, o incluso debido a su falsedad, determina en gran medida qué medicamentos se utilizan, cuáles son los procedimientos quirúrgicos empleados, o por el contrario, los tratamientos que no se pueden utilizar, por ejemplo vitaminas, especias, etc en la prevención de la enfermedad o en el tratamiento. También protege a quienes practican esta forma de medicina dominante que se erige como única y verdadera y legalmente sancionadora contra las potencialmente dramáticas responsabilidades moral, penal y financieras de las que es responsable – así es, siempre y cuando la verdad continúe  sepultada.

¿Cuanta gente es consciente, por ejemplo, de que la Revisión Cochrane sobre la prevención de la gripe en niños sanos mediante vacunas contra la gripe demuestra que las pruebas de su seguridad y eficacia en niños menores de dos años (la población más susceptible a las lesiones inducidas por la vacuna) es notoria por su ausencia? ¿Por qué iba alguien a cuestionar la racionalidad de la vacunación de los lactantes y niños pequeños contra la gripe cuando los CDC y la FDA la presentan como inequívocamente segura y eficaz? Como dice el comentario:

Fue sorprendente encontrar sólo un estudio de la vacuna inactivada en niños menores de dos años, teniendo en cuenta las recomendaciones actuales para vacunar a niños sanos a partir de seis meses de edad en los EE.UU., Canadá, algunas partes de Europa y Australia. Si la inmunización en los niños va a ser recomendada como una política de salud pública, los grandes estudios evalúan los resultados importantes, y comparan directamente las vacunas que se necesitan con urgencia.

O bien, entre las decenas de los millones de estadounidenses que toman los medicamentos llamados estatinas para la prevención primaria o secundaria de la enfermedad cardiovascular, ¿cuantos de ellos se dan cuenta de que hay más de 300 efectos adversos para la salud documentados en la literatura científica asociados con el uso de estos tipos de medicamentos químicos, entre los que están el debilitamiento y daño del músculo cardíaco?

Lamentablemente, ejemplos como estos pueden ser la regla y no la excepción.

La medicina basada en la evidencia (MBE), por supuesto, se basa en una estructura de poder epistemológico dispuesta como una pirámide jerárquica. La “calidad de la evidencia” determina si se puede decir que algo es verdadero o falso. En el nivel más bajo, en la “base” de la pirámide, está la Anécdota, considerada sin valor alguno, la cual abarca a muchos sistemas de medicina popular que emplean alimentos y plantas medicinales y todavía es designada por la mayoría como su sistema de atención primaria, seguido de: Estudios celulares > Estudios con Animal> Estudios Humanos> Estudios Clínicos> Meta-análisis y Revisiones Sistemáticas de Ensayos Clínicos.

Este modelo supone, con un característico estilo napoleónico, que lo que no es oficialmente confirmado como verdadero, no es cierto. Las hierbas y vitaminas, por ejemplo, casi nunca son consideradas como “basadas en la evidencia” y creíbles porque no se ha ejecutado el guante de los ensayos clínicos, pre-requisito necesario para que puedan ser identificados como terapias bajo este modelo. El hecho de que nuestro cuerpo, por ejemplo, requiera vitamina C a fin de sobrevivir, no dispone de suficiente evidencia que apoye la idea de que puede resultar valioso tomar dosis supletorias más allá de la cantidad diaria recomendada (la que puede mantenerle sólo a unos pocos miligramos por encima de los valores de inanición / deficiencia).

El hecho es que los ensayos clínicos con humanos pueden costar millones de dólares, y que a fin de demostrar el valor de un medicamento que pueda ser aprobado por la FDA, debe ser conducido a través de las fases I, II y III de los ensayos clínicos (que cuestan en promedio $ 804 millones). El “estándar de oro” de la medicina basada en la evidencia por lo tanto, traiciona el aforismo: “Aquellos que poseen el oro hacen la norma”. Por principio, por tanto, todas las sustancias naturales, que no se prestan a ser patentadas, ya que no otorgan al fabricante exclusividad, nunca alcanzarán la aprobación de la FDA de medicamentos legítimos.

Mientras  el sistema médico convencional puede reclamar que esto se debe a que carecen de “evidencias” de seguridad y eficacia (a pesar del hecho de que la cúrcuma, por ejemplo, ha sido usada durante miles de años por millones de personas como alimento y medicina), pero la realidad es que sólo carecen de “pruebas” porque no pueden ser efectivamente controlados y monetizados como instrumentos de propiedad del poder médico.

En última instancia, los resultados de Ioannadis reflejan un error congénito y potencialmente fatal en el corazón mismo de la ciencia moderna en sí:  es decir, una tendencia a la cientificismo.

El cientificismo es la idea de que la ciencia natural es la más autorizada cosmovisión o aspecto de la educación humana y que es superior a todas las demás interpretaciones de la vida. Por otra parte, el cientificismo acepta como reales y válidas sólo aquellas cosas que puede confirmar empíricamente, manteniéndose escéptico con esas cosas que no quiere o no puede confirmar, por ejemplo con la homeopatía, la existencia del alma, una inteligencia innata del cuerpo, o peor aún, a menudo las niega tachándolas de no científicas o de “charlatanería”.

Por ejemplo, un supuesto fundamental de toda investigación científica es que las cosas están hechas de ” objetos materiales reales”, es decir, el ordenador con el que estoy escribiendo es un conglomerado de átomos. Pero, un momento, la mecánica cuántica, que homólogamente profundizó en la ilusión de la materialidad, reveló que lo que subtiende la ilusión de las cosas macroscópicas es un reino subatómico cuya mejor descripción es que esta formado por campos de posibilidad, donde las partículas pueden estar en dos sitios a la vez, o comunicarse más rápido que la velocidad de la luz (no-localidad), etc, básicamente, violando todas las leyes fundamentales consideradas como inviolables en nuestro nivel de percepción macroscópica cotidiana. Así que, en muchos aspectos, tienes a la investigación científica, como el sustento menos firme para saber lo que realmente es real, y lo que crees que sabes.

Además, el cientificismo – esta falsa sensación de seguridad en el saber – conduce inevitablemente al monoteísmo médico: la creencia de que sólo hay un camino verdadero y justo para prevenir y tratar la enfermedad, y que todos los no creyentes son intrínsecamente inferiores y son tratados como unos maleducados, locos, o como herejes que deben ser procesados con todo el peso de la ley.

Así es como llegamos a nuestros días de dictadura médica pseudo-científica. Digo pseudo en la medida en que la ciencia significa un intento de discernir la verdad sin prejuicios, lo que es una facultad humana, el anhelo del alma, un reto constante que debemos afrontar en cada momento que tratamos de encontrar algo mejor. La ciencia no es una “marca”, una “posesión”, una facultad exclusiva de una casta de élite científica, dispensada ​​únicamente a través de instituciones monolíticas. No puede pretender negar todo lo que no es explícitamente confirmado sin ser un órgano e instrumento del fascismo, el control, la división y la ignorancia y miopía institucionalizadas y obligatorias.

La medicina natural, por principio, nunca alcanzará legitimidad dentro de la estructura de poder actual. El dinero simplemente no fluirá en dirección de descubrirla, o simplemente de confirmarla mediante pruebas, lo que potencialmente y a menudo obvia curar con alimentos y sustancias naturales y otras intervenciones – es decir, más allá del considerable cuerpo de investigación preclínica que hemos hecho todo lo posible por reunir en el índice de Greenmedinfo.com.

Estas limitaciones, sin embargo, se están superando en estos momentos. La revelación de que la  “evidencia basada en” el monopolio de la verdad  en sí no se basa en evidencia alguna, tal vez en la mayoría de los casos, tiene implicaciones mundialmente históricas. Quizás haríamos bien en recobrar nuestra intuición, basárnos en las antiguas prácticas médicas dietéticas y naturales para recuperar el control de nuestra salud. Por ejemplo, el preguntamos “¿cómo me siento?” no es una cuestión menos esencial que la de “¿cuál es mi nivel de colesterol LDL?” Ciertamente, en el primer caso la respuesta es inmediata, y no se expone a debate. Después de todo, ¿es la evidencia de nuestra experiencia de primera mano menos válida que un ensayo de un medicamento multimillonario financiado por Merck? Es simplemente una cuestión de si optamos por permanecer firmes, o de regalar nuestro poder a la ligera a cambio de la narcótica fe ciega en un sistema médico convencional, cuya credibilidad como un sistema diseñado para descubrir y aplicar verdades empíricamente confirmadas (suponiendo que el trabajo de Ioannidis sea preciso) hace tiempo que desapareció.

Sayer Ji | 9 de noviembre de 2012 |  Greenmedinfo.com

Traducido por JM | Disiciencia

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