La gran empresa ¿agente de la emancipación femenina?


En “El capitalismo contra el machismo (o porqué las mujeres deben entregarse sin condicionesal poder constituido)” publicado en este mismo blog dábamos cuenta del compromiso de un nutrido grupo de las empresas del IBEX 35 con la aplicación de la Ley de Violencia de Género a través de incorporar a su publicidad las consignas contra la violencia machista y ahora, además, fomentar la contratación de mujeres maltratadas.

El Corte Inglés, Mango, BBVA, Mahou, IKEA, Fundación “La Caixa”, Endesa, NH Hoteles y Carrefour, entre otras, han firmado un convenio con el Ministerio de Sanidad con este fin, así todas ellas pasan a engrosar el número de las “asociaciones filantrópicas” dedicadas a salvar a las mujeres de su enemigo histórico, sus parejas masculinas. La imagen de altruismo desinteresado que ofrecen los emporios del capitalismo más puro, haciendo de nuevos entes protectores de la mujer (tarea en la que se suman a las instituciones del Estado, el ejército, las policías y la judicatura ) forma parte de la constitución de ese descomunal aparato de tutela y dominio social total a que nos abocamos.

Quienes han intentado vendernos una imagen de la ortodoxia feminista mayoritaria como consustancialmente enfrentada con el capitalismo lo tienen más difícil para oponer la defensa que hacen de la Ley de Violencia de Género –bien directamente y sin reservas o bien críticamente pero apoyando sus presupuestos básicos – de la que realizan las grandes compañías capitalistas.

En realidad lo que es observable en los últimos cien años es la connivencia entre la mayor parte de los feminismos y el capitalismo, de manera que han sido las fundaciones vinculadas a la gran industria burguesa las que han financiado y llevado a cabo, junto con los organismos internacionales y los gobiernos, lo principal de los programas feministas. Han sido los Rockefeller, Ford, Gates, Marconi, Volkswagen etc. los que han desarrollado en el mundo las campañas de “planificación familiar” (eufemismo que encubre las violentas intervenciones de esterilización masiva llevadas a cabo en una parte del planeta y la combinación de manipulación de la conciencia y prohibición de la maternidad en otra) y los que han colaborado con los Estados en la creación de las políticas de género y el ascenso de una casta de mujeres poderosas que ha fortalecido enormemente las instituciones de dominio sobre los pueblos del mundo.

Los feminismos, a cambio, han modificado la conciencia de la realidad de millones de mujeres que han sido convencidas de que su libertad estaba vinculada al trabajo a salario y el profesionalismo obsesivo de modo que han dejado de ser mujeres, es decir, seres humanos singulares, integrales y completos, para convertirse en mano de obra y dóciles productoras dedicadas en cuerpo y alma a incrementar las ganancias y el poder de los y las capitalistas.

Los grandes emporios económicos como el Corte Inglés, Endesa o el BBVA se vuelcan hoy en el patrocinio de la LOVG porque esta ley inicua, injusta e inaceptable, casa a la perfección con sus intereses más radicales. Las empresas han reprobado siempre que sus empleadas tuvieran pareja o hijos porque ello distrae una parte de su energía y su vocación en tareas no productivas desde el punto de vista de la circulación económica capitalista. Todos y todas sabemos lo común que es que en las entrevistas de trabajo se pregunte por la vida sentimental o familiar a las mujeres y que se presione a las asalariadas para que no tengan hijos o se las despida si se quedan embarazadas.

El incremento del maltrato real por un lado y del imaginado como tal por el ascenso de una falsa conciencia elaborada por el aparato de poder, además de la creciente violencia y desencuentro entre los sexos, tendrá como consecuencia la creación de una sociedad de seres solitarios y desamparados, sin capacidad para encontrarse o vincularse y, por lo tanto, despojos humanos dispuestos a venderse sin condiciones a las corporaciones capitalistas ¡Qué mejor situación cabe imaginar el empresario o empresaria que esa! Es lógico que las empresas prefieran mujeres que tengan una historia real o imaginada de malos tratos pues estarán tanto más agradecidas y obligadas para con sus “benefactores” y serán menos proclives a establecer nuevas relaciones puesto que se las ha convencido de que todos los hombres (menos los empresarios, los jefes, los policías y los funcionarios) son maltratadores en potencia.

Los hombres estarán también convenientemente corregidos y escarmentados cuando una parte sustancial de ellos hayan pasado por la cárcel o estén en peligro de entrar en ella como de hecho está pasando hoy cuando más de 150.000 hombres han sido condenados por esta ley que es causa principal de que se haya duplicado la población reclusa en el Estado español, población que se encuentra entre las más altas de Europa Occidental a pesar de tener uno de los índices de delincuencia más bajos, de ese modo serán también más sumisos y mansos.

La idea de crear un ser completamente funcional como trabajador puro, sin vida personal ni afectiva, dominado por completo por la organización empresarial es acariciada desde sus orígenes por el capitalismo. El sometimiento y apartamiento de las mujeres de la vida es un elemento fundamental de ese proyecto porque el colectivo femenino ha sido históricamente el eje sobre el que pivotaba la vida personal y privada de los sujetos.

Los experimentos para convertir a la mujer en obrera total se realizaron primero en la revolución industrial –sin éxito porque la sociedad no estaba preparada para ello-, después, durante la II Guerra Mundial, se hicieron algunos ensayos como la operación “Manos a la Obra” que EEUU desarrolló en Puerto Rico incorporando a cientos de miles de mujeres a la industria con la obligación de someterse a la ligadura de trompas previamente. Fueron esterilizadas un tercio de la población femenina puertorriqueña. Esto se ha convertido en cotidiano en numerosas zonas del planeta (en Sudáfrica, por ejemplo, se pedía un certificado de haberse inyectado el peligroso anticonceptivo Depoprovera antes de firmar un contrato en muchas fábricas) de manera que el ascenso del capitalismo se adhiere a un modelo de existencia femenino que es también el que defiende un feminismo mostrenco y androfóbico, que tiene una de sus máximas exponentes en Simone de Beauvoir, que condena la maternidad para que la mujer pueda pasar a ser explotada sin limitaciones por los burgueses y burguesas a los que ella pertenecía pues la industria de la conciencia ha sido y es uno de los más lucrativos negocios vinculado a las necesidades del poder establecido.

Hoy, el trabajo esclavo es una práctica en ascenso en todo el planeta, son China y las potencias emergentes quienes lideran este proceso, pero en ello participan todas las grandes corporaciones capitalistas, incluidas algunas de las que han firmado el convenio con el Ministerio de Sanidad o están a punto de firmarlo. En efecto un informe de Intermon Oxfam denuncia a Zara (Inditex firmará el convenio sobre el maltrato en breve) El Corte Inglés y Mango, entre otros, por utilizar este modelo de producción de semi-esclavitud en una parte de sus fábricas fuera de Europa.
En estos países en los que las trabajadoras son tratadas como ganado de labor, se han devastado previamente todas las estructuras de convivencia, se ha estimulado la violencia política, social y personal hasta límites insoportables y, realizado esto, se ha creado el tejido para encerrar en las maquilas y las fábricas de todas las ramas productivas a unas mujeres que no tienen otra opción que dejarse explotar hasta el agotamiento de sus fuerzas vitales.

La Ley de Violencia de Género tiene ese mismo objetivo, devastar la sociedad civil, liquidar las estructuras tradicionales de convivencia –aspecto que cabe dar por realizado en lo fundamental- y estimular la violencia social hasta que las personas busquen en la protección de las organizaciones del poder económico, político y militar su única forma de sobrevivir. Es obvio que, lejos de ser solución a la violencia, esta ley es un instrumento para potenciarla, lo que se ha demostrado en los hechos porque en los ocho años transcurridos desde su promulgación ésta lacra no solo no ha menguado sino que se incrementa.

Quienes hoy se dejan seducir y fascinar por los discursos filantrópicos de los Amancio Ortega (el dueño de la primer empresa textil del planeta, Inditex, y el más rico del continente europeo) o su ex-mujer Rosalía Mera (tercera fortuna de España) o de los Isidoro Álvarez del Corte Inglés, mañana pueden ser esclavas en alguno de sus talleres.

Mientras seguimos mirando hacia otro lado, paralizadas por el miedo, acobardadas o creyendo que nuestros verdugos son nuestros benefactores los cambios que se están produciendo dibujan un futuro espantable para los hombres y las mujeres del pueblo, esto significa que esta magna operación de guerra entre los sexos y asociación de las mujeres con el poder constituido evidencia una amenaza tan decisiva sobre el cuerpo social que frenarla necesitará de la alianza entre todos y todas los que deseamos seguir viviendo como seres humanos.

A la acción positiva y enérgica contra la guerra de los sexos y sus instrumentos como la Ley de Violencia de Género deberíamos sumarnos mujeres y hombres olvidando adscripciones ideológicas, políticas y religiosas, también los y las feministas que desean una liberación de la mujer auténtica y aspiran a la superación del sexismo. Mientras sigamos divididos el infierno en la tierra (¿cómo si no habríamos de calificar un lugar como Ciudad Juarez?) seguirá ganando terreno hasta hacerse una realidad tangible y permanente.

Prado Esteban Diezma | Mujer, verdad y revolución social.

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Comments

  • Marisol  On 07/07/2012 at 23:41

    Gracias muy interesante artículo, como defensora de las criaturas siempre diré que no se puede aspirar a ser libre ‘pisoteando las necesidades biológicas fundamentales de las criaturas. Saludos

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