El giro estatolátrico.



PRÓLOGO

La involución en los últimos años hacia el culto al Estado, giro que comenzó a manifestarse en 1990-2000, de la amplia mayoría de la otrora oposición militante al régimen constituido está ocasionando una situación política sobremanera negativa. Esa transformación aberrante lleva a dar soporte, todavía por omisión en la mayoría de los casos pero pronto de manera asertiva y directa, al aparato militar y policial, la esencia misma del ente estatal. No menos desasosegante es el rechazo de tacto a denunciar y combatir el orden constitucional, partitocrático y parlamentarista vigente, al que aquélla da respaldo conforme al adagio de que quien calla otorga.

Ciertamente el espíritu socialdemócrata, la estatolatría, el culto por lo existente idealizado triunfan ahora por doquier en nombre de un ”anticapitalismo” que es una de las expresiones más funestas del capitalismo al asentarse en la veneración por su matriz y elemento agente, el ente estatal.

Lo que tal sistema de ideas diseña es una sociedad de neo-siervos del Estado salvador, seres ya no del todo humanos, totalmente sometidos a las élites organizadas como ente estatal, muy similar a la que Orweil denuncia, pero incomparablemente más poderosa y efectiva.

En ella nada quedará —apenas ya queda nada— de la libertad, la esencia concreta humana, la verdad, la sociabilidad, la transcendencia, las funciones del espíritu, el afecto y servicio de unos a otros, los sistemas autogestionados para la ayuda mutua, en suma, de la civilización, virtud y vida buena.

Hacia esa meta marchamos a buen paso en nombre de los portentos y maravillas que ha de proporcionarnos un Estado de bienestar perfecto, vale decir, un artefacto estatal total, al que hay que defender con uñas y dientes contra unas supuestas fuerzas privatizadoras puramente inventadas para estimular el enamoramiento por lo estatal, ahora presentado como “lo público”, esto es, cosa de todas y todos.

Los embelesados con el artefacto institucional afirman que “la derecha” ansia desmantelar el Estado de bienestar, pero ¿cómo puede creerse tan chusco aserto cuando ha sido la misma derecha, fascista y parlamentansta, la que más ha contribuido en Europa a su creación y desarrollo? En “España” el Estado de bienestar es, sobre todo, obra de Dato, Franco, la UCD y el PP, en particular de Franco, que fue quien hizo lo sustancial de su estructura con la Ley de 1963. En el resto de Europa han sido personajes y movimientos como Bismarck, Hitler, el fascismo italiano y los partidos demócrata-cristianos creados tras la II Guerra Mundial quienes más han hecho por instaurar el Estado “social”, siendo secundaria la participación de la izquierda y la socialdemocracia, por más que ahora sean éstas las que levanten la reaccionaria bandera de la “defensa de lo público”.

En realidad, el principal “logro” del Estado de bienestar es haber contribuido decisivamente a la destrucción del movimiento obrero consciente, combativo y organizado.
Ha sido, por un lado, el régimen de Franco y, por otro, el Estado de bienestar los que han realizado esa tarea de demolición.

Así las cosas y en una coyuntura tan preocupante no hay otra opción que citar por su nombre aquellos textos que aplauden, al aclamar al Estado providencia, la que seguramente es la peor forma de opresión y subhumanización conocida, con la excusa de una pretendida oposición al capitalismo privado y una supuesta defensa del bienestar, de la felicidad universal, eterna y total para las clases populares. No se desea incomodar a nadie, mucho menos agraviar u ofender, aunque, tal como están las cosas, y teniendo en cuenta la extraordinaria gravedad y trascendencia de lo que está sucediendo, cada cual ha de asumir la responsabilidad de lo que dice y hace, por lo que en el presente trabajo se llamará al pan, pan, al vino, vino y a la nueva hornada de apologetas del Estado de bienestar y neo-funcionarios, nuevos reaccionarios. Por eso, admito que “El giro estatolátrico” es sobre todo un panfleto, pero un panfleto hecho desde el afecto, la devoción por la verdad y la buena fe, un panfleto ineludible e imprescindible. Por encima de todo ha de prevalecer la voluntad de objetividad que en este caso se transforma necesariamente en cuestionamiento, vituperación e incluso denuncia con respeto, sí, pero también con firmeza, y hasta el fin.

El combate por la libertad (de conciencia, política y civil) contra el Estado en todas sus formas y ergo contra el capitalismo privado y estatal urge y apremia. A ello convoco a todas y todos, antes de que sea demasiado tarde y ya no haya remedio.

Por la libertad se ha de entregar todo, se han de realizar los mayores sacrificios. Vivimos la hora del esfuerzo y la lucha con muy escasas probabilidades de éxito, ciertamente, pero por ello mismo uno y otra están más plenos de pureza de intenciones, heroísmo y sublimidad.

Si el giro estatolátrico triunfa se habrá constituido una sociedad de subhumanos sobre-sometidos, similar a las del norte de Europa, algo terrible, pues las esperanzas de emancipación, de creación de un nuevo orden social libre y moral se habrán esfumado. Será la mayor catástrofe política y ética acaecida desde los siglos XIII-XIV, cuando se fundó el actual ente estatal.

A quienes son estatófilos de buena fe, la inmensa mayoría, me atre- vería a darles un consejo, que no se dejen ganar por las frases, los sofismas, los dogmatismos, los axiomas y las abstracciones, que estudien imparcialmente la realidad, que acudan a un análisis minucioso de lo existente, pues la gran baza de los devotos del ente estatal en la forma de Estado de bienestar es el ocultamiento de los datos, el escamoteo de los hechos, su sustitución por formulaciones ideológicas, sofísticas y adoctrinadoras, mera mercadotecnia del poder constituido. La realidad es la clave, en este asunto y en todo, no las creencias, no las frases, no la retórica doctrinaria y teorética. Por eso, el libro que tenéis en vuestras manos realiza un esfuerzo notable por investigar lo real en tanto que real, ateóricamente, desde sí, sin apriorismos.

Es necesario ante cuestiones tan graves, que marcarán la vida del cuerpo social en todo el siglo XXI, acudir a medidas especiales, particularmente efectivas. Entre ellas destaca la auto-organización para el estudio de los asuntos aquí considerados. Esto equivale a autogestionar el saber y el conocimiento, no dejando esta tarea como patrimonio de unas pocas personas, no delegándola en nadie, asumiéndola cada una y cada uno con inteligencia, responsabilidad, determinación, espíritu de sacrificio y voluntad de llegar hasta el fin.

Félix Rodrigo Mora
El giro estatolátrico. Repudio experiencial del estado de bienestar
Editorial Maldecap

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