La tecnociencia como política.


Política pública en la organización de los procesos tecnocientíficos

La concepción heredada de la ciencia que viene del positivismo lógico
de los años 30 dibuja una ciencia guiada por valores puramente epistémicos
(de racionalidad, rigor, consistencia lógica, contrastabilidad, publicidad, e
intersubjetividad) y autónomos (i.e. no marcados por intereses externos a
la práctica científica) que son los que supuestamente marcan y aseguran la
excelencia de la ciencia y sus resultados. Se consideraba por tanto que la
ciencia era una práctica autorregulada y desinteresada.

En el marco de esta interpretación de la ciencia y después de la segunda
guerra mundial (y el papel fundamental que la ciencia y la tecnología jugó en
ella), fue elaborado el informe Bush (1945), cuyo título “Science, the End-
less Frontier” condensa ya el optimismo y confianza en las posibilidades del
desarrollo científico. El informe de Vannevar Bush de 1945 marcó la políti-
ca científica de los EEUU, que pronto se extendería al resto de los países
desarrollados incluidos los comunistas. En palabras del autor

Advances in science when put to practical use mean more Jobs,
higher wages, shorter hours, more abundat crops, more leisure
for recreation, for study, for learning how to live without the
deadening drugery which as been the burden of the common man
for ages past. But to achieve these objectives… the flow of new
scientific knowledge must be both continuous and substantial.
(Bush, 1945, p.5), tomado de (Sarewitz, 1996, p.l7)

Figura 1: Modelo lineal de Bush (1945) del desarrollo tecnocientífico y el beneficio social derivado él.

La imagen de una ciencia autónoma y autorregulada de la que inevita-
blemente se siguen beneficios sociales dio lugar a una política científica de
“laissez faire” (dejar hacer) a la ciencia a la que había que proveer de recur-
sos de forma incondicional a modo de un cheque en blanco, para asegurar el
input a un proceso del que se esperaba que una mano invisible repartiera el
producto en forma de beneficio social. Se instaura así un modelo lineal de
organización del proceso tecnocientífico (que dura hasta nuestros días) bajo
la estructura ilustrada en la figura 1.

Más input a la ciencia equivalía, así, a más bienestar social, de tal forma
que la política científica sólo tenía que asegurar una serie de recursos casi
ilimitados, asentando así la justificación social de la ciencia y la inversión
pública en ella. Esta primera etapa de relaciones entre la esfera pública gu-
bernamental y los procesos tecnocientíficos está marcada por los indicadores
de primera generación, que son básicamente indicadores de insumo, que mi-
den el gasto total en ciencia y tecnología y el número de recursos humanos
del sector.

No será hasta finales de los años 50 cuando los países occidentales em-
piecen a plantearse una política científica más activa con el lanzamiento del
Sputnik y la demostración de superioridad tecnocientífica de la Unión So-
viética. Así es como, aún sin abandonar el modelo lineal, los EEUU se plan-
teará un relativo control de la educación científica y un proceso de evaluación
de la producción tecnocientífica para asegurar su calidad. Se crean al efecto
instituciones académicas especializadas, institutos de estudios de la ciencia
y se revisan los programas curriculares. Los indicadores característicos de
esta etapa son los indicadores Frascatti que son indicadores de output para
evaluar la eficacia del proceso de producción científico-tecnológica, medida a
través de: el número de artículos publicados y citas (science Índex citation)
para la ciencia y el número de patentes para el proceso de producción tec-
nológica. Se rompe en cierto modo el idea de una ciencia autorregulada ya
que por más input ya no se considera que haya necesariamente mas output
de producción y hay que controlar el proceso y maximizar su eficiencia, pero
se mantiene el modelo lineal que ahora se trata de optimizar y asegurar.
Habrá que esperar hasta finales de los 60 y principios de los 70 para empe-
zar a ver una preocupación (y los consiguientes esfuerzos institucionales) por
regular los productos tecnocientíficos. Fue a raíz de las protestas estudianti-
les del 68, del movimiento antinuclear y movimientos ecologistas (incluyendo
los preocupados por la salud pública), que empezó a generarse una conscien-
cia pública sobre los riesgos inherentes a una creciente transformación del
mundo por intervenciones y productos tecnocientíficos. Surgen así la EPA
(Environmental Protection Agency), la OTA (Office of Technology Assess-
ment) y otras instituciones gubernamentales encaminadas a evaluar y regu-
lar los efectos y riesgos derivados de la producción tecnocientífica. Al mismo
tiempo empieza a caer la concepción heredada de la ciencia y comienza a to-
mar forma una visión de la ciencia (abanderada por la perspectiva khuniana
de “La estructura de la revoluciones científicas”) en la que se muestran las
discontinuidades del progreso científico y sus dependencias de los contextos
sociales e históricos. Se establecen mecanismos de evaluación y regulación
encaminados a reducir los efectos negativos, optimizar los efectos positivos
y contribuir a la aceptación pública de tecnologías dadas. Se identifican los
tipos de impacto de los productos tecnocientíficos (ambientales, psicológicos,
institucionales, sociales, legales, económicos, etc.), se analizan (su probabi-
lidad, grupos afectados, respuesta de estos, etc.), se valoran (riesgos asumi-
bles, etc.) y se busca asesoramiento para la toma de decisiones sobre política
tecnocientífica. También se empiezan a establecer evaluaciones a más largo
plazo que introducen efectos secundarios. Pero esto sigue siendo una especie
de “dejad que la tecnología siga desarrollándose y vayamos corrigiendo los
impactos colaterales adversos que pueda tener”. Es un tipo de evaluación
cientifista (en la que participan casi exclusivamente científicos y técnicos),
reactiva (centrada solo en la evaluación de los productos que están a pun-
to de salir al mercado) y de orientación casi exclusivamente económica y
probabilística (con indicadores de tipo coste/beneficio).

En una etapa final de esta historia generalista de la evolución de la
política pública en ciencia y tecnología, empieza a predominar el concepto
de innovación. En base a las dos dimensiones del concepto de innovación,
que son la novedad tecnocientífica y el beneficio derivado de su introduc-
ción en el mercado, se trata ahora de intervenir en el proceso tecnocientífico
para maximizar su rendimiento económico. Se busca optimizar el ajuste en-
tre ciencia, tecnología, empresa y mercado. La inversión pública empieza a
dirigirse hacia la creación de centros de transferencia tecnocientífica de uni-
versidades a empresas, oficinas de gestión de recursos, etc. para maximizar
el proceso de innovación. Preocupa especialmente la ausencia de la sociedad
como entorno de ajuste y se produce la paradójica situación de que los prime-
ros esfuerzos de regulación tecnocientífica logrados por movimientos sociales
y encaminados a paliar sus efectos medioambientales, de salud y sociales se
reconducen ahora hacia la maximización de su rendimiento económico. En
palabras de Dickson (1988): “Where new technological projects previously
has to be studied for their environmental impact, the regulations subse-
quently introduced to mitígate this impact now, in reverse, have to be as-
sesed for their economic impact.”(2 )(p.311). Los indicadores de innovación
característicos de esta etapa aparecen en los años 80 y se afianzan en los
90 como conjunto consensuado de indicadores de innovación (en el manual
de Oslo). Estos indicadores son principalmente encuestas a empresarios pa-
ra medir el nivel de aprovechamiento en el mercado de los descubrimientos
científicos. Esto supone un cambio sustancial porque se pide una repercusión
de mejora en el mercado derivada de la política científica. Se ha pasado del
science-push (en el modelo Bush en el que se introducen recursos en ciencia
y se esperan y “autoregulan” los procesos científicos) al market-pull (en el
que el mercado marca las líneas de investigación e innovación). A la medida
de número de patentes y artículos científicos publicados para dar el visto
bueno a proyectos de investigación se le añaden ahora asesorías a empresas
y DCRs (documentos de circulación restringida, estudios de uso restringido
orientados a empresas tecnológicas y de innovación).

Organización tecnocientífica

Recapitulando sobre lo que venimos diciendo encontramos una organi-
zación de los procesos tecnocientíficos:

articulada bajo cuatro tipos fundamentales de trabajo tecnocientífi-
co:

  • Ciencia básica: es la investigación, en principio no sujeta a inte-
    reses prácticos y que busca ampliar los límites del conocimiento
    científico (física, química, biología, etc.).
  • Ciencia aplicada: investigación guiada por el interés en resolver
    problemas técnicos en ámbito de la ciencia y la tecnología.
  • Tecnología: encaminada a la producción de artefactos y mecanis-
    mos en base al conocimiento científico asentado.
  • Ciencia postnormal: prácticas científicas realizadas bajo un alto
    grado de incertidumbre y gran potencial de impacto.
  • Finalmente pueden recogerse las interacciones mutuas y recurren-
    tes entre ellas bajo el concepto de tecnociencia.

orientada fundamentalmente hacia:

  • La investigación militar (a la que se dedica en los EEUU alrededor
    de un 54 % de la inversión pública en ciencia y tecnología)
  • La investigación en programas de la vanguardia científica inter-
    nacional, generalmente marcada por los grupos de poder y las
    tradiciones científicas occidentales
  • El mercado: biotecnología, farmacéutica, investigación en nuevos
    materiales, etc.

evaluada, regulada y financiada en base a:

  • su rendimiento en el mercado y en los procesos de innovación
  • su posible impacto en la salud pública y el medio ambiente
  • su producción medida en base a los estándares internos (como el
    número de artículos publicados y adecuación a líneas de investiga-
    ción) de los grupos de poder científico que han crecido alrededor
    de las tradiciones de investigación.

Notas:

(2)- Donde antes los nuevos proyectos tecnológicos debían de ser analizados por su impacto ambiental, las regulaciones progresivamente introducidas para mitigar este impacto, ahora, contrariamente, deben de evaluarse por su impacto económico.

_______________________________________________________

Extracto de La tecnociencia como espacio político. Hacia nuevas formas de organización e interacción de la producción tecnocientífica, de Xabier Barandiaran. Autonomía Situada

Imagen de: culturamix.com

Advertisements
Post a comment or leave a trackback: Trackback URL.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: