La mujer como víctima singular de la medicalización.


Si eres una mujer sana y te vas a hacer una revisión ginecológica todos los años…Si te hacen citologías, ecografías ginecológicas, mamografías anuales para descartar que tengas algo, sin tener ningún síntoma…debes leer lo que sigue, porque estás en peligro, te estás exponiendo a un riesgo innecesario… y te estás convirtiendo en una enferma sin serlo.

Si no sueles hacer estas prácticas deberías leerlo para saber por qué no lo debes hacer y para decírselo a las mujeres que conoces que lo hacen.

Querida lectora:

“Todas las mujeres tienen que ir al ginecólogo una vez al año a hacerse una revisión”: mentira.

“Todas las mujeres tienen que ir una vez cada dos o tres años a hacerse una revisión”: mentira.

“Las mujeres deben hacerse una citología todos los años para prevenir el cáncer de cuello de útero”: mentira.

“Pues a mí el ginecólogo me la hace todos los años. Me la tengo que hacer”: mentira.

“Todas las mujeres tienen que hacerse una ecografía vaginal y de los ovarios todos los años”: mentira.

“Tengo una prima a la que le detectaron unos quistes y se los tuvieron que quitar. Por suerte no fueron malos. Por eso yo me la tengo que hacer”: mentira.

“En cuanto antes se empiecen a hacer mamografías mejor. Si tienes un cáncer te lo detectan antes y te puedes curar más probablemente”: mentira.

“Hay que hacerse una mamografía todos los años”: mentira.

“Hay que vacunarse contra el cáncer de cuello de útero, con la vacuna contra el virus del papiloma humano y la tiene que pagar la Seguridad Social porque es una vacuna imprescindible”: mentira.

“Todas las mujeres debieran hacerse una densitometría para ver cómo tienen los huesos después de la menopausia”: mentira.

“Pero es que mi madre sufrió mucho de huesos y a mí me duelen mucho. Tengo que hacérmela”: mentira.

“Me ha puesto el ginecólogo unas pastillas para los huesos después de hacerme una densitometría. Dice que las necesito porque puedo tener en cualquier momento una fractura debido a cómo los tengo”: mentira.

Tantas mentiras… todos los días, a todas horas, en tantas consultas médicas del mundo entero; en la tele, en la prensa, en internet, en tantas mentes femeninas… que escribir lo que viene a continuación resulta una suerte de obligación moral.

Soy Roberto Sánchez, médico de familia. Estudié en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca y realicé la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria en Madrid, en el Centro de Salud Prosperidad.

Medicalizar es exponer al paciente a un riesgo sanitario innecesariamente, sin que esa práctica haya probado su eficacia con serios estudios científicos.

Con prácticas me refiero a un tratamiento o a una prueba diagnóstica, que sin ser un delito que te lo den o te la hagan, no es estrictamente necesario. Son esas prácticas que “sobran”. Que se podría prescindir de ellas. Son ese tipo de prácticas o de tratamiento que cuando vas al dentista sospechas que son innecesarias y que te las hace para hacer más caja o para marearte un poco.

El problema es que hay que tener cuidado respecto a qué pruebas innecesarias se somete uno (si éstas son innecesarias no debiera uno someterse a ninguna), porque de ellas se puede derivar daños, por ejemplo un tratamiento innecesario o una intervención quirúrgica innecesaria que no hubiera tenido lugar de no haberse hecho la prueba.

Aquí comienza el cambio de planteamiento.

La medicina no es una ciencia exacta. Es una ciencia probabilística.

La gente piensa lo contrario. Piensa lo contrario por su propia supervivencia. Es más fácil creer en los dogmas: “Me lo ha dicho el ginecólogo”. Blanco o negro. Resulta desalentador hacer una misma pregunta clínica a 100 profesionales y registrar 5, 10 o
más respuestas distintas, algunas contrapuestas. Pero ésa es la realidad.

¿De quién me fío? ¿De mi ginecólogo privado que me dice que me tengo que hacer una citología todos los años o de mi médico de cabecera que me dice que me la tengo que hacer cada 5?

La mujer, ante esta tesitura, siempre tiende a pensar: será mejor hacérmela cada año, por si acaso. Pero no sólo es que no sea así en esta ocasión, sino que no es así casi en ninguna.

Es más fácil pensar que la mamografía es una prueba exacta que da blanco o negro, que pensar (y saber) cuál es el tanto por cierto de falsos positivos (dice que tienes cáncer cuándo en realidad no lo tienes) o de falsos negativos (dices que no tienes cáncer cuándo en realidad lo tienes).

En esta foto se define a la Medicina y sus leyes. Un tablero y dependiendo del “ángulo” puedes ver pájaros amarillos o peces azules.

La medicina, aparte de una grandiosa ciencia para hacer el bien, es un inmenso negocio para enriquecer, dar poder y envilecer a mucha gente. Hay mucha gente interesada en el gran pastel de la salud.

La industria farmacéutica la primera. Ésta no es una hermanita de la caridad que vela por la salud de la gente. Solamente lo hace porque es rentable. Si no diera dinero no lo haría. Cuanto más dinero gana mejor.

Poco le importa lanzar un nuevo tratamiento sin muchas pruebas de sus beneficios y que se acabe comprobando a lo largo de algunos años después que es dañino (terapia hormonal sustitutiva).

Las industrias farmacéuticas y tecnológicas necesitan instalar sus tesis en la sociedad y en el sistema sanitario para conseguir sus objetivos, que es ganar más dinero con fármacos o nuevas pruebas diagnósticas. Aunque no signifiquen una mejora en los tratamientos o en los diagnósticos.

Pero la clave de este comportamiento es que no sólo no es bueno someterse a ellos, sino que es malo (busque sobre Prevención Cuaternaria y lea a su abanderado en España: Juan Gérvas http://www.equipocesca.org ). Y esto constituye una auténtica revolución.

Resulta que estas prácticas no es que sean innecesarias, y que se pierda tiempo y dinero al contar con ellas, sino que son peligrosas para los pacientes. Lo veremos a lo largo del texto.

La industria farmacéutica, para conseguir sus objetivos, debe tejer una maraña para ejercer su influencia y poder. Se encarga de reclutar especialistas (los que más credibilidad y prestigio tienen entre la población) que difundan sus tesis (se les paga muy bien por hacerlo). Pagan la investigación, tutelan las publicaciones científicas, trabajan codo con codo con las editoriales, tutelan los congresos científicos. Influyen en la televisión (medio informativo y de entretenimiento para la gente de menor nivel cultural, en general), en internet, en las asociaciones de pacientes (a quienes cofinancian y patrocinan), en la universidad (cátedras de patrocinio mixto), en los estudiantes, en el gobierno (Bernat Soria, exministro de Sanidad, trabaja ahora para ellos, para Abott; Felipe González también fue incluido en las redes de Farmaindustria, con el papel de
asesor), en las Comunidades Autónomas, en el Parlamento Europeo… Y si es así en los países ricos, que los suponemos menos “sobornables”, hay que imaginarse de lo que son capaces en los pobres.

Ésta es la razón por la que a usted, lectora, puede que le parezcan estrambóticas algunas de las tesis que este texto sostiene. Porque le voy a contar justamente lo contrario de lo a usted le están diciendo todo el día en la televisión. No lo hago por ir a contracorriente, ni por hacerme el diferente, ni por intentar tener ningún protagonismo con mi opinión. Tampoco lo hago por dinero, pues nada gano por este trabajo. Este texto emerge de algunos años de estudio y de lecturas. No surge de la noche a la mañana. Es un texto que escribo con el corazón, en la búsqueda de mejor salud para mis pacientes y para la sociedad.

Mi intención no es convencerla de que lo que yo digo es verdad, sino presentarle las razones que tengo para pensar lo que pienso.
Hay mucha gente, muchos médicos, que piensan como yo; lo que pasa es que usted no los conoce ni nunca los ha visto en la televisión.

No suelen tener muchas posibilidades de decir lo que piensan: no se les suele invitar. Además cuando se les invita, se quiere que el debate se haga en formato circo, con lo que éstos suelen acabar huyendo de él.

Defender las tesis de la industria farmacéutica es fácil. Te suelen pagar por ello. No conozco a casi nadie que lo haga sin obtener alguna clase de beneficio directo e indirecto.

Desmontar las tesis de la industria es difícil, cansado, laborioso y nadie te paga por ello. Es más, lo único que te puede originar es problemas en tu vida y en tu profesión. Como la gente suele tener la desgracia de tener que comer y vivir en una casa, suele tener que trabajar. En mi caso de médico de familia. Y trabajar de médico de familia es muy duro y
no deja tiempo para estas cosas.

Pero siempre, siempre, están las obligaciones morales antes que el dinero. Por eso he escrito, lectora, este texto para usted. Para contarle todos los despropósitos que se esconden detrás de la medicalización de las mujeres. Espero que le guste y que le sirva para algo.

Unos puntos generales

Para empezar, comentaremos unos puntos generales de los que clásicamente se sirve la industria farmacéutica y sus adláteres para medicalizar:

1. ¡Qué viene el lobo!: exageración de la frecuencia de la enfermedad, de la prevalencia (estadística) de la enfermedad en cuestión. Al que no sabe bien de medicina y salud (la mayoría de los pacientes, porque no tienen obligación), con la estadística se les engaña bien. Todo les parece mucho.

2. La población que puede congregar el proceso medicalizador debe ser amplia: no vale coger a los afectados por no sé qué enfermedad rara y poco frecuente. Hay que coger, por ejemplo, las menopaúsicas, que es un grupo de gran magnitud.

3. Promover la preocupación en las personas sanas de contraer la enfermedad.

4. Ampliar las indicaciones de los fármacos para que más pacientes puedan ser “beneficiarios” de los mismos.

5. Promover tratamientos agresivos con fármacos para dar respuesta a síntomas leves o moderados.

6. Promocionar efusivamente los efectos beneficiosos de los fármacos, minimizar los efectos secundarios y los riesgos y aumentar el tiempo de utilización de uso de los mismos.

7. Presentar a los fármacos como única solución u obviar los demás tratamientos de la enfermedad si éstos no son farmacológicos.

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Extracto de La mujer como víctima singular de la medicalización, de Roberto Sánchez.

Fuente: http://www.actasanitaria.com

Texto completo (PDF)

 

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Comments

  • marieva  On 13/03/2012 at 08:32

    TOTLMENTE DEACUERDO,SOLO IMPORTA EL DINERO ,POR ENCIMA DE LA VIDA Y DE LA CALIDAD DE VIDA DE LAS PERSONAS,MUY TRISTE PERO ES ASI,COMPARTIRE ESTE ARTICULO ,PERO COMO BIEN DICES ES UNA TEREA DIFICIL DE CONSEGUIR EL HACER VER A LA GENTE QUE NOS MANIPULAN,YO DESDE MI POSTURA SOLO PUEDO QUE COMPARTIR EL ARTICULO, MAS EL BOCA A BOCA QUE NO ES POCO,Y AUNQUE ME TACHEN DE ”rarita” MAS VALE ESO QUE NADA.MAS GENTE COMO USTED QUE NOS HABRAN LOS OJOS ES LO QUE TENIA QUE HABER….

  • wilfrido tsuchida  On 18/03/2012 at 15:38

    como medico profesional y no de familia disiento totalmente.. la medicina preventiva ahorra gastos medicos de tratamiento, pero entoendo el malmomento q vive españa en su estructura economica q afecta la salud tambien…

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