La intersubjetividad en la sociedad tojolabal.


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Extracto de “Los hombres verdaderos.Voces y testimonios tojolabales. ”
de Carlos Lenkersdorf.
Imagen de sic.conaculta.gob.mx

4.1. LAJAN LAJAN ‘AYTIK

Nuestro punto de partida es una afirmación que los tojolabales
enuncian con frecuencia: lajan lajan ‘aytik, estamos parejos. A nuestro
juicio, se trata de una forma que expresa la intersubjetividad en el
nivel de convicción. No se trata de una estructura sintáctica que, co-
mo tal e independientemente del contenido, manifieste la temática
de la intersubjetividad. El lajan lajan hace explícito el aspecto que,
en los capítulos anteriores, dedujimos de las estructuras de la len-
gua. El hecho de que somos parejos es la condición de posibilidad
de la igualdad. En este contexto se justifica citar a un maya-yucateco
que, al dirigirse al papa Juan Pablo II en Izamal, Yucatán, le dijo al
terminar su discurso en representación de los indígenas de América
Latina, ‘Tú puedes ayudarnos a entender que tenemos derecho a ser
distintos porque somos iguales”.1 Mencionamos las palabras porque
subrayan el hecho de que el lajan lajan de los tojolabales refleja una
realidad vivida y reclamada por muchos indígenas del continente.
Ahora bien, la intersubjetividad es de sujetos. Esta palabra, ya lo di-
jimos antes, no nace ni se usa en tojolabal. En el contexto de la vida
concreta se refiere, por un lado, al derecho de cada uno y de todos
de decidir por sí mismos, por el otro lado, a la capacidad de tener vi-
vencias de acontecimientos que afectan o suceden a los sujetos. Di-
cho de otro modo, nos referimos a tipos de comportamientos señala-
dos en el contexto lingüísüco con referencia a las distintas clases de
sujetos. El término está ausente,2 las referencias, en cambio, sí están
presentes.

El hecho de que todos somos sujetos, en el sentido señalado, pro-
porciona la base de la afirmación lajan lajan ‘aytik. Estas palabras ex-
plícitas, referentes a la igualdad, nos permiten aclararla mejor. ¿Cuá-
les son los componentes de esta afirmación? Su contexto es que los
unos la dicen a los otros. Con estas palabras confirman lo que todos
saben y viven. Es decir, el contexto habla de la comunidad en cuanto
lugar que exige y justifica la afirmación. Las palabras mismas, ade-
más, indican la igualdad (lajan lajan) y el estamos nosotros (‘aytik). For-
mamos, pues, un conjunto, una comunidad de iguales. Estos son los
elementos de la afirmación. Dos son explícitos (lajan y ‘aytik), y el
otro, señalado por el contexto: la comunidad. Resumamos, pues.
Formamos una comunidad de iguales en tanto que todos somos sujetos.^
Con esta afirmación no añadimos nada nuevo a la exposición ya
conocida. Nuestras palabras, sin embargo, siguen antecediendo a los
hechos concretos. A diferencia de los ejemplos estructurales anterio-
res que señalan la intersubjetividad con claridad mediante las cons-
trucciones, aquí no se trata de la estructura de una expresión sino
del significado de las palabras. Se trata, pues, de puras palabras. Por
ello, tenemos que preguntar si tienen fundamento en la realidad.
La referencia es a un pensamiento típico de los tojolabales. Debe-
mos preguntar si su comportamiento corrobora sus palabras, porque
no faltará quien haga objeciones y diga que se pueden decir muchas
cosas sin que la vida concreta las confirme. Así, pues, ¿cómo se mani-
fiesta esa igualdad en el plano social en la vida del pueblo mayense?

4.2. LA PIRÁMIDE SOCIAL FLEXIBLE

Para responder a la pregunta anterior, debemos evitar un malenten-
dido que fácilmente se puede infiltrar en nuestra mente. Igualdad
entre los tojolabales no significa el afán de nivelar a todo el mundo.
La estructura de la sociedad tojolabal representa el testimonio vivo y
opuesto a las aspiraciones niveladoras. En el contexto social tojolabal
cada uno desempeña el papel que le corresponde. Es decir, cada
uno tiene una función propia que lo distingue de los demás y que lo
capacita para contribuir al conjunto. Si enfocamos este contexto so-
cial desde adentro, somos, pues, me’jun, tatjun, me’xep, tataweio,
nanal, tatal, watzal, b’ankilal, ‘ijtz’inal, etcétera.4

Nótese que no se mencionan tratamientos relativos a la división
del trabajo. El empleo de esta clase de tratamientos, por ejemplo,
mayestro, loktor, etc., está reservado para gentes de fuera, incluso
maestros de origen tojolabal que ya no viven en sus colonias. Entre
los tojolabales, en cambio, no suele darse a nadie este tipo de trata-
miento. Una de las razones es que todos son campesinos.5 Otra es
que su estructura social está bien perfilada como una familia muy ex-
tensa que abarca a todo el pueblo, dentro del cual cada uno desem-
peña la “tarea” que le corresponde y que los “grados de parentesco”,
usados como “nombres” por los tojolabales, señalan.6

Lajerarquización señalada produce otro problema. Si la sociedad
está conformada de esta manera piramidal, ¿dónde queda la igual-
dad? La vida de los tojolabales nos responderá con los hechos si-
guientes.

Supongamos que nos encontramos en una comunidad convocada
a causa de un problema determinado.7 Ya sea el presidente del comi-
sariado u otra o varias personas exponen el asunto. Terminada la
presentación del tema, todos los asistentes comienzan a hablar si-
multáneamente; levantan la voz para que sus compañeros los oigan y
para dialogar con ellos. Algunos tienen preguntas que requieren
aclaraciones y otros responden; otros más quieren convencer a sus
vecinos. La reunión parece una catarata turbulenta de palabras que
pueden hacer desesperar a quien no está acostumbrado. Al mismo
tiempo que todos hablan todos escuchan y todos intercambian ideas.
La reunión se vuelve un borbollón de voces. Bullendo palabras, fra-
ses, opiniones y contraopiniones por un buen rato, media hora, una
hora o más, según la dificultad de la cuestión que se esté debatien-
do. Poco a poco se van apagando las voces. La asamblea comienza a
entrar en la fase de aguas más tranquilas. La última voz solitaria se
calla. Una gran calma se extiende hasta tocar fondo en el corazón de
los ahí reunidos. Nadie habla. Nadie se levanta. Todos están a la es-
pera. Por fin el silencio se rompe. El presidente o un anciano anun-
cia: “nosotros pensamos y decidimos…”.

En este “nosotros” todos los participantes se saben igualmente re-
presentados. El anuncio manifiesta la capacidad del anciano o res-
ponsable. Sabe captar el pensar de la comunidad exteriorizado en el
hablar-escuchar simultáneo de todos. Podemos concluir, pues, que
todos han actuado como sujetos agencíales. Como tales están for-
mando comunidad y pueden hacer la afirmación conocida, ahora
ubicada en el contexto adecuado; afirmación que dice, lajan lajan
‘aytik… Es decir, “nosotros somos iguales y el anciano, gracias al he-
cho de tener corazón ya,8 intuye nuestro pensar comunitario9 y lo
anuncia”. Se ha logrado un consenso expresado por la palabra “no-
sotros”. Esta clase de asambleas comunitarias nos demuestran la in-
tersubjetividad en acto. Es la comunidad que vive gracias a la partici-
pación de todos y cada uno.

4.3. MANDAR OBEDECIENDO

Fijémonos en el papel del anciano o presidente.10 No se trata de una
persona impositiva que decide las cosas con “dedazo”. Por ello, las
decisiones no dependen de dirigentes. Los hay y la comunidad los
respeta, pero no los hace mandones. El dirigente auténüco se desta-
ca porque sabe convencer. Ha convencido a los asambleístas porque
supo captar el consenso. De ahí nace el respeto que reconoce la ca-
pacidad manifiesta de tener el juicio para intuir el “sentir” de todos y
cada uno de los integrantes de la comunidad. Dicho de otro modo,
los dirigentes verdaderos reciben todo el respeto porque saben arti-
cular el pensamiento de la comunidad y, en este sentido, obedecen a
la comunidad. Como algunos dicen, mandan obedeciendo y rao mandan
mandando. La toma de decisiones, pues, está en manos de la comuni-
dad. Las “autoridades” sólo las “verbalizan”. De este modo se eviden-
cia que la decisión definitiva no depende de una sola persona, tam-
poco de la mayoría sino de todos. Se requiere, pues, el consenso
unánime.11

La presencia de caciques, que encontramos de vez en cuando, no
refleja la “costumbre” tojolabal. Por lo general, se trata de personas
apoyadas por los pudientes de la sociedad dominante o de “mando-
nes” que copian el modelo de esa sociedad.12 De todos modos, dada
la estructura de la lengua y también del léxico, caciquismo, caudillis-
mo y fenómenos parecidos no tienen sus orígenes entre los tojolaba-
les sino entre aquellos que tienen intereses creados de manipularlos.

NOTAS

1 Samuel Ruiz García, 1993:57.
2 Muy probablemente no existe la palabra porque de existir habría que contrapo-
nerla a objeto.
3 Las explicaciones del concepto sujeto no son suficientes aún, porque se refieren,
sobre todo, al contexto lingüístico. Falta darles mayor contenido. Más adelante en este
capítulo definiremos mejor el término sujeto en el contexto de la sociedad tojolabal.
4 Quiere decir, imánna, andarín, almela, abuelo, mama, papa, hermana mayiir, liermami
mayor, hiirmana/hurnumo menor. La mayoría de estos términos parecen representar gra-
dos de parentesco. En el uso diario pueden referirse a relaciones de consanguineidad
pero no necesariamente. En el inciso 6.3 trataremos el asunto con más detalle.
5 Contadas personas ya no son campesinos; hay maestros, estudiantes, locutores en
la radiodifusora regional, etc., que con frecuencia dejan de identificarse con sus
comunidades respectivas; éstas también dejan de considerarlos como pertenecientes a
ellas. También hay excepciones y por supuesto existe la posibilidad del regreso y de
reintegrarse a la comunidad.
6 En esta exposición faltan algunos elementos importantes que modifican la estruc-
tura del pueblo entero como familia. En el inciso 6.3 volveremos sobre este tema.
7 Daremos como ejemplo una asamblea de tojolabales. Dentro del contexto de las
distintas maneras del habla, el mismo ejemplo ya nos sirvió para señalar otras par-
ticularidades. Véase C. Lenkersdorf, 1994a:45s. La repetición nos parece justificada,
porque esta clase de reuniones nos hace captar mejor el significado profundo de la
intersubjetividad.
8 ‘ayxa sk’ujol. Está ya su corazón, esto es, tiene juicio.
9 El término “comunitario” no se refiere exclusivamente a una sola comunidad,
pueden ser varias. El concepto señala el respeto mutuo que prevalece en el contexto
comunitario.
10 En tojolabalja ma’ ‘ay ya’tel, literalmente, el que tiene su trabajo, es decir, la auto-
ridad elegida por consenso de la comunidad. No la debemos confundir con el man-
dón o cacique, es decir, el mandaranum en tojolabal. Véase también la nota 12.
11 Nos referimos, por supuesto, a asambleas convocadas y realizadas por los tojola-
bales mismos. Si representantes de la sociedad dominante se meten y dirigen las reu-
niones, se cambia la práctica. Prevalecen las reglas de los que quieren mandar porque
“sí saben”, mejor dicho, “pretenden saber”. La voz de la mayoría sustituye el consenso.
Por supuesto, encontramos asambleas que se llevan a cabo conforme a las reglas de la
sociedad dominante. Sobra hablar de asambleas manipuladas. Los 500 años sí han de-
jado huellas. Con esto no se niega la forma de la asamblea tojolabal que describimos y
que sigue existiendo y atestigua la presencia viva del “modo tojolabal”. Sigue existien-
do después de siglos de colonialismo, evangelización, “baldío”, intcgracionismo o in-
digenismo. No se trata, pues, de la supervivencia de una costumbre rara, sino del
mantenimiento y/o resurgimiento de la idiosincrasia tojolabal.
12 La palabra cacique, de origen arahuaco, fue importada del Caribe por los pri-
meros españoles. Véase Guido Gómez de Silva, 1988:126. El tojolabal, para referirse a
cacique, usa la palabra derivada del español mandaranum, nuindón. Tiene un significa-
do despectivo y bien distinto deja ma’ ‘ay ya’tel, la autoridad legítima y elegida por el
consenso de la comunidad. En cuanto a la actitud de copiar, en tojolabal se dice wa
stzajia ja smodo ja jnali, siguen (o copian) el ejemplo de los ricos.

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