Retrospectiva: censuran un estudio genético por concluir que palestinos y judíos son genéticamente muy cercanos.


01/26/2007

El investigador español Antonio Arnaiz, catedrático de Inmunología de la Universidad Complutense de Madrid y hasta hace poco jefe del servicio de Inmunología del Hospital Doce de Octubre, de Madrid, ha sido víctima de una censura sin precedentes en la historia reciente de la ciencia. Su artículo sobre el origen de los palestinos y sus relaciones genéticas con otros pueblos del Mediterráneo, entre ellos el judío, publicado en la prestigiosa revista “Human Inmunology”, en septiembre pasado, fue retirado de la base de datos de la publicación una vez que el número estaba en la calle por presiones de un lobby judío de Estados Unidos. El trabajo de Arnaiz, eliminado de Internet una semana después de ser publicado, indica, basándose en datos clínicos, que los palestinos y los judíos poseen tan grandes semejanzas en su composición genética. Como nada se podía hacer con los ejemplares ya publicados, la editorial (Elsevier) pidió a sus suscriptores en todo el mundo que consideraran el artículo como no publicado e incluso les recomendó que arrancaran las páginas correspondientes a dicho trabajo (doce) e ignoraran el título en el índice de la revista.
La decisión, sin precedente alguno en la publicación de revistas científicas, de Human Inmunology, medio oficial de la Asociación Americana de Histocompatibilidad e Inmunogenética, que es como la Biblia para los especialistas de todo el mundo, ha provocado un gran revuelo entre la comunidad científica internacional, y de ella se han hecho eco periódicos como The New York Times y The Guardian, además de publicaciones científicas de relieve, como Nature Genetics, que sostiene, en su número de febrero de 2002, que es una barbaridad que se hagan desaparecer trabajos científicos porque no gusten sus conclusiones. Arnaiz dice que ha recibido numerosas cartas de apoyo, como la de Jean Dausset, Premio Nobel de Medicina, descubridor de los genes llamados HLA, los mismos marcadores que ha empleado él para comparar la composición genética de los pueblos del Mediterráneo.
“Dausset me ha dicho que el artículo es irreprochable científicamente”, dice Antonio Arnaiz, que también ha recibido el apoyo de la Asociación de Bibliotecarios de Estados Unidos, que se han negado a arrancar el artículo.
Antonio Arnaiz, perplejo aún por los acontecimientos, explica a Tiempo los detalles de la mordaza de la que ha sido objeto:
“Fui instado por la revista a publicar el artículo, y para mí fue un honor pues es una de las revistas más prestigiosas en el ámbito de la inmunogenética. Lo entregué en abril de 2001 y lo publicaron la segunda quincena de septiembre. El comité científico de la publicación, formado por profesionales de gran reputación, valoró el trabajo durante meses, como se hace siempre. Es decir, que sabían qué contenía mi informe. A la semana de estar en la calle el número, me remitió un e-mail la editora de Human Inmunology, Nicole Suciu-Foca, en el que me decía que había decidido retirarlo. La llamé y me explicó que, dadas las protestas de un grupo americano, habían decidido eliminarlo. Nunca me identificó el grupo, pero todo el mundo imagina que se trata de un lobby judío. Nicole me dijo que su puesto de trabajo en la Universidad de Columbia, donde imparte clases de Patología Clínica, corría peligro. Creo que lo que le dolió a ese grupo de judíos es que en mi trabajo les doy identidad a los palestinos a través de mapas antiguos. Todas las referencias históricas de los palestinos y de los hebreos que incluyo están sacadas de la Biblia”.
Arnaiz asegura que, tras enterarse de la mordaza que le habían impuesto, envió cartas a todos los miembros de la Asociación Americana de Histocompatibilidad e Inmunogenética, explicando las razones que tuvo para elaborar su estudio:
“Había estudiado genéticamente a todas las poblaciones del Mediterráneo y sólo me faltaba el pueblo palestino; creí necesario hacerlo, ya que nadie se había enfrentado a esa cuestión. No tengo la culpa de los resultados del estudio. Les guste o no, la realidad es así”.
Arnaiz recuerda que hace seis años publicó un trabajo sobre los judíos en la revista Tissue Antigens y que agradó tanto a esa comunidad, que le invitaron a impartir un seminario en la Universidad de Hadassah, en Jerusalén:
“Entonces comparé genéticamente a los judíos que habían emigrado a Europa hace dos mil años con los que permanecieron en la ribera del Mediterráneo, y las conclusiones fueron que eran muy iguales, ya que, por su cultura y religión, los primeros se habían mezclado muy poco con las poblaciones donde habían estado viviendo”.
“Es bien sabido que el pueblo israelí se considera a sí mismo como una raza —prosigue Antonio Arnaiz—, por lo que no es de extrañar que la semejanza genética de éste con el pueblo palestino que hemos demostrado mi equipo y yo haya molestado a más de un hebreo, como a los rectores de la Universidad de Tel Aviv, que enviaron cartas a la Universidad Complutense y al Insalud, mis dos patrones, quejándose de que el artículo en cuestión es antijudío e instando a estas instituciones a tomar medidas”.
Y fue a partir de ese momento cuando comenzaron todas las desgracias de Arnaiz, en las que ahora está inmerso.
Suspendido de empleo y sueldo
Dos meses después de que se produjera la insólita retirada del artículo de Arnaiz, le comunicaron que quedaba suspendido cautelarmente de empleo (como jefe del servicio de Inmunología del Doce de Octubre) y de sueldo, acusado de irregularidades contables en las cuentas del departamento del que era responsable.
“Me pilló desprevenido, me quedé helado. Nunca tuve problemas en mi trabajo. Y, por supuesto, nunca he cometido conscientemente ninguna infracción. Llevo 20 años como jefe de servicio en el hospital y 30 años en el Insalud. Lo lógico es que, si habían detectado irregularidades, que no las ha habido, me lo hubieran comunicado inmediatamente, que me hubieran dejado explicarme, pero lo que han hecho es proceder a mi destitución con malas formas, urdiendo una conspiración contra mí. Me acusan de desviar dinero de unos conceptos a otros, no de quedármelo”.
La sombra de una persecución se le ha revelado a Antonio Arnaiz: “A mí también me llegó, por e-mail, la carta de los rectores de la Universidad de Tel Aviv, pero nunca pensé que su exigencia fuera a cumplirse”.
Antonio Arnaiz no ha podido enseñar a esta revista esa carta de los académicos judíos ni otras, tanto de apoyo como de crítica, pues, según aduce el catedrático, las misivas se encuentran en el ordenador de su despacho del hospital madrileño, donde se le impide la entrada. “Han cambiado la cerradura de mi despacho”, dice Arnaiz, que ha demandado a los responsables del hospital por vulneración de sus derechos fundamentales.
Por Ana María Pascua
Fuente revista “TIEMPO”, nº 1.045 – 13 de mayo de 2002.
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