Lenguas Usko-Mediterráneas y Genética.


Introducción del libro de Antonio Arnáiz Villena y Jorge Alonso García, Caucásicos, Turcos, Mesopotámicos y Vascos- Editorial Complutense (2001).

INTRODUCCIÓN

El estudio de marcadores genéticos en diferentes pueblos mediterráneos, junto con el estudio de cognatos (palabras con el mismo significado) en
antiguas lenguas mediterráneas, emparentadas también genéticamente, nos ha llevado a las conclusiones expuestas en nuestros anteriores trabajos: El origen de los vascos y otros pueblos mediterráneos (1), Minoicos, cretenses y vascos (2), Prehistoric Iberia; genetics, anthropology and linguistics (3) y Egipcios, bereberes, guanches y vascos (4).

En el segundo libro ya se ilustra cómo la familia lingüística Dene-caucásica es “inundada” por lenguas eurasiáticas después de 5.000-6.000 años a.C., según calculó aproximadamente Merrit Ruhien (3,4,5,6). La familia Dene-caucásica está compuesta por idiomas vivos: vasco, caucásicos (checheno, ingusetio), burusho (norte de Pakistán, cerca del macizo Karakorum), Ket (orillas siberianas del río Yenisei), chino-tibetano, atabasco (Canadá) y navajo-apache (Estados Unidos). Parece que en Eurasia sólo se salvaron de la inundación de lenguas eurasiáticas las que estaban en sitios recónditos o de difícil acceso relativo (País Vasco, Cáucaso, Karakorum). Véase Figura 1.

Figura 1. La antigua familia de lenguas Dene-caucásicas ha sido “inundada” y sustituida por la familia eurasiática. En Eurasia, lugares de difícil acceso relativo muestran islotes de vasco, norcaucásico, burusho y Ket (yenisei). También se observa al chino-tibetano, birmano y tailandés.
En América del Norte se observan islotes correspondientes a los Atabascos, Navajo y Apaches y otros indios de la costa de California. Nosotros también proponemos el beréber y el guanche de Canarias (4).

En el libro Egipcios, bereberes, guanches y vascos (4) se estudian las raíces de la(s) lengua(s) bereber(es) y se demuestra que quizás el beréber se
pudiera incluir (como el vasco) dentro de las lenguas vivas dene-caucásicas y más concretamente dentro de las que nosotros hemos llamado lenguas usko-mediterráneas, que sería un subgrupo dentro de las primeras. Las lenguas usko-mediterráneas en su mayoría comprenderían lenguas muertas excepto vasco, beréber y caucásicas (véase Figura 2 y capítulos siguientes), como hemos especificado en la referencia 3, y serían, al menos, el ibérico-tartésico, etrusco, minoico (lineal A), púnico-cartaginés, guanche, hitita, egipcio, eblaico, ugarítico, sumerio, hurrita y elamita (3).

Figura 2. Lenguas usko-mediterráneas. Las únicas que no se han extinguido son el vasco, las caucásicas y el beréber (o Tamazight), que se habla en la actualidad en Marruecos, Argelia, Libia, Egipto, Nigeria, Malí y Mauritania, incluyendo el desierto del Sahara. El vasco y el beréber se hablan hoy en áreas más limitadas que en épocas anteriores (3).

En el presente libro estudiamos de una manera práctica las siguientes lenguas: hitita, sumerio y hurrita, que sin duda forman parte de la antigua lengua Dene-caucásica del Mediterráneo o de otro modo llamada lengua usko-mediterránea (3,4,7). Además, las relacionamos directamente con las caucásicas.

El desciframiento por Hrozny del hitita y su indoeuropeísmo son seriamente cuestionados. El sumerio es también una lengua usko-mediterránea. Los ortodoxos sumeriólogos han quedado obsoletos al comprobar que el diccionario comenzado por ellos (8) es inútil ante el aluvión de tablillas sumerias cuneiformes que no se pueden traducir con la pequeña parte de diccionario que los sumeriolos habían elaborado.

En cuanto al llamado hurrita, es un lenguaje escrito también en cuneiforme que se ha identificado con un pueblo solamente en bases lingüísticas. El pueblo hurrita se ha situado en las regiones montañosas del Alto Tigris y Eufrates y del cual nacería Mittani. El hecho es que se encuentran textos hurritas tanto en el litoral mediterráneo en ügarit como en Nuzi (Irak, Tigris Medio, mapa de la fíg. 10, cap 3), Tel El Amama (Egipto) y Bogazkoy en Anatolia, donde se encontraba la capital hitita.


Figura 3. Árbol de emparentamiento genético en el que se muestran las relaciones entre poblaciones mediterráneas. La longitud de las líneas horizontales sumadas de un grupo a otro es un reflejo de las distancias genéticas. Se pueden observar tres grandes grupos
(véase también la Tabla 1): los dos primeros están emparentados y son los mediterráneos occidentales y los orientales. Estos últimos incluyen armenios, georgianos y kurdos (estos dos últimos no representados, véase Tabla 1). El tercer grupo es el de los más alejados
genéticamente: bosquimanos, japoneses, griegos y negros subsaharianos. Como explicamos en el texto, en la Figura 4 y en la referencia 9, los griegos tuvieron un flujo importante de genes subsaharianos en tiempos faraónicos o anteriores (9). Los kurdos no se distinguen de turcos y armenios, y los palestinos (de Gaza) no se distinguen de los judíos, a pesar del enfrentamiento cultural, religioso y de guerra existente.

Si la distinción sumeria, hitita y hurrita es sólo “lingüística”, se podrían (y quizás deberían) asimilar estas gentes unas con otras desde el punto de vista genético-étnico, ya que nosotros encontramos la misma o parecida lengua en los tres grupos “históricos” y una similitud genética desconcertante en sus respectivos hipotéticos descendientes actuales (Figura 3). Nosotros favorecemos la hipótesis de que nunca
hubo “entradas” de indoeuropeos en la región anatólica-mesopotámica (en el sentido de masas de ocupación con resultados genéticos evidentes) y que los pueblos y tribus hablaron el mismo tipo de lengua en la región (similar al vasco, perteneciente al grupo usko-mediterráneo y Na Dene caucásico) y a lo largo de los cientos de años fueron evolucionando, guerreando y tomando el poder unos u otros grupos. Otra cosa es que en algún momento “élites” de guerreros impusieran su lengua y su cultura a un grueso de población autóctona, como es el caso de los turcos.


TABLA 1. Distancias genéticas estándar entre turcos y otras poblaciones (x 102) obtenidas usando las frecuencias de los genes HLA-DR, -DQ (10).

La historia antigua de Oriente Próximo ha sido fabricada por las potencias que en la Edad Moderna han ocupado el área: Rusia (Cáucaso), Francia (Siria, Líbano), Inglaterra (Oriente Medio-Mesopotamia) y también ha sido desfigurada por la imposición de la lengua y cultura turca en Anatolia, con la ayuda final y homogeneizadora del Islam. Finalmente, la invención del mito de Grecia en épocas más antiguas (“toda la cultura occidental nace en Grecia”) en el siglo xix por Alemania, Inglaterra y otras potencias occidentales no mediterráneas, ha ocultado el antiguo patrimonio circum-mediterráneo en el que hubo durante milenios un flujo genético y lingüístico entre los pueblos ribereños y de Oriente Medio, incluido el Cáucaso (7,9,10). Aún hoy existe en Rusia un “tabú” sobre los estudios de la cultura y lingüística de los pueblos del Cáucaso. Es importante señalar que en los griegos de hoy en día sí que se detecta un flujo genético de pueblos negros subsaharianos, como se muestra en la Figura 4. Este flujo está ya registrado por Herodoto y Esquilo (la entrada masiva de las aristócratas Danaides o hijas de Danao, negras, con sus cohortes esclavos) y pudo ocurrir en época faraónica o anterior (7,9,10). Nosotros lo hemos comprobado con genes HLAdel cromosoma 6, pero los genes situados en otro cromosoma, el 7, relacionados con la fibrosis quística, también lo confirman (11).

La Figura 3 nos muestra cómo los iraníes, macedonios y cretenses están emparentados con los turcos y armenios y con otras poblaciones del Próximo Oriente (palestinos, judíos y libaneses). Estos resultados son confirmados por la Tabla 1, donde además se aprecia que los kurdos están también relacionados con las gentes antiguas de Oriente Medio. En el próximo capítulo se detalla cómo los georgianos también están relacionados con armenios y todos los pueblos de Oriente Medio (11). Esto asegura que no hubo invasiones masivas, e incluso que no hubo invasiones indoeuropeas, ya que de otro modo se notaría la entrada de genes centro de Asia. Tanto los turcos como los kurdos, armenios, iraníes y otros caucásicos son probablemente los descendientes de las gentes antiguas de Oriente Medio (los llamados súmenos, acadios, hurritas y otros grupos). El porqué se cambió el idioma inicial usko-mediterráneo o Dene Caucásico es aún una incógnita. Pueblos del norte y centro de Eurasia (o de otra procedencia) pudieron imponer estas lenguas con una invasión de “élite”, en la que los invasores eran muy pocos en comparación con los
invadidos. Vemos en la Tabla 1 que hay una discontinuidad lógica entre los grupos mediterráneos de Oriente Medio y del Centro-Este con los mediterráneos occidentales y finalmente con los griegos (situados aquí, como foráneos, por su mezcla de genes negros subsaharianos (9)), surafricanos y japoneses.

Es notable la proximidad genética de palestinos y judíos, probablemente ambos procedentes de las tribus Canaanitas iniciales y que se han diferenciado únicamente por su cultura y su religión (12).


Figura 4. Mapa donde se sitúan en puntos las poblaciones actuales estudiadas para elaborar la Figura 3 y la Tabla 1. No se representan los palestinos (que han sido escogidos entre los habitantes de Gaza no relacionados, con varias generaciones de ancestros palestinos), ni los
kurdos (que han sido escogidos de la colonia kurda que vive en Tiflis, Georgia). Las cruces de Kurdisfán y Anatoiia corresponden a los lugares donde viven los kurdos, que muy posiblemente proceden de los antiguos hurritas y poseen una relación cultural y calendáríca con los Medos. El pueblo kurdo, de unos 30 millones de habitantes (sin contar las gentes de la diáspora), es uno de los grandes problemas a resolver en Oriente Medio (junto con el de los palestinos), ya que se encuentran distribuidos sin país propio, privados de derechos, errantes en barcos de refugiados y represaliados principalmente entre Turquía, Siria, Irak e Irán y las naciones caucásicas (7, 10). Las flechas postulan los movimientos de subsaharianos hacia Grecia en tiempos faraónicos o anteriores (9) y por el Sahel hasta el oeste de África (11). Las ciudades kurdas actuales principales aparecen con un rombo negro: 1. Arbil (Irak), 2. Mush (Turquía), 3. Diyarbakir (Turquía), 4. Hamadan (Irán) y 5. Bahcesaray (Turquía).

 

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