Conversando con Prado Esteban Diezma: ¿Con el Estado o contra el Estado? La liberación femenina en el siglo XXI.


“En la actualidad la crianza ha sido enajenada de la comunidad de los iguales para ser dominio de los expertos, extendiendo la idea de que las madres y los padres no son competentes para educar a sus hijos, que no pueden guiarles ni comprenderles si no se ponen en manos de las autoridades del sistema. Se explica tal acontecimiento, no como lo que es, una pérdida, sino como una adquisición, argumentando que las familias tienen derecho a recibir del Estado la asistencia a las necesidades de sus hijos, embelleciendo el rostro de la máquina estatal capitalista que aparece como la locomotora del progreso social y la emancipación de los ciudadanos, sobre todo de las ciudadanas que se ven “liberadas” de la carga de sus hijos e hijas, para poder entregarse al trabajo productivo y el consumo de productos y diversiones.” ¿Con el Estado o contra el Estado? La liberación femenina en el siglo XXI. Prado Esteban Diezma.

Entrevista realizada por M. E. Romero para La Independiente Digital

– Explícame un poco sobre ti, tu base/experiencias personales y que es lo que te “mueve”.

Mi trayectoria vital  está marcada en lo biográfico por mi pertenencia a un entorno familiar en el que ser mujer no se sentía como una falta o una carga. Las mujeres de mi infancia, las de mi familia materna especialmente,  portaban una feminidad resuelta y decidida, enérgica y esforzada. Creo que esas experiencias primarias de mi niñez son el subsuelo de mi conciencia y mi forma de estar en el mundo.

Pero también pertenezco a una generación que ha sido autora, a la vez que víctima,  de una revolución  negativa, de un cambio que, lejos de mejorar a la sociedad y a los sujetos nos encamina a la destrucción de nuestra condición humana, arruinando en igual medida nuestras capacidades intelectivas, relacionales, convivenciales, volitivas y morales. Yo también fui arrastrada por esa convulsión social del “progresismo” franquista y antifranquista  y me duele el no haber sido capaz de defender  en el pasado lo bueno y positivo de mis raíces, de mi cultura y mi origen, me  aflige haber participado, por acción o por omisión, en el desarraigo que  es hoy uno de los mayores factores de descomposición  del cuerpo social.
Soy  pues, el producto de un conflicto interior entre mi experiencia personal y biográfica en el mundo tradicional,  y mi pertenencia a un momento político e histórico de destrucción de ese mundo. El feminismo ha sido sin duda uno de los instrumentos más eficaces del cambio de paradigma en la existencia de las mujeres, un cambio, desde mi punto de vista, a peor en todos los sentidos. Mi arraigo en la dignidad de la feminidad  y mi anhelo de maternidad me hizo siempre refractaria a sus discursos, mi condición de madre de familia numerosa me ha hecho acreedora de su hostilidad en más de una ocasión. Pero ha sido tal vez mi condición de madre de tres mujeres, la necesidad de legar a mis hijas la posibilidad de una feminidad auténtica, autoconstruida y no manipulada la que me ha empujado a lanzarme a una reflexión que es  vital y existencial  pero que  se convierte en lucha social y política.  Pretendo que esta reflexión personal abra la posibilidad de procesos colectivos de pensar,  entender y construirnos como sujetos  aptos para la libertad, la conciencia, la vida colectiva y la automejora,  procesos que las mujeres hemos de hacer como mujeres, sin negar nuestra feminidad,  pero compartiendo con los hombres y la masculinidad aquello que nos une indefectiblemente, la construcción de lo humano.

– Dices que el feminismo ha sido sin duda uno de los instrumentos más eficaces del cambio de paradigma en la existencia de las mujeres, un cambio a peor en todos los sentidos. ¿Pero no es cierto que  ha sido gracias a la lucha feminista el que hoy, la mujer moderna pueda disfrutar de una mayor igualdad con el hombre en todos los aspectos? ¿Que puede haber de malo en esto?

Es cierto que la condición femenina actual es el resultado de las luchas del feminismo, pero no me parece que hayamos mejorado significativamente. A  las mujeres, hoy, se nos niega la igualdad con los hombres, y esto se hace desde el poder, si antes se realizó a través de la subordinación  al padre y al marido  -que no era una real subordinación al hombre sino al Estado a través de la jerarquía que establecía la ley y que obligaba a ambos-  hoy se hace por la discriminación positiva que, en mi opinión, tiene efectos más nocivos aún que la del pasado pues se convierte en inferioridad interiorizada. Los privilegios que hoy reciben las mujeres  de las instituciones del poder nos roban la condición de seres humanos responsables y libres, capaces e inteligentes. Con la Ley de Violencia de Género, por ejemplo, se nos considera menores de edad permanentes obligadas a depender en todo del Estado que nos protege y al  que estamos obligadas a obedecer.

Tampoco somos más libres, existe, por ejemplo, la prohibición de la maternidad , una prohibición que es real para las mujeres del pueblo que son sometidas a una continua presión ideológica desde múltiples frentes pero también a la coerción directa y real de las empresas y las instituciones, pero sobre todo se nos niega la libertad de conciencia, de pensar y elegir nuestra propia vida que ya no puede ser de hechura propia sino que viene diseñada desde arriba.

Por eso considero que la lucha por la emancipación de la mujer no puede converger con el feminismo pues son, en esencia,  corrientes enfrentadas.

– ¿Entonces, el hecho de que haya más mujeres que nunca en el Gobierno e incluso que el Ministerio de Defensa, el más “macho”, sea liderado por una mujer es también discriminación positiva?
El ascenso de una elite femenina al poder  es uno de los elementos esenciales del neopatriarcado,  que algunas mujeres ostenten puestos de mando sirve para invisibilizar el aumento de la opresión sobre el resto de las mujeres (y de los hombres)  y para crear la ilusión de un Estado benéfico que es instrumento de la libertad, puesto que está emancipando a los sectores más oprimidos.

Que una mujer feminista  dirija el ministerio de Defensa ofrece muchas ventajas al Estado, bajo su mandato se han enviado más soldados, mujeres  y hombres, a operaciones de guerra en el exterior que con ninguno de sus antecesores y, entre otras cosas,  ha aprobado la mayor venta de armas de la historia a Arabia Saudita que no es precisamente un paraíso para la mujer, eso se ha hecho con una contestación social mínima. Probablemente el mérito principal que la ha llevado a donde está no son sus conocimientos sobre cuestiones militares sino el hecho de ser mujer.

– Así pues, ¿estamos hablando además de mujeres como agentes activas de la continuidad y reforzamiento del patriarcado?.
 Hace poco he oido por primera vez el término “hembrismo” para definir los prejuicios y actitudes injuriosas hacia la mujer inherentes en el machismo pero en clave femenina, surgió en una conversación donde se defendía el feminismo y se insistía en utilizar la palabra hembrismo cuando se hablasen de actitudes negativas para con la mujer, un concepto tan amplio que puede incluir toda una gama de posibilidades, como por ejemplo el patriarcado ejercido por la propia mujer, mencionado antes. La verdad, me pareció un juicio bastante parcial, un intento de dotar de un inmaculado manto de beatitud al feminismo, de hacerlo intocable. ¿Conoces este término?

El patriarcado no hubiera sido posible sin la colaboración de un sector del grupo de las mujeres, el modelo de mujer patriarcal de nuestra cultura no es tan antiguo como se cree ni ha sido elaborado y difundido por los hombres únicamente.  El arquetipo de la mujer  esposa y madre al que se opone el feminismo tiene su fundamento legal en el código civil de 1889 pero fue difundido por textos como el de María del Pilar Sinués de Marco

“El ángel del hogar. Estudios morales acerca de la mujer”, editado en 1857 y reeditado varias veces después, en este libro se comienza a difundir el término de “ama de casa”. No podemos obviar la contradicción interna que tiene esta literatura pues difunde un patrón de vida para la mujer que excluye la presencia social y la vida intelectiva para reducirse a animal doméstico, pero quienes lo difunden como la autora de este manual no llevaban esa vida sino que eran activas pensadoras y propagandistas  además de escritoras muy prolíficas. Esa misma contradicción podemos luego encontrarla en las militantes de la Sección Femenina, Pilar Primo de Rivera, como la mayoría de las  que formaron parte de la organización, eran mujeres de acción y no delicadas damiselas, por lo tanto su doctrina se proponía ser aplicada  a las mujeres de abajo, algo que no se consiguió, sobre todo en el mundo rural, hasta muy tardíamente.

Hoy sucede lo mismo, los y las feministas se afanan en forjar un nuevo arquetipo femenino adecuado a los intereses del sistema y han constituido la nueva cárcel de la mujer, la nueva domesticidad que consiste en renunciar a todo lo que no sea producir, consumir y servir al Estado. De “ángeles del hogar” hemos devenido en “ángeles de la empresa”, lo que se nos niega es la vida consciente, humana, libre.

Respecto a la segunda cuestión es, como dices, un instrumento para hacer intocable el feminismo, su doctrina se ha convertido en una nueva religión que tiene su catecismo, su liturgia, su hermeneútica y su casta sacerdotal, un pensamiento monista que impide cualquier crítica. El concepto de “hembrismo”  es un subterfugio que permite eludir las críticas sin presentar argumentos.

– Recuerdo haber leido hace un año una noticia titulada “El poder femenino conquista el espacio” y “La igualdad de género ya ha llegado al cosmos”, se trataba de la primera misión de mujeres (capitaneadas por un hombre) y batía el record de mujeres en el espacio, cuatro. La noticia me produjo un sentimiento de rechazo porque me pareció que se estaba intentanto vender algo como igualdad de género cuando era más bien equiparar a la mujer con   misiones y roles creados por el sistema de mando patriarcal, abundantes en energía masculina. Me pareció mas bien un atentado a lo femenino, un ejercicio de asimilar a la mujer, el sistema utilizando mujeres asimiladas como role model; cuando la asimilación al patriarcado no es igualdad, es destierro. El lenguaje mismo del titular utilizando palabras de esencia tan masculina “conquista”, “poder”, no sé, no es que opine que hay cosas de hombres y cosas de mujeres, pero que seamos nosotras las que decidamos, me pareció que estaban siendo utilizadas. La energía femenina lleva siendo desterrada desde hace muchísimos años ¿por qué?

La creación de ideales de vida,  ha sido siempre un instrumento  educativo. Las mujeres que triunfan bajo el sistema ya sean políticas, ejecutivas o astronautas son presentadas como la representación del ascenso de todo el género femenino, aunque son muy pocas consiguen que muchas modelen sus aspiraciones a través de su ejemplo lo que es un gran éxito del sistema.

Sin embargo yo no creo que el poder sea radicalmente masculino ni que exista una feminidad esencial enfrentada al Estado.  Asignar un carácter macho a los valores negativos y femenino a los positivos es absurdo, niega, entre otras cosas la libertad de la mujer para escoger de forma consciente el bien o el mal, pero además no es real. Hoy hay mujeres involucradas en actos horripilantes como Pauline Nyiramasuhuko, antigua ministra ruandesa de Mujer y Familia que ha sido condenada por genocidio acusada de instigar la espeluznante campaña de exterminación de la etnia tutsi en el país que dejó 800.000 muertos, Nyiramasuhuko alentó las violaciones masivas de mujeres y niñas tutsis, más de 500.000  fueron violadas, esclavizadas o muertas en un solo año, hay numerosos casos de actos de gran brutalidad perpetrados por mujeres contra otras mujeres u hombres ¿Hemos de decir que son actos masculinos? No lo creo.

Las mujeres no somos constitutivamente portadoras del mal, como señalaba el antiguo patriarcado, ni del bien, como se dice ahora, somos sujetos humanos  que hemos de elegirnos y autoconstruirnos libremente. La feminidad no es sino una parte de la esencia concreta humana que se forma a través de una compleja trama de relaciones entre nuestra realidad biológica, política, social, biográfica, relacional  e histórica y, puesto que no nos viene dada, que no es innata, tenemos que asumir la cuota de responsabilidad, esfuerzo y voluntad que implica el construirnos.

– Y bien, habiendo desmontado esta cuestión un tanto yin-yang que intentaba más bien acercarse a entender  las cualidades de lo femenino –aunque obviamente sin éxito– ¿es a esto a lo que te refieres al final de tu recopilación de textos titulada “¿Con el Estado o contra el Estado? La liberación femenina en el siglo XXI”, cuando mencionas que “debemos recuperar en nosotras las cualidades, que se llamaron femeninas, del desinterés, entrega, fortaleza, energía y cultivo del amor compartiendo la lucha y el esfuerzo en afectuosa unión con nuestros compañeros.”?¿Puedes desarrollar este punto un poco más?

Cuando me refiero a cualidades “llamadas” femeninas entiendo que son  atributos que tienen una realidad espacio temporal, es decir, una realidad histórica  y no biológica aunque no podemos negar la dimensión también corporal, física del ser humano no puede desligarse ésta de la dimensión social, espiritual, intelectiva, moral, experiencial  e histórica, lo sexuado es una forma concreta de ese “ser” del ser persona, por ello no tiene sentido el debate sobre si la mujer nace o se hace. Nacemos mujeres y nos construimos como mujeres de forma personal tanto como social.

Las cualidades a las que me refería tienen que ser vistas, por ello, como una realidad  concreta, histórica, me refiero a la cultura femenina de la sociedad rural tradicional  del territorio que hoy se llama Estado español, y, más en general, me refiero a la cultura occidental.

No pretendo hacer del pasado un paraíso de las mujeres pero, como sujetos, como personas, eran entonces más aptas, más competentes, más enérgicas pero menos violentas, más convivenciales, más capaces de amar y de cuidar a otros, de tomar decisiones, de entender la propia experiencia y tenían más sabiduría práctica de la que hoy portamos las que somos llamadas mujeres emancipadas. La calidad de nuestras vidas no ha cesado de caer desde la revolución liberal, también con ella nuestra propia excelencia como seres humanos completos. Estamos siendo despojadas de elementos esenciales  de nuestro caudal humano. La negación de la maternidad, por ejemplo, cuando no es decisión soberana, y hoy no lo es en la mayoría de los casos, mutila de forma extraordinaria a las mujeres.

Hoy se impide que la feminidad se construya desde la autenticidad del ser personal y social de la mujer, se nos condena a ser un libro en blanco que es escrito por los aparatos del poder, todas uniformes, iguales, nadificadas, ninguna auténtica ni con autonomía para ser y existir por sí misma, para ello se miente sobre el pasado, se fabrica un presente de pesadilla y se nos embauca con la promesa de un futuro luminoso.
Salir de esta desventurada situación  es nuestra responsabilidad, nosotras hemos de construir nuestro futuro no los feministas ni el Estado, para hacerlo, para autoconstruirnos como mujeres amantes de la libertad y la convivencia tenemos que mirar el pasado con la intención de aprender de lo positivo, desechar lo negativo y mejorar la experiencia de nuestros antepasados y antepasadas. Tenemos también que entender nuestra situación actual, luchar contra la opresión concreta y real  de hoy, el neomachismo feminista,  y ser capaces de proyectar nuestro futuro, delimitar nuestras aspiraciones no como mujeres, sino como mujeres miembros de un pueblo, de una comunidad de personas que anhelan una sociedad de la dignidad humana, la convivencia, la libertad política, el autogobierno y el ascenso de la conciencia y la vida superior de los individuos.

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