La agroecología mejora la productividad y previene la pérdida de especies frente al modelo lineal de la industria.


Extracto del informe presentado por el relator especial de la ONU Olivier De Schutter.

La mayoría de los esfuerzos hechos en el pasado se han centrado en mejorar las
semillas y velar por que se proporcione a los agricultores un conjunto de insumos que les
permitan aumentar los rendimientos, reproduciendo el modelo de los procesos industriales
en que los insumos externos sirven para producir resultados con arreglo a un modelo lineal
de producción. La agroecología, en cambio, se propone mejorar la sostenibilidad de los
agroecosistemas imitando a la naturaleza, no a la industria. El presente informe sugiere
que la propagación de las prácticas agroecológicas puede aumentar al mismo tiempo la
productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos y los medios de
sustento de la población rural y contener e invertir la tendencia a la pérdida de especies y la
erosión genética.

A. Disponibilidad: la agroecología aumenta la productividad sobre el terreno.

16. En diversas regiones se han desarrollado y probado con excelentes resultados
técnicas muy variadas basadas en la perspectiva agroecológica24. Entre estos métodos cabe
destacar el mantenimiento o la introducción de la diversidad biológica en la agricultura
(diversidad de cultivos, ganado, agroforestería, peces, polinizadores, insectos, biota del
suelo y otros componentes que intervienen en los sistemas de producción y en su entorno
circundante) para lograr los resultados deseados en cuanto a producción y sostenibilidad. La
gestión integrada de los nutrientes concilia la necesidad de fijar el nitrógeno en los sistemas
de explotación agrícola con la importación de fuentes orgánicas e inorgánicas de nutrientes
y la reducción de la pérdida de nutrientes mediante el control de la erosión. La
agroforestería incorpora los árboles multifuncionales en los sistemas de explotación
agrícola. En Tanzanía la agroforestería ha permitido rehabilitar 350.000 hectáreas de tierra
en las provincias occidentales de Shinyanga y Tabora25, y en otros países, como Malawi,
Mozambique y Zambia, se están desarrollando proyectos similares a gran escala26. La
captación de agua en las zonas secas permite el cultivo de tierras antes abandonadas y
degradadas y mejora la productividad del agua utilizada en los cultivos. En el África
Occidental, las barreras de piedra levantadas a lo largo de los campos de cultivo frenan el
agua de escorrentía durante la estación lluviosa, lo que permite mejorar la humedad del
suelo, reponer las capas freáticas y reducir la erosión. La capacidad de retención de agua se
multiplica entre 5 y 10 veces y la producción de biomasa entre 10 y 15 veces, y la hierba
que crece después de las lluvias a lo largo de las barreras de piedra puede servir para
alimentar al ganado27. La integración de la cría de animales —ganado lechero, cerdos y
aves de corral— en los sistemas de explotación agrícola constituye una fuente de proteínas
para las familias, así como una forma de fertilizar los suelos; lo mismo ocurre con la
incorporación de peces, camarones y otros recursos acuáticos en los sistemas de
explotación agrícola, por ejemplo en los arrozales de regadío y los estanques de peces.

17. Tales técnicas, que conservan recursos y utilizan pocos insumos externos, tienen un
potencial demostrado para mejorar significativamente los rendimientos. En un estudio
sobre las posibilidades de estas técnicas, quizá el más sistemático hasta la fecha, Jules
Pretty y otros compararon los efectos de 286 proyectos recientes de agricultura sostenible
aplicados en 57 países pobres en una superficie total de 37 millones de hectáreas (el 3% de
la superficie cultivada en los países en desarrollo). Concluyeron que esas intervenciones
habían aumentado la productividad de 12,6 millones de explotaciones agrícolas, con un
aumento medio de la cosecha del 79%, a la vez que habían mejorado la oferta de servicios
ambientales esenciales28. Los datos desglosados de esta investigación indicaron que la
producción media de alimentos por hogar aumentó en 1,7 toneladas anuales (hasta un 73%)
para 4,42 millones de pequeños agricultores que cultivaban cereales y tubérculos en 3,6
millones de hectáreas, y en 17 toneladas anuales (hasta un 150%) para 146.000 agricultores
que cultivaban tubérculos (papa, camote, yuca) en 542.000 h. Posteriormente, la UNCTAD
y el PNUMA volvieron a analizar la base de datos para elaborar un resumen del impacto en
África y constataron que el aumento medio del rendimiento de la cosecha en estos
proyectos fue aún mayor que el promedio mundial (79%), situándose en un 116% para
todos los proyectos de África y en un 128% para los proyectos del África Oriental29.
18. El más reciente estudio a gran escala llega a las mismas conclusiones. Una
investigación encargada por el proyecto de Previsiones del Gobierno del Reino Unido sobre
el Futuro de los Alimentos y la Agricultura Mundiales examinó 40 proyectos de 20 países
africanos en los que se impulsó la intensificación sostenible durante la década de 2000. Los
proyectos abarcaban, entre otros componentes, actividades de mejora de las cosechas
(en particular mediante fitogenética participativa en los hasta entonces ignorados cultivos
huérfanos30), lucha integrada contra las plagas, conservación de suelos y agroforestería. A
principios de 2010 estos proyectos habían reportado beneficios para 10,39 millones de
agricultores y sus familias y mejoras en aproximadamente 12,75 millones de hectáreas. El
rendimiento medio de las cosechas se duplicó holgadamente (se multiplicó por 2,13)
durante un período de entre 3 y 10 años, lo que dio lugar a un incremento de la producción
total de alimentos de 5,79 millones de toneladas al año, equivalente a 557 kg por cada
familia de agricultores31.

19. A veces, innovaciones aparentemente pequeñas pueden generar altos rendimientos.
En Kenya, investigadores y agricultores desarrollaron la estrategia de “atracción-expulsión”
para controlar las malas hierbas parasitarias y los insectos que dañan los cultivos. La
estrategia consiste en “expulsar” las plagas que atacan el maíz, sembrando el maíz junto con
otros cultivos que repelen a los insectos, como el Desmodium, “atrayéndolas” al mismo
tiempo hacia pequeñas parcelas de pasto elefante, planta que excreta una goma pegajosa
que atrae y atrapa a las plagas. El sistema no sólo permite controlar las plagas, sino que
presenta además otras ventajas, pues el Desmodium puede utilizarse como forraje para el
ganado. La estrategia de “atracción-expulsión” duplica los rendimientos del maíz y la
producción de leche y, al mismo tiempo, mejora el suelo. El sistema ya se ha extendido a
más de 10.000 hogares en el África Oriental gracias a su difusión en asambleas públicas,
programas de radio de alcance nacional y escuelas rurales para agricultores32. En el Japón,
los agricultores descubrieron que los patos y los peces eran tan eficaces como los
plaguicidas para el control de los insectos en los arrozales, a la vez que proporcionaban
proteínas adicionales para sus familias. Los patos comen malas hierbas y sus semillas,
insectos y otras plagas, reduciendo así la mano de obra necesaria para desherbar, tarea que
de otro modo tendría que ser realizada manualmente por las mujeres, y sus excrementos
proporcionan nutrientes para las plantas. El sistema ha sido adoptado en China, la India y
Filipinas. En Bangladesh, el Instituto International de Investigación sobre el Arroz registró
un aumento del 20% de los rendimientos de las cosechas, y los ingresos netos, descontados
los costos en efectivo, han aumentado en un 80%33.

20. La agroecología también está ganando terreno en Malawi, país que ha sido objeto de
considerable atención en los últimos años. Tras la dramática crisis alimentaria resultante de
la sequía del período 2004-2005, el país puso en marcha un programa de subvenciones para
fertilizantes para el período 2005-2006 y obtuvo excelentes resultados. Sin embargo,
Malawi está aplicando ahora sistemas agroforestales y utilizando árboles fijadores de
nitrógeno para asegurar el crecimiento sostenido de la producción de maíz, anticipándose
así a la situación que se planteará a mediano plazo, cuando es posible que tengan que
reducirse o retirarse las subvenciones para fertilizantes34. A mediados de 2009 el programa
había proporcionado a más de 120.000 agricultores de Malawi capacitación y árboles para
plantar, y gracias al apoyo de Irlanda ha podido extenderse al 40% de los distritos del país,
beneficiando así a 1,3 millones de personas del sector más pobre de la población. La
investigación indica que esto se traduce en un aumento de los rendimientos de 1 t/ha a 2 ó 3
t/ha, aunque los agricultores no puedan asumir los costos comerciales del abono
nitrogenado. Con la aplicación de una cuarta parte de la dosis de fertilizante mineral, los
rendimientos de maíz pueden sobrepasar las 4 t/ha. Sin embargo, esto demuestra que
aunque la inversión en técnicas de fertilización orgánica debe ser un objetivo prioritario, no
debe excluirse el uso de otros fertilizantes. Una solución óptima que podría servir de
estrategia de salida de los regímenes de subvenciones a los fertilizantes sería vincular
directamente esas subvenciones a las inversiones agroforestales en la explotación agrícola,
con el fin de promover la sostenibilidad a largo plazo del suministro de nutrientes, y
consolidar la salud del suelo como base para una respuesta al problema de los fertilizantes
que dé rendimientos sostenidos y mejore la eficiencia35. Según se ha informado, Malawi
está estudiando este enfoque de “subvención a la sostenibilidad”36.

B. Asequibilidad: la agroecología reduce la pobreza rural.
Gestión sostenible de la fertilidad en la explotación agrícola

21. Al mejorar la fertilidad de la producción agrícola, la agroecología reduce la
dependencia de los agricultores de los insumos externos y de las subvenciones estatales.
Esto, a su vez, hace que los pequeños agricultores vulnerables dependan menos de los
comerciantes y prestamistas locales. Una de las principales razones por las que la
agroecología ayuda a mantener los ingresos en las zonas rurales es porque propicia la
fertilidad en la explotación agrícola. De hecho, proporcionar nutrientes a la tierra no
necesariamente entraña agregar fertilizantes minerales. Se puede hacer utilizando estiércol
de ganado o cultivos de abono verde. Los agricultores también pueden establecer en los
campos de cultivo una “fábrica de fertilizantes” plantando árboles que toman nitrógeno del
aire y lo “fijan” en sus hojas, que posteriormente se incorporan al suelo. Es lo que, en
esencia, se consigue con la siembra de la Faidherbia albida, especie de acacia de fijación
de nitrógeno originaria de África y extendida por todo el continente. Como este árbol pasa
por un período de reposo vegetativo y se despoja de su follaje a principios de la estación
lluviosa cuando están empezando a crecer los cultivos en los campos, no compite de
manera significativa por la luz, los nutrientes o el agua con los cultivos durante la
temporada de crecimiento; en cambio, permite un aumento considerable de los
rendimientos del maíz con el que se combina, en particular en condiciones de baja fertilidad
del suelo. En Zambia, el maíz no fertilizado plantado bajo los árboles de Faidherbia tuvo
un rendimiento medio de 4,1 t/ha, frente a las 1,3 t/ha que se obtenían cuando se plantaba
cerca pero no debajo de las copas de los árboles. Resultados similares se observaron en
Malawi, donde también se utilizaba ampliamente este árbol. El uso de tales árboles
fijadores de nitrógeno evita la dependencia de los fertilizantes sintéticos, cuyo precio se ha
vuelto cada vez más alto y más volátil en los últimos años, todavía más que los de los
alimentos básicos, incluso cuando éstos alcanzaron su punto máximo, en julio de 2008. De
esta manera, los hogares pueden utilizar los recursos financieros de que dispongan para
costear otras necesidades esenciales, como la educación o la salud.

Fuente: Global Challenges for Food and Agriculture: FAO’s Long-term Outlook for Global
Agriculture, Roma, 2008, que puede consultarse en: http://www.fao.org.

22. La agroforestería o técnicas similares, como la utilización de leguminosas como
cultivo de cobertura para fijar el nitrógeno, también tienen un potencial enorme37. Esto es
particularmente importante para los agricultores más pobres, que por lo general no pueden
permitirse comprar fertilizantes inorgánicos y a quienes no suelen llegar los sistemas de
distribución de fertilizantes, especialmente porque es poco probable que el sector privado
invierta en las zonas más remotas, en las que las vías de comunicación son deficientes y se
pueden lograr pocas economías de escala. Pero también es de gran importancia para los
países de renta baja, que deben recurrir a las importaciones para satisfacer sus necesidades
de fertilizantes inorgánicos. En África al sur del Sáhara, una de las razones por las que se
utilizan tan poco los fertilizantes (un promedio de 13 kg de nutrientes fertilizantes por
hectárea)38 es el elevado costo fiscal que entraña la importación y distribución de los
fertilizantes.

_________________________________________________________________________
23 Informe del 22º período de sesiones del Comité de Agricultura (COAG), Roma, 16 a 19 de junio
de 2010 (CL 140/3 (C 2011/17)).
24 Véase Jules Pretty, “Agricultural sustainability: concepts, principles and evidence,” Philosophical
Transactions of the Royal Society B, 363(1491), 2008, págs. 447 a 465.
25 C. Pye-Smith “A Rural Revival in Tanzania: How agroforestry is helping farmers to restore the
woodlands in Shinyanga Region”, Trees for Change Nº 7, Nairobi, Centro Mundial de Agroforestería
(ICRAF), 2010, pág. 15.
26 D. P. Garrity et al., “Evergreen Agriculture: a robust approach to sustainable food security in Africa”,
Food Security 2:3, 2010, pág. 200; K. Linyunga et al., “Accelerating agroforestry adoption: A case of
Mozambique”, ICRAF Agroforestry Project, trabajo presentado en el Congreso de la Unión
Internacional de Instituciones de Investigación Forestal, Roma, 12 a 15 de julio de 2004.
27 A. M. Diop, “Management of Organic Inputs to Increase Food Production in Senegal”, en
Agroecological innovations. Increasing food production with participatory development, N. Uphoff
(ed.), Londres, Earthscan Publications, 2001, pág. 252.
28 Jules Pretty et al., “Resource-conserving agriculture increases yields in developing countries”,
Environmental Science and Technology, 40:4, 2006, págs. 1.114 a 1.119. La cifra del 79% se refiere
a 360 comparaciones fiables de rendimiento relativas a 198 proyectos. Hubo una amplia difusión de
los resultados y en el 25% de los proyectos se informó de un incremento de un 100% o más.
29 Grupo de Trabajo PNUMA/UNCTAD para el fomento de la capacidad en materia de comercio,
medio ambiente y desarrollo, Organic Agriculture and Food Security in Africa, Nueva York/Ginebra,
Naciones Unidas, 2008, pág. 16.
30 Como, por ejemplo, la mejora de la yuca, para lo cual el Instituto Nacional de Investigación de
Recursos de Cultivos desarrolló en Uganda variedades resistentes creadas localmente, o las mejoras
del tef en Etiopía, donde el Centro de Investigación Agrícola Debre Zeit desarrolló una nueva
variedad llamada quncho.
31 J. Pretty et al., “Sustainable intensification in African agriculture”, International Journal of
Agricultural Sustainability, 9:1, de próxima aparición, en 2011.
32 Z. Khan et al., “Push-pull technology: a conservation agriculture approach for integrated management
of insect pests, weeds and soil health in Africa”, International Journal of Agricultural Sustainability,
9:1, de próxima aparición, en 2011.
33 “Integrated rice-duck: a new farming system for Bangladesh”, en Innovations in Rural Extension:
Case Studies from Bangladesh, P. Van Mele et al. (eds.), Oxfordshire, Reino Unido/Cambridge,
Estados Unidos de América, CABI Publishing, 2005.
34 D. P. Garrity et al., “Evergreen Agriculture: a robust approach to sustainable food security in Africa”,
Food Security 2:3, 2010, pág. 203.
35 Véase O. C. Ajayi et al., “Labour inputs and financial profitability of conventional and agroforestrybased
soil fertility management practices in Zambia”, Agrekon, 48, 2009, págs. 246 a 292: “[…] los
métodos agroecológicos de la gestión de la fertilidad del suelo son compatibles con los fertilizantes
minerales y su utilización combinada tiene efectos sinérgicos de rendimiento” (pág. 288).
36 D. P. Garrity et al., “Evergreen Agriculture: a robust approach to sustainable food security in Africa”,
Food Security 2:3, 2010, pág. 204. Para evaluaciones de esa experiencia, véase Ann Quinion et al.,
“Do agroforestry technologies improve the livelihoods of the resource poor farmers? Evidence from
Kasungu and Machinga districts of Malawi”, Agroforestry Systems, 80:3, 2010, págs. 457 a 465.
37 A escala mundial, los cultivos de leguminosas de cobertura podrían fijar nitrógeno suficiente para
reemplazar la cantidad de fertilizantes sintéticos que se utilizan actualmente. Véase C. Badgley et al.,
“Organic agriculture and the global food suply”, Renewable Agriculture and Food Systems, 22, 2007,
págs. 86 a 108.
38 Nicholas Minot y Todd Benson, Fertilizer subsidies in Africa: Are vouchers the answer? IFPRI, Nota
informativa Nº 60, julio de 2009.

El informe completo: http://es.scribd.com/full/54537509?access_key=key-1318z90jb7fi8qd03ifh

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