La economía no es una ciencia natural.


Douglas Rushkoff, profesor de cultura virtual en la Universidad de Nueva York.

Debemos dejar de perpetuar la ficción de que la existencia por sí misma está dictada por las leyes inmutables de la economía. Estas llamadas leyes, son en realidad, mecanismos económicos de los monarcas del siglo XIII. Algunos de nosotros analizando la cultura digital y su impacto en la empresa, debemos revelar a la economía como la construcción artificial que realmente es. Aunque puede ser sometida al método científico y control matemático, no es una ciencia natural; es una teoría del juego, con un conjunto de suposiciones subyacentes que tienen poco que ver con algo que se parezca a la genética, la neurología, la evolución o los sistemas naturales.

El mercado en el que la mayor parte del comercio tiene su lugar hoy no es una condición pre-existente del universo. Esto no es naturaleza. Es un juego, con reglas muy particulares, puestas en marcha por personas reales con propósitos reales. Es por eso que me sorprende tanto que los científicos, y la gente que se llaman a sí mismos científicos, se propongan estudiar el mercado como si se tratara de un sistema natural – como el tiempo, o el arrecife de coral.

No lo es. No es un producto de la naturaleza si no de ingeniería. Y tratar al mercado como a la naturaleza, como a un producto de puras fuerzas evolutivas, es negarnos a nosotros mismos el acceso a su rediseño continuo. Es como si nos despertáramos en un mundo en el que un solo sistema operativo se ejecutara en todos nuestros ordenadores y, peor aún, sin darnos cuenta de que pudo o puede existir otro sistema operativo. Nos limitamos a aceptar a Windows como una circunstancia determinada, y buscamos formas de adaptar nuestra sociedad a sus necesidades en lugar de a la inversa.

Corresponde a nuestros más rigurosos pensadores y escritores no basar su trabajo en las estructuras ampliamente aceptadas pero en gran medida artificiales. Este es su trabajo, diferenciar entre el mapa y el territorio – reconocer cuando una serie de asunciones falsas están corrompiendo sus observaciones y conclusiones.

Como el gran interés en los argumentos de Richard Dawkins, Daniel Dennett, Sam Harris, y Christopher Hitchens nos muestran, hay una creciente aceptación y hambre de pensadores que se atrevan a desafiar la creencia generalizada en las mitologías de la creación. El que haya sido más fácil desafiar la supremacía de Dios que cuestionar la supremacía del mercado, da testimonio de la forma en la que cualquier grupo puede ser víctima de un mito de creación – especialmente cuando son recompensados por hacerlo.

Demasiados tecnólogos, científicos, escritores y teóricos aceptan la premisa subyacente de nuestro mercado impulsado por las corporaciones, como una condición previa del universo, o peor aún, como el último beneficiario de sus hallazgos. Si una economía “libre” del tipo descrito por Chris Anderson o Clay Shirky está realmente en camino, entonces los libros en sí están a punto de ser poco más que líderes extraviados en pos de lecturas corporativas de alto precio. En tal esquema, ¿cómo podrían los escritores profesionales y teóricos escapar de la inclinación de sus obras a favor del mercado de las lecturas corporativas? Es como si el valor de la teoría o perspectiva descansara únicamente en su aplicación en el sector empresarial.

Ya sea que se esté haciendo con absoluta ignorancia, obediencia ciega, o la cínica explotación del mercado, el resultado es el mismo: nuestra habilidad para visualizar nuevas soluciones a los retos mas recientes, ha sido atrofiada por una dependencia en el mercado impulsado y las respuestas del mercado compatible. En su lugar se nos anima a aplicar las normas de la genética, la neurociencia o de las teorías del sistema de economía, y a hacerlo de una manera peligrosamente determinista.

En su continuo esfuerzo por definir y defender el funcionamiento del mercado a través de la ciencia y los sistemas teóricos, algunos de los pensadores más brillantes de hoy en día han, quizás sin darse cuenta, promovido una mitología sobre el comercio, la cultura, y la competencia. Y esta mitología es falsa, peligrosa, y en último lugar tan mortal como cualquier religión.

La tendencia comenzó en las páginas de las revistas de negocios digitales, Wired, que servían para replantear nuevas innovaciones tecnológicas y descubrimientos científicos en términos amistosos para desorientar a los especuladores. Wired no retaría fundamentalmente al mercado; proporcionaría a los banqueros e inversores un mapa del nuevo territorio, incluyendo os consultores que necesitarían para mantener su autoridad sobre la economía.

El primer y probablemente más influyente entre ellos era Peter Schwartz, quien en 1997, junto con Peter Leyden, previó un “gran boom” de al menos 25 años de prosperidad y salud ambiental impulsada por la tecnología digital y, más importante aún, el mantenimiento de mercados abiertos.

Kevin Kelly previó el modo en que la abundancia digital retaría a los escasos mercados, y ofreció reglas claras a través de las cuales las empresas mas grandes podrían prosperar todavía en el mercado.

Stewart Brand se unió a Schwartz y a otros en la fundación de GBN, una firma de consultoría futurista cuyo mismo nombre “Red de negocios global”, parecía emitir el surgimiento de una red económica bajo una nueva luz. ¿Qué significaba esto? ¿Que todo el mundo desde William Gibson a Brian Eno o Marvin Minsky estarían ahora consultando a las grandes corporaciones de la tierra? ¿Podrían incluso ser capaces de controlar sus propios mensajes?

Brand hizo famoso en 1984 el dicho “la información quiere ser libre.” Pero mucho menos publicitado y recordado, fue que lo hizo solo después de explicar que “la información quiere ser cara, porque es muy valiosa.”

¿Sería ahora su trabajo y el de otros analizados por los chismes más efectivos promoviendo una visión sesgada de la nueva economía?

¿Sería la contracultura capaz de utilizar su reciente acceso a la sala de juntas del Fortune 500 para hackear el entorno empresarial, o simplemente se han entregado a la absorción eventual de todo y todos a una primacía eterna de capitalismo corporativo?

Los “planes de escenario” que resultaron de este trabajo, a través del cual las corporaciones podrían imaginar una dominación continuada de sus industrias, parecían indicar lo último.

Chris Anderson ya había analizado hacia donde se dirigía todo esto, y antes de ofrecer una visión de post-escasez económica – aconsejó a las empresas que simplemente – aprovecharan la abundancia para vender lo que pudiera mantener la escasez.

Igualmente, la nueva alta concepción dimensional de la red de Tim O’Reilly y John Batelle, – Web cuadrada – en última instancia se ofrece como un modelo a través del cual las empresas puedan hacer dinero controlando los índices que la gente utiliza para navegar en el espacio de la información.

Ambas, la ciencia y la tecnología están desafiando grandes suposiciones acerca del control de arriba hacia abajo, de la competición, y la escasez. Pero es poco probable que nuestros pensadores líderes proporcionen axiomas genuinos y revolucionarios para un mercado más evolucionado que reaccionario a propuestas de las redes de trabajo, tecnologías y descubrimientos que amenazan con exponer el mercado al juego de póquer arbitrariamente diseñado que es. No son reglas nuevas para una nueva economía, si no reglas nuevas para apuntalar los intereses en la cara de la descentralización masiva.

Mientras podemos encontrar evidencia del mercado corporativo sesgando la aplicación de cualquier campo de investigación, es nuestra limitada perspectiva económica la que nos previene de apoyar un trabajo que sirva a los valores externos del mercado. Por eso es particularmente engañoso limitar el pensamiento económico al juego tal y como es actualmente practicado, y presentar estos argumentos con una certeza cercana a la ciencia.

La sensación de inevitabilidad y de pre-destinación que configuran estas narraciones, así como su obediencia al dogma del mercado en última instancia, son más peligrosas, no obstante, por la forma en la que escurre hacia abajo a los escritores y teóricos menos directamente o conscientemente relacionados con las fuerzas del mercado.

Promueve ambas directamente y por ejemplo, una voluntad de aplicar la genética, neurociencia, o sistemas de teoría de la economía, y de hacerlo en un tono decididamente determinista y a descuidando la moda. Entonces, la atracción del mercado en si mismo hace el resto del trabajo, inclinando las ideas de muchas de las mejores mentes de hoy en día hacia la agenda del mejor postor.

Así que Steven Johnson termina inclinándose, tal vez más de lo que debiera, a las pruebas amistosas a las corporaciones, de que la televisión comercial y los videojuegos son actualmente saludables. (Piensa en cuantas corporaciones contratarían a un orador que argumentara que todo es malo – como el mercado y los medios son actualmente malos para ti). Seguramente, Malcolm Gladwell se encuentra usando repetidamente descubrimientos recientes de la neurociencia para argumentar que la alta condición humana es más que falsa por el impulso reptiliano, bien podemos ser guiados por profesionales de la publicidad, ya que solo actuamos sin pensar en respuesta a estímulos externos, de todos modos.

Todo tiene que ver con el negocio, y eso está más que bien.

Esta aceptación generalizada de la situación económica actual como un hecho de la naturaleza, termina por poner en peligro el impacto de los nuevos descubrimientos, y cambiando la relación del publico con la ciencia a su alrededor. Estos autores no hacen crónica (o celebran) el asalto frontal que las nuevas tecnologías y descubrimientos científicos plantean, para, por ejemplo, la monopolización de la creación del valor o la centralización de la moneda. En su lugar, ellos venden a las corporaciones una nueva; ciencia basada en algoritmos para la inversión estratégica en el nuevo paisaje. Los informes de ventas superiores y conferencias de honorarios sirven como un refuerzo positivo a los autores para incorporar las tendencias del mercado todavía con más entusiasmo la próxima vez. Escribe libros que favorezcan al negocio, y harás un mejor negocio aún. El ciclo se perpetúa a sí mismo. Pero que pague su hipoteca no lo convierte en realidad.

De hecho, gracias a su aceptación ciega de una teoría particular del mercado, muchos de estos conceptos terminan sin predecir con precisión el futuro. En lugar de 25 años de prosperidad y eco-salud, tenemos las puntocom y el calentamiento global. La inmersión en los medios de comunicación no es realmente buena para nosotros. La gente es capaz de responder a una llamada más compleja a la acción, que a los sermones sobre-simplificados y emocionales de ideologías de derecha. El efecto de la descentralización en los medios ha sido conocido por una concentración abrumadora del conglomerado empresarial.

Estas teorías no fallan porque las matemáticas o la ciencia que subyace en ellas sean falsas, sino más bien porque están siendo aplicadas indebidamente. Sin embargo, muchos teóricos siguen comprándolas, desesperados porque florezca alguna lógica a través de la cual la premisa de la escasez pueda de algún modo encajar, y las audiencias de negocios ganen. En el proceso, ignoran la relevante pregunta genuina: ¿El modelo económico, las reglas del juego puestas en marcha hace medio milenio por los reyes con ejércitos, pueden continuar para refrenar la actividad del mercado real de gente capacitada por las computadoras?

La gente está empezando a crear e intercambiar valores otra vez, y están empezando a darse cuenta de que el mercado que habían dado por sentado no es una condición de la naturaleza. Esta es la amenaza – ninguna cantidad de re-contextualizaciones teóricas va a cambiar esto – o a evitarlo con éxito.

Haciendo mercado: De la abundancia a la escasez artificial

La economía en la que operamos no es un sistema natural, si no un conjunto de normas desarrolladas a finales de la edad media para evitar el aumento incontrolado de una clase comerciante que estaba creando el intercambio de valores con impunidad. Esto era lo que hoy podríamos llamar economía de igual a igual, y no dependía de empleados centrales e incluso de moneda central.

La gente traía grano del campo, lo pesaba en un almacén de grano, y se iba con un recibo – generalmente grabado en un trozo de papel de aluminio. La lámina podía romperse en trozos más pequeños y utilizarse como moneda en la ciudad. Cada pieza representaba una determinada cantidad de grano. El dinero era ganado casi en existencia, literalmente – y la cantidad total en circulación reflejaba la abundancia de la cosecha.

Ahora lo interesante sobre este dinero es que perdía valor con el tiempo. El almacenamiento del grano tenía que ser pagado, parte del grano se perdía con las ratas y el deterioro. Cada año, el almacén de grano volvía a emitir el dinero de todo grano que no había sido reclamado. Esto significaba que el dinero estaba orientado hacia las transacciones – hacia la circulación, en lugar de guardarlo. La gente quería gastarlo. Y mientras más dinero circulaba (llegando a ciento punto), mejor y más abundante era la economía. El mantenimiento preventivo de maquinaria, la investigación y el desarrollo de nuevos molinos de viento y ruedas de agua, eran la prioridad.

Muchas ciudades llegaron a ser tan prosperas que invirtieron en proyectos a largo plazo como las catedrales. La “era de las catedrales”, de este periodo de pre-renacimiento no fue financiado por el Vaticano, si no por la ascendente actividad de las vibrantes economías locales. La semana de trabajo era más corta, la gente evolucionaba, y la expectativa de vida aumentaba. (Fue el último periodo de la edad media, ¿era perfecto? No – no de ningún modo. No estoy haciendo una llamada de retorno a la edad media. Sin embargo, una evaluación honesta de los mecanismos económicos que habían antes que el nuestro, sería necesario si algún DIA queremos hacer frente a los sesgos del sistema, que actualmente estamos confundiendo por el modo en el que siempre ha sido y siempre debe ser.)

Los señores feudales, los primeros reyes, y la aristocracia no participaban en esta creación de riqueza. Sus familias no habían creado valores durante siglos, y necesitaban un mecanismo a través del cual pudieran mantener su propia estatura frente a una clase media en ascenso. Las dos ideas que se les ocurrieron, todavía permanecen con nosotros hoy en día esencialmente en la misma forma, y se han incrustado tanto en el comercio que se confunden con las leyes preexistentes de la actividad económica.

La primera innovación fue centralizar la moneda. ¿Qué mejor modo para que los que ya fueran ricos mantengan su riqueza que crear dinero escaso? Los monarcas creaban abundantes monedas forzosamente, locales e ilegales, y requerían a personas para intercambiar el valor a través de escasas monedas centrales artificiales, en su lugar. No solo fue expedido el dinero libre de impuestos de manera centralizada, si no que dio a los bancos centrales una manera fácil de extraer el valor a través de la degradación (eliminando el contenido de oro). Sin embargo, la tendencia hacia la escases de la moneda, estaba suspendida. Aquellos con acceso al tesoro podían acumular riquezas por préstamos o inversiones pasivas en la creación de valor para otros. La prosperidad en la periferia disminuyo rápidamente en cuanto el valor se estableció hacia el centro. Al cabo de unas pocas décadas del establecimiento de la moneda central en Francia, llego la pobreza, y termino con el fin de la subsistencia de la agricultura y con la plaga. (La economía que ahora celebramos como el feliz resultado de estas innovaciones del renacimiento, solo entro en vigor después de que Europa perdiera la mitad de su población.)

Como se practica actualmente, la emisión de la moneda – una utilidad pública, realmente – sigue controlada en forma muy similar por los bancos centrales. Ellos emiten la moneda en forma de préstamo a un banco, que a su vez lo presta a un negocio. Cada prestamista debe pagar más de lo que ha adquirido, necesitando competencia – y mas prestamos. Una economía con una moneda central estricta y forzosa, debe ampliarse por la tasa de la deuda; ya no está gobernada principalmente por las leyes de la oferta y la demanda, si no por la estructura de la deuda de los prestamistas y los prestatarios. Aquellos que no pueden crecer orgánicamente deben adquirir un negocio para crecer artificialmente. A pesar de que casi el 80% de las fusiones y adquisiciones no consiguen crear valor para cualquiera de las partes, las reglas de una economía basada en la deuda – y los accionistas que se desarrollaron en su favor – insisten en el crecimiento a expensas de un valor a largo plazo.

La segunda gran innovación fue el monopolio de los alquileres, a través del cual los reyes podían conceder el control exclusivo de un sector o región a una empresa a cambio de una inversión en la empresa. Esto dio lugar a los mercados de monopolio, como el derecho exclusivo de la British East India Trading Company para el comercio en las colonias americanas. A los colonos que cultivaban algodón no se les permitió vender a otras personas, o aún peor, fabricar ropa. Estas actividades habrían generado un valor de abajo hacia arriba, de una manera que no podría haber sido extraída por una autoridad central. En cambio, los colonos estaban obligados a vender el algodón a las compañías, a precios fijados, que lo vendían de vuelta a Inglaterra donde se fabricaba ropa por otro monopolio alquilado, y luego enviado de vuelta a los Estados Unidos para su venta a los colonos. Esto no era más eficiente, simplemente mas extractivo.

La economía resultante alentaba – y muchas veces forzaba – a la gente a aceptar trabajos de corporaciones alquiladas en lugar de crear valor por sí mismos.

Cuando los nativos de la India comenzaron a hacer cuerda para venderla a los neerlandeses orientales de la India Trading Company, la empresa solicito y obtuvo leyes contra la fabricación de cuerda en la India a excepción de la empresa. Los ex-cordeleros tuvieron que cerrar sus talleres, y trabajar por salarios más bajos como empleados de la empresa.

Terminamos con una economía basada en la escasez y en la competencia, en lugar de una basada en la abundancia y la colaboración; una economía que requiere crecimiento y evita los modelos de negocio sostenible. Esto puede o no reflejar mejor las leyes de la naturaleza – y que esta es una conversación que realmente deberíamos tener – pero ciertamente no es el resultado de un conjunto de principios totalmente naturales en acción. Este es un sistema diseñado por ciertas personas en ciertos momentos de la historia, con intereses muy específicos.

Como los artistas del renacimiento, quienes eran requeridos para encontrar patrones que apoyaran su trabajo, muchos científicos, matemáticos, teóricos, y tecnólogos de hoy deben encontrar apoyo en los sectores públicos y privados para llevar a cabo su trabajo. Este apoyo no se gana llamando la atención de la mesa del monopolio, que muchos de nosotros confundimos con la economía real. Este es ganado mediante la aplicación de puntos de vista a las técnicas a través de las cuales sus patrones pueden jugar mejor el juego.

Esto ha sesgado sus observaciones y sus conclusiones. Igual que John Nash, que llevo a cabo experimentos de la teoría del juego para RAND en 1950, estos consultores de negocios ven competición e interés propio donde no lo hay, y rechazan cualquier evidencia de lo contrario. Aunque más tarde se retracto de sus conclusiones, Nash y sus colegas no podían creer que sus subordinados eligieran un curso de acción de colaboración cuando se les presentaba el “dilema del prisionero” y simplemente ignoraron sus resultados iniciales.

Del mismo modo, los partidarios del liberalismo digital explotan cualquier evidencia que puedan encontrar en los principios evolutivos que reflejen la competitividad fundamental de los seres humanos y otras formas de vida, mientras ignoran la evidencia mucho mas rigurosamente recogida de la cooperación como la principal habilidad humana. Más tarde, el arqueólogo Glynn Isaac, por su parte, demostró como compartir la comida, distribuir el trabajo, las redes de trabajo social y otras actividades colaborativas, son lo que dieron a nuestros antepasados evolucionarios la capacidad de sobrevivir. La investigación del biólogo de Harvard Ian Gilby sobre la caza de los murciélagos y los chimpancés demuestra formas avanzadas de cooperación, acción colectiva, y distribución de la carne desproporcionada en comparación con los riesgos que suponen matarlo.

En cambio, es más popular centrarse en la egoísta batalla por la supervivencia del más apto. Tanto si tiene la intención como si no de que su trabajo sea utilizado de esta manera, los argumentos de Steven Pinker hablan sobre la disminución de la violencia entre los seres humanos durante el tiempo que están empleados por otros, como prueba de la influencia pacifica del libre mercado en la civilización. Ray Kurzweil relega a toda la raza humana a un papel subordinado en la mucho más importante evolución de las maquinas – una actitud deshumanizante que encaja muy bien con un mercado industrial, en el que muchos seres humanos están siendo relegados al rol reactivo de consumidores.

En la visión de Chris Anderson sobre la llegada de la “Era Petabyte,” ningún científico humano será requerido. Esto es porque las estructuras que emergen de la multidimensionalidad de conjuntos de datos, serán auto-organizadas y auto-evidentes. Las propiedades emergentes de los sistemas naturales y los mercados artificiales son tratados de manera intercambiable. Igual que “la mano invisible” de Adam Smith, o la noción de “catalaxia” del economista austriaco Friedrich, los mercados están predestinados a alcanzar el equilibrio por su propia naturaleza. Simplemente como cualquier otro complejo sistema natural.

En resumen, estas teorías económicas están seleccionando ejemplos de la naturaleza para confirmar las propiedades de un mercado totalmente diseñado: actores egoístas, equilibrio inevitable de escasez de recursos y competición por la supervivencia.

Al hacerlo, confirman – o al menos, refuerzan – la falsa idea de que las leyes de un régimen artificial fiscalmente escaso es la herencia de una especie, en lugar de una construcción social forzada por la pólvora. Por lo menos, el lenguaje de la ciencia confiere una autoridad inmerecida en estos supuestos económicos ciegamente aceptados.

El efecto de la red

Lo peor de todo, cuando un medio potencialmente desestabilizador y descentralizado como Internet llega, es este poco entusiasta estilo de investigación, que sigue la historia solo hasta que un medio para detener su desarrollo es descubierto y nuevas estrategias pueden ser ofrecidas.

La filosofía de código abierto, a través de la cual cualquiera que entienda el código puede rediseñar efectivamente un programa a su propio gusto, es denominada por Jeff Howe como “multitud de abastecimiento” a través del cual las corporaciones pueden una vez más aprovechar el enorme potencial de las personas reales que actúan en el concierto de forma gratuita. Los medios de comunicación virales son reinventados por Malcolm Gladwell como un “contagio social,” o por Tim Draper como un “marketing viral” – técnicas a través de las cuales el marketing de masas puede de nuevo definir las elecciones humanas como una serie de decisiones de consumidores.

El sesgo de la descentralización de los nuevos medios es aceptado e interpolado solo hasta que la guardia intelectual del mercado puede pensar en una contramedida nueva para sus usuarios, a emplear en nombre de la preservación del negocio como de costumbre.

Mientras tanto, las mismas corporaciones de reflexión libertarias utilizan las teorías de la evolución de Richard Dawkins para justificar falsamente la lógica caótica del capitalismo, a través de sus libros blancos también aconsejan a los políticos como explotar las creencias de los fundamentalistas cristianos creacionistas, a fin de obtener apoyo para su autosuficiencia como un estado de gracia personal, y para impulsar la sospecha de un estado de bienestar. Esto es, en el mejor de los casos, cínico.

No se necesita ser un genio o un científico para entender como las reglas del juego de la economía, como se juegan actualmente, no reflejan de ningún modo los valores humanos ni las leyes físicas. El mercado no puede expandirse infinitamente como los corrimientos al rojo en el Universo de Hubble. ¿Cuántas otras especies intentan acumular suficiente grasa durante sus años productivos simplemente para poder retirarse con sus recursos atesorados? ¿Cómo puede una métrica como la PNB reflejar fielmente la salud real de la economía, cuando los derrames tóxicos y las enfermedades epidémicas cuentan tanto actualmente como las barreras a corto plazo?

Internet puede ser muy parecido a un rizoma, pero todavía esta energetizado por una moneda que es cualquier cosa, menos un jugador neutral. La mayoría de los entusiastas de negocios de Internet aplauden los esfuerzos de Google por construir sistemas abiertos, del mismo modo que sus predecesores aplaudieron el regalo del banco mundial de mercados abiertos para el desarrollo de naciones alrededor del mundo – totalmente conscientes (o sin querer ver) de que estamos, exactamente, partiendo nuestro mundo.

La red (tanto si hablamos de Web 2.0, Wikipedia, redes sociales o portátiles) ofrecen a la gente la oportunidad de construir economías basadas en diferentes reglas – el comercio que existe fuera del mapa económico lo hemos confundido con el territorio de la interacción humana.

Podemos iniciar e incluso escalar empresas con poco o sin mucho dinero, tomando de los bancos e invirtiendo capital donde las empresas una vez tuvieron dependencia obsoleta. Esta es la verdadera razón de la llamada crisis: hay menos de un mercado para la deuda en la que la parte superior del juego está basada. Podemos desarrollar una moneda local y complementaria, redes de trueque, y otros sistemas de intercambio independientemente del banco central, y llevar a cabo transacciones seguras con nuestros móviles.

Haciendo esto, nos volvemos capaces de imaginar un mercado basado en algo más que la escasez – un requisito indispensable si se va a encontrar un modo de emplear el abundante suministro de energía. No es que no tengamos los medios tecnológicos para las fuentes de energía renovables; es que no tenemos el concepto de mercado capaz de lidiar con la abundancia. Como Buckminster Fuller nos recordaría: estos no son problemas de la naturaleza, son problemas de diseño.

Si la ciencia puede encargarse de Dios, no debería temerle al mercado. Después de todo, ambos son creaciones del hombre.

Debemos parar de perpetuar la ficción de que la existencia por sí misma está dictada por las leyes inmutables de la economía. Estas llamadas leyes son, en la actualidad, los mecanismos económicos de los monarcas del siglo XIII. Algunos de nosotros analizando la cultura digital y su impacto en los negocios, debemos revelar a la economía como la construcción artificial que realmente es. Aunque pueda estar sujeta al método científico y control matemático, no es una ciencia natural; es una teoría del juego, con un conjunto de suposiciones subyacentes que tienen poco que ver con algo que se parezca a la genética, la neurología, la evolución o los sistemas naturales.

La tradición científica expuso el hecho astronómico impopular de que la tierra no era el centro del Universo. Esta postura desafía el orden social, y sus defensores se encontraron con menos que una recepción de bienvenida. Hoy, la ciencia tiene una oportunidad similar: exponer las falacias que subyacen en nuestro modelo económico en lugar de producir estrategias a corto plazo para mitigar los efectos de las invenciones y descubrimientos que amenazan a esta alucinación del mercado heredadas.

El modelo económico se ha roto, para siempre. Ya es hora de parar de pretender que este describa nuestro mundo.

http://senalesdelostiempos.blogspot.com/2009/11/retrospectiva-la-economia-no-es-una.html

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