El caso Hoess en el proceso de Nuremberg.


Extracto de  “No culpable” en el proceso de Nuremberg. Los argumentos de la defensa.
Autor: Carlos Porter

Rudolf Hoess fue el comandante de Auschwitz, cuyas supuestas “confesiones”
habrían “probado” que Hitler habría gaseado a seis millones de judíos (o cinco
millones, la cifra normalmente citada en el proceso de Nuremberg). Su “confesión”
mejor conocida es aquella citada por William L. Shirer en las páginas 968-969 de The
Rise and Fall of the Third Reich.

Este documento, Documento 3868-PS, debe ser estudiado en su contexto. La
“declaración” escrita ex-parte (eso es, solo uno de los interesados está presente) fue
uno de los principales instrumentos de la parte acusadora en los procesos medievales
por brujería. Este método desapareció durante varios siglos para reaparecer en los
procesos-espectáculo comunistas por crímenes de guerra.

Estos documentos constituyen una infracción de numerosas reglas de proceso penal
normalizado, por ejemplo, la regla contra el uso de cuestiones sugestivas; la regla
contra la presentación de declaraciones anteriores concordantes (esto es, la
fabricación de pruebas por multiplicación, diciendo la misma cosa 10 veces;
normalmente tales declaraciones solo se presentan cuando contradicen declaraciones
hechas más tarde); el derecho del acusado de confrontar a su acusador y de contrainterrogarlo,
así como el privilegio contra la auto-acusación. Las “pruebas”
presentadas en los procesos de crímenes de guerra ni siquiera serían admisibles hoy
delante de un consejo de guerra. Aún en 1946, la presentación por la fiscalía de
declaraciones escritas delante de tribunales militares en casos capitales fue prohibido
por el artículo 25 de los US Articles of War (artículos de guerra norteamericanos). El
artículo 38 exigía el uso de las reglas normalizadas de evidencia federal (Federal
Rules of Evidence).

En el proceso de Nuremberg, no existió jamás la más mínima pretensión de que Hoess
hubiera escrito este documento personalmente. De ser así, el documento diría, no
“Comprendo el inglés como ha estado escrito encima”, sino “He escrito este
documento yo mismo”. En los procesos de crímenes de guerra de menor importancia
(Hadamar, Natzweiler), es corriente hallar “confesiones” escritas enteramente en la
escritura del interrogador, en inglés, con una declaración al final en la escritura del
prisionero, en alemán, que afirma que las declaraciones han sido hechas por él, y que
se declara satisfecho con la traducción al inglés!

Otra fórmula se halla en la página 57 del volumen Hadamar de War Crimes Trials,
escrito por el acusador Sir David Maxwell-Fyfe: “I certify that the above has been
read to me in German, my native tongue (Certifico que el precedente se me ha leido
en alemán, mi lengua madre)” (en inglés).

La pretensión era que el prisionero habría sido interrogado bajo la forma de preguntas
y respuestas; las preguntas habrían sido suprimidas después, y las respuestas
reagrupadas bajo la forma de una declaración, normalmente por otra persona que el
interrogador quien había hecho las preguntas.

En el proceso Belsen, por ejemplo, todas las declaraciones fueron escritas por un solo
oficial, Major Smallwood. En este proceso, una especie de proceso Auschwitz-Belsen
fusionados, los abogados por la defensa, británicos y polacos no comunistas
designados por el Tribunal, demolieron totalmente el caso de la fiscalía – incluso las
“selecciones para los gaseamientos en masa” – pero sus argumentos fueron
rechazados bajo el pretexto de que las declaraciones involuntarias y las evidencias de
oídas serían admisibles “no para condenar a los inocentes, sino para condenar a los
culpables” (Law Reports of Trials of War Criminals, Vol. II (este pequeño volumen
debe leerse en su integridad).

Después de la preparación de la declaración por el oficial que no hacía nada mas que
escribir “declaraciones”, fue presentada al prisionero para su firma. Si rehusaba
firmar, la declaración se presentaba al tribunal como prueba de todas formas; en la
jerga de los procesos de crímenes de guerra, toda objección se aplicaba contra el
“peso” del documento, y no contra su “admisibilidad”.

Un ejemplo de una declaración no firmada por Hoess es el Documento NO-4498-B.
La letra B quiere decir que el documento es una “copia”, con firma hecha con
máquina de escribir, de un documento original, Documento NO-4498-A, escrito en
polaco, que se pretende que fue firmada por Hoess. Está tambien el Documento NO-
4498-C, en inglés. Las declaraciones A y C no son anexadas a la declaración B, la
pretendida “copia conformada”.

El Documento 3868-PS, citado por Shirer, fue firmado en inglés, 3 veces, pero nunca
en la “traducción” al alemán, fechada 3 dias más tarde. El documento contiene una
modificación insignificante firmada por Hoess con una inicial, una “h” minúscula, y
una frase entera en la escritura del interrogador (compárense las “W” mayúsculas), no
firmada por Hoess. La inicial, es evidente, está allí para “probar” que Hoess ha “leído
y corregido” el documento. El contenido de la frase está refutado en otra parte (XXI
529).

Cuando la declaración era presentada al prisionero, muy a menudo era extensivamente
corregida, lo que resultaba en 2 o mas versiones del mismo documento. En estos
casos, las versiones más largas son “citadas”, mientras que las versiones más cortas
quedan “perdidas”. Un ejemplo de esta práctica es el Documento D-288, citado por
William L. Shirer en las páginas 948-949, la declaración de Wilhelm Jaeger (véase
Albert Speer).

Jaeger testificó haber firmado 3 o 4 copias del mismo documento, que ademas fue
mucho mas corto. La declaración más corta fue originalmente presentada contra el
viejo Krupp antes de que se abandonara la prosecución de Krupp. En esta, la más
larga, ¡la traducción al inglés está fechada antes que el documento “original”!. La
aparición de Jaeger ante el Tribunal supuso pues un desastre total, pero eso queda
olvidado (XV 264-283).

Si el signatario aparecía para testificar, contradecía invariablemente su declaración,
pero las contradicciones habrían de quedar olvidadas. Entre los signatarios de
declaraciones cuyas apariciones delante del Tribunal fueron catastróficas se hallan,
entre otros, el General Westhoff, quién contradijo su “declaración” no jurada 27 veces
(XI 155-189); y un “experto en guerra bacteriológica”, Schreiber (XXI 547-562). La
declaración de Paul Schmidt (Schmidt era el intérprete de Hitler), Documento 3308-
PS, se le presentó para su firma mientras estaba demasiado enfermo para leerla
correctamente, y fue parcialmente repudiada por él más tarde (X 222). Se utilizó esta
declaración contra Von Neurath de todas formas, a pesar de haber sido repudiada por
Schmidt (XVI 381; XVII 40-41). Ernst Sauckel firmó una declaración escrita antes de
su llegada a Nuremberg (XV 68); fue firmada bajo amenaza (de lo contrario su mujer
y 10 hijos hubieran sido entregados a los polacos o a los rusos).

Dado que los firmantes raramente escribían (si es que lo hicieron realmente alguna
vez) sus propias “declaraciones”, es común hallar frases o párrafos idénticos, o casi
idénticos, en diferentes documentos, aún cuando se pretende que han sido preparados
por diferentes personas en fechas diferentes, por ejemplo, Declaraciones 3 y 5 de
Blaskovitz y Halder (Pruebas 536-US y 537-US; Documentos URSS-471 y URSS
472 y 473; y Documentos URSS-264 y 272 (declaraciones acerca del jabón de grasa
humana).

Entre las declaraciones firmadas por Hoess se hallan, entre otras el Documento NO-
1210, en el cual se escribió primero el inglés, con extensivas interpolaciones,
adiciones, y correcciones e incluso 2 esbozos diferentes de las páginas 4 y 5, tras lo
cual fue traducido al alemán y fue firmado por Hoess. Es decir, el “documento
original” es la traducción, y la “traducción” es el documento original.

El Documento 749(b)D pretende haber sido “traducido oralmente” del inglés al
alemán por Hoess antes de ser firmado. La firma es debil hasta el punto de ser
ilegible, lo que podría posiblemente indicar enfermedad, cansancio, o maltrato. El
maltrato ha sido descrito por Rupert Butler en Legions of Death (Hamlyn
Paperbacks).

La “confesión” citada por Sir David Maxwell Fyfe el 1 abril 1946 (el día de los
tontos) en la cual Hoess “confesaba” haber asesinado a cuatro millones de judíos (X
389), en vez de los dos millones y medio “confesados” el 5 de abril de 1946, bien
pudo no haber existido nunca, o fue rapidamente “extraviada”.

No es verdad que el testimonio de Hoess en el proceso de Nuremberg haya consistido,
en su mayor parte, de una confirmación de las afirmaciones hechas en su
“declaración”; eso es verdad únicamente acerca del re-cuestionamiento de Hoess por
el Coronel John Amen del U.S. Army.

Al contrario, Hoess apareció para testificar, y, como de costumbre, contradiciendose a
sí mismo y a su declaración, lo mas posible (XI 396-422).

Por ejemplo, cuando la declaración afirma (XI 416) “sabíamos cuando las víctimas
estaban muertas porque dejaban de gritar” (una evidente imposibilidad toxicológica),
su testimonio oral (XI 401, en respuesta a las preguntas altamente sugestivas del
abogado para la “defensa” de Kaltenbrunner), omitía que las víctimas hubieran
quedado inconscientes, lo que no explica como, de hecho, se hubiera podido saber si
las víctimas habían muerto.

Aparentemente Hoess olvidó mencionar que el matar insectos con Zyklon B requería
2 días, un hecho que no dejó de mencionar en otra parte (Documento NO-036, p. 3,
texto alemán, respuesta a pregunta 25; véase también Kommandant in Auschwitz, p.
155). Con un veneno con tal acción retardada, las víctimas se habrían sofocado
primero.

Hoess habría alegado que la orden de matar a los judíos de Europa había sido
impartida oralmente (XI 398), mientras que las órdenes para guardar secreto en
cuanto a las matanzas habrían sido dadas por escrito repetidas veces (XI 400).
Testificó que unas víctimas habían sido quemadas en fosas profundas en Auschwitz
(un pantano notorio) (XI 420); que los dientes de oro eran fundidos sobre el terreno
(XI 417); que una evacuación de los prisioneros para evitar su captura por los rusos
habría conducida a fatalidades evitables (XI 407), y, casi, que no hubo ningún
programa de exterminio en absoluto! Vale la pena citar esto último:

“Hasta que estalló la guerra en 1939, la situación en los campos, en cuanto a la
comida, el alojamiento, y el trato a los prisioneros fue la misma que en cualquier otra
prisión o institución penitenciaria del Reich. Los prisioneros fueron tratados
severamente, si, pero no había la menor posibilidad de golpes o maltratos metódicos.
El Reichsfueher daba ordenes frecuentes de modo que todo hombre SS que tratase
con violencia a un prisionero sería castigado, y muchas veces hombres de las SS que
maltrataron prisioneros fueron realmente castigados. La comida y el albergue en
aquella epoca fueron colocados al mismo nivel en todos los respectos como para
cualquier otro prisionero bajo administración legal. El alojamiento en los campos en
este periodo era aún normal, porqué la afluencia en masa durante la guerra no era
todavía un hecho. Con el inicio de la guerra y el principio de las llegadas en masa de
presos políticos, y mas tarde, cuando los presos miembros de los movimientos de
resistencia llegaron de los territorios ocupados, la construcción de edificios y la
extensión de los campos ya no se podía mantener con los números de presos que
llegaban. Durante los primeros años de la guerra, se podía todavía hacer frente a este
problema con medidas improvisadas; pero mas tarde, debido a las exigencias de la
guerra, ya no fue posible, porqué ya no nos quedaba casi ningún material de
construcción (*).

“Todo eso condujo a una situación de escasez en la cual los presos en los campos ya
no tenían suficiente resistencia física contra las consecuentes plagas y epidemias (…)

“El objetivo no era el tener la mayor cantidad de muertos posible, o de aniquilar el
mayor número de presos posible. El Reichsführer tenía que ocuparse constantemente
con los problemas en el empleo de todas las fuerzas posibles en las industrias de
armamento (…)

“Estos supuestos maltratos y torturas en los campos de concentración, historias que
fueron divulgadas en todos sitios entre la gente, y particularmente por los presos
liberados por los ejércitos de ocupación, no fueron, como se supone, infligidos
metodicamente, sino por jefes, o jefes subordinados, y sus hombres, que arremetían
con violencia contra ellos (…)

“Si una historia de esta naturaleza llegaba a mi atención, el reo era naturalmente
retirado de su puesto o transferido a otra parte. De manera que, aunque no fuese
castigado porqué no había pruebas para mostrar su culpabilidad, era relevado y
trasladado a otra posición (…)

“La situación catastrófica al final de la guerra fue causada por el hecho que, como
resultado de la destrucción de los ferrocarriles y de los bombardeos constantes de las
fábricas industriales, ya no era posible ocuparse de estas masas como se debía, por
ejemplo, en Auschwitz, con sus 140.000 prisioneros. Medidas improvisadas,
columnas de camiones, y todo lo que fue probado por los comandantes para mejorar
la situación, eran inútiles, o casi inútiles. El número de enfermos crecía hasta el
infinito. No nos quedaba casi nada de medicamentos, se expandían las epidemias por
todas partes. Los presos capaces de trabajar fueron utilizados constantemente por
orden del Reichsfueher; hasta los semi-enfermos debían ser utilizados en todas partes,
todo lo posible para la industria. Como consecuencia, cualquier lugar en los campos
de concentración capaz de ser utilizado de alguna manera para el alojamiento, estaba
lleno de presos enfermos y moribundos (…)

“Al final de la guerra, aún existían 13 campos de concentración. Todos los otros
puntos marcados aqui en el mapa indican los así llamados campos de trabajo,
anexados a las fábricas de armamentos situadas allí (…)

“Si hubo maltratos de presos por parte de los guardias – personalmente no los he visto
nunca– entonces, era posible sólo hasta un cierto punto, porqué todos los oficiales
responsables de los campos tomaban medidas para asegurarse de que los hombres de
las SS tuvieran el menor contacto directo posible con los prisioneros, porqué
gradualmente con los años, el personal de guardia se había deteriorado hasta tal punto
que ya no se podían mantenerse las viejas normas (…)

“Teníamos miles de guardias que casi no hablaban alemán, que venían de todos los
paises del mundo como voluntarios y que se alistaban en estas unidades; o teniamos
hombres más viejos, entre 50 y 60 años, a quienes les faltaba todo interés en su
trabajo, de manera que un comandante debía preocuparse constantemente para
asegurarse de que cumpliesen hasta con las normas mas ínfimas de sus deberes.
Ademas, era obvio que había elementos entre ellos que maltratarían a los presos, pero
tales maltratos nunca fueron tolerados. Además, ya no era posible hacer que los
hombres de las SS dirigieran estas masas al trabajo y en los campos; de modo que se
debía delegar presos para dar instrucciones a otros presos y hacerlos trabajar, y ellos
tenían la administración del campo casi exclusivamente en sus manos. Es evidente
que hubo muchos maltratos que no se podían evitar, porqué por la noche no había casi
ningún miembro de las SS en los campos. No les era permitido a los hombres de las
SS entrar en los campos salvo en casos específicos, asi que los presos eran mas o
menos expuestos a sus superiores presos”.

Pregunta (del abogado de la defensa de de la SS, Dr. Blobel).

“Ya mencionó usted las regulaciones que existían en cuanto a los guardias, pero hubo
también un reglamento establecido por todos los campos. En este reglamento de los
campos, se establecían los castigos a los presos que hubieran cometido infracciones
contra las regulaciones de los campos. ¿De que castigos se trataba?”

Respuesta:

“Primero, traspaso a una “compañia penal” (Strafkompanie), esto es, trabajo más
duro, y restricciones en el albergue; después, detención en el block de celdas,
detención en una celda oscura; y en casos muy graves, el ser atado con cadenas o
esposas. El castigo con los grilletes (Anbinden) fue prohibido en el año 1942 o 1943,
ya no sé exactamente cuando, por el Reichsfuehrer. Después, estaba el castigo de
tener que cuadrarse durante largos períodos a la entrada del campo (Strafstehen), y
luego, castigos con golpes. No obstante, estos castigo por golpes no se podían decretar
por cualquier comandante independientemente. Debía ser solicitado.

– Testimonio oral de Rudolf Hoess, 15 abril 1946 (XI 403-411).

Hoess parece haber estado motivado por el deseo de salvar a su mujer y 2 hijos, y de
salvar a otros acusados por medio de un testimonio según el cual sólo 60 personas
habrían tenido conocimiento acerca de los exterminios en masa. Hoess parece haber
intentado salvar a Kaltenbrunner por medio de una implicación de Eichmann y Pohl,
que todavía no habían sido capturados. (Para un caso similar, véase la declaración de
Heisig en su tentativa de implicar a Raeder, XIII 460-461).

Hoess fue un “testigo de la defensa”, cuyo contra-interrogatorio por la fiscalía fue
interrumpido por la fiscalía misma (XI 418-419). Puede ser que tuvieran miedo de que
Hoess echase abajo todo el edificio de mentiras.

La famosa “autobiografía” de Hoess, `Kommandant in Auschwitz’, probablemente
establecida en forma de preguntas y respuestas durante interrogatorios a modo de una
gigantesca “declaración”, y luego escrita de cuerpo entero para ser copiada en la
escritura de Hoess, no es mucho mejor. En este libro, texto alemán, los fuegos de la
cremación habrían sido visibles a muchos kilómetros (p. 160-161), el hedor habría
sido perceptible a kilómetros de distancia (p. 159). Todo el mundo en la región habría
sido consciente de los exterminios (p. 159), las víctimas sabrían que habían de ser
gaseadas (p. 110, 111, 125), sin embargo aún era posible engañarlas (p. 123-124);
véase también el Documento 3868-PS), y sus familiares no sabrían nunca nada (p.
129-130). Hoess era un alcohólico crónico que “confesaba” estas enormidades
después de haber bebido (p. 95) o cuando se le torturaba (p. 145). No es cierto que,
según p. 126 de este libro, texto alemán, los cadaveres hubieran sido retirados de las
cámaras de gas por los Kapos mientras comían y fumaban, y/o no llevaban mascaras
de gas; el texto no dice eso (*).

La “traducción” polaca de este libro, publicada antes del “texto original” alemán,
parece concordar con el texto alemán, con excepción de nombres de lugares y fechas
que no aparecen.

Esto es, el polaco es muy probablemente el idioma original, habiendo sido insertados
después los detalles en la versión alemana.

Los textos integros y no expurgados de las “obras completas” de Rudolf Hoess (?),
(en polaco), son disponibles solicitando un préstamo internacional bibliotecario
(Wspomnienia Rudolfa Hoessa, Komendanta Obozu Oswiecimskiego).

http://www.vho.org/aaargh/espa/solavaya.html

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