Quienes admiten como dogma de fe la teoría del “feudalismo” imaginan también, sobre la marcha, un “modo de producción feudal”, y lo describen valiéndose de sus muy parciales y politizadas fantasías, sin tener en cuenta cuál era la realidad económica en la etapa del Antiguo Régimen. Para ello acuden a los manuales que describen las haciendas serviles (esclavistas) de los tiempos de Carlomagno en Centroeuropa, siglos VIII-IX, y sin más averiguaciones generalizan tales características a la economía inmediatamente anterior a la revolución liberal, dando un salto de un milenio. Los que así actúan son tan ignorantes y gandules que ni siquiera estudian al principal ideólogo de la edificación del capitalismo en España, Jovellanos. Su obra citada, fundamental en nuestra historia al inspirar la Carta de 1812, es desde luego deplorable en sus contenidos, pero tiene como mérito desautorizar la charlatanería sobre el “feudalismo”.

