El concepto de individuo en Biología.


Extracto del libro “captando genomas”
de Lynn Margulis y Dorion Sagan

Tal vez te sorprenda la sugerencia de que los organismos no son tan individuales como solemos creer. La idea de que en realidad somos montajes ambulantes, seres que han integrado diversas clases de organismos extraños, de que cada uno de nosotros es una especie de comité anárquico abre la puerta a demasiadas especulaciones retadoras. Por ejemplo, cuando el comité cae enfermo, ¿es un único animal el que ha enfermado, o esa enfermedad es más bien un desajuste entre los miembros que lo componen? Imaginemos que los microbios patógenos nos atacan pero, si resulta que estos patógenos forman parte de ese comité que nos hace ser lo que somos, ¿no será la salud una cuestión de relaciones ecológicas entre los miembros del comité, más que de resistencia a las invasiones procedentes del exterior? Sin duda que sí.

Como cualquier otro organismo, los seres humanos vivimos inmersos en comunidades ecológicas. Cuando como individuos, sentimos que nos estamos derrumbando, ello se debe probablemente a que, efectivamente, ese edificio compuesto de múltiples elementos que somos se está viniendo abajo. Cada persona, cada perro, cada árbol, se compone de numerosas partes vivas diferentes que pueden ser detectadas e identificadas. Las relaciones entre las partes vivas que nos componen son absolutamente cruciales para nuestra salud y, por consiguiente, para nuestra felicidad. El “individuo” absolutamente autocontenido constituye un mito que necesita ser reemplazado por una descripción más flexible. Sin embargo los simbiontes del ser humano son difíciles de estudiar, y bello por numerosas razones: complejidad debida a la disparidad de tamaños, incapacidad de llevar a cabo experimentaciones con la herencia humana, política y perjuicios sociales. Por todo ello, los líquenes nos proporcionan más facilidades para el estudio de los simbiontes. Si privamos de luz a ciertos líquenes, el miembro fotosintético o fotobionte (habitualmente una cianobacteria como la Nostoc o un alga verde como la Trebouxia) no puede vivir en la oscuridad. Entonces el hongo suele crecer sin parar, dirigiendo a su anterior socio. Si, por el contrario, sumergimos al liquen durante largo tiempo bajo el agua pero con luz, el hongo termina por ahogarse, mientras que el alga crece continuamente. Por consiguiente, los líquenes son organismos compuestos que requieren luz variada: no pueden sobrevivir en condiciones persistentes de todo-luz o nada-luz. Del mismo modo, tampoco pueden vivir en condiciones de sequedad o humedad absolutas, sino que precisan de un ciclo entre ambos extremos. Son estos ciclos, estas alternancias entre humedad y sequedad y entre luz y oscuridad, las que mantienen la composición viva, del liquen con apariencia de individuo. Para que la mayoría de los seres vivos puedan persistir y propagarse son necesarias determinadas ratios de cambios.

Es necesario que comencemos a pensar en los organismos en términos de comunidades, de colectivos. Las comunidades son entidades ecológicas.

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